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Viernes , 22.06.2018 / 14:14 Hoy

Beyoncé: Una superestrella que vende militancia musical

El más reciente sencillo de la artista fue objeto de críticas por considerarlo un ataque a Estados Unidos, pero también recibió elogios por considerarlo una crítica al racismo.


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Ludovic Hunter-Tilney

Un cambio está por llegar”, cantó Sam Cooke en 1964. Con raíces en la organización de la iglesia, el movimiento negro de derechos civiles en Estados Unidos, que adoptó la canción de Cooke como himno, se nutrió con las imágenes de la tierra prometida. Pero, ¿cómo la iban a alcanzar?

En su espectacular aparición en el domingo de Super Bowl, Beyoncé Knowles-Carter se alineó con la respuesta más radical que los afroamericanos hayan podido concebir. En un evento deportivo emblemático de EU ante una audiencia de más de 100 millones de personas, evocó la memoria de un movimiento separatista que defendía la resistencia armada ante lo que consideraba una sociedad crónicamente racista. Su homenaje a las Panteras Negras fue, por así decirlo, un momento.

La espectacular intervención de Beyoncé -con coreografía similar a la del director de musicales de Broadway de la década de 1930, Busby Berkeley, junto con Huey Newton, cofundador de las Panteras Negras- llega en un momento curioso de la política afroamericana. El primer presidente negro de EU está a punto de terminar su periodo, y a pesar de la aparición de celebridades afroamericanas súper ricas, como Beyoncé y su esposo Jay Z, magnate y rapero, el desempleo y la pobreza infantil entre la comunidad negra se mantiene alto y el sistema de justicia encarcela de manera desproporcionada a jóvenes afroamericanos.

El descontento se fusionó con una ola de tiroteos por parte de la policía, capturados en las cámaras, que atrajeron la atención mundial e inspiró la campaña Black Lives Matter (Las vidas negras importan), lo que unos perciben como la base de un nuevo movimiento de derechos civiles.

La nueva canción de Beyoncé, Formation, aprovecha la impaciencia, una celebración asertiva de ser negro que contrasta con los siglos de racismo.

A esto siguió la polémica. Rudy Giuliani, excandidato presidencial republicano, la acusó de montar un “ataque” a los oficiales de policía.

Beyoncé, de 34 años, creció en un barrio negro de clase media en Houston. Su padre vendía equipo médico y fue su manager hasta 2011. Su madre es propietaria de un exitoso salón de belleza. Empezó a actuar cuando era una niña, ganó concursos locales de canto. El grupo de chicas al que se unió en 1990, Destiny’s Child, tiene un nombre apropiado.

El empuje es su principal característica. Su postura clásica: las manos en las caderas, la cabeza hacia atrás, como si estuviera impaciente para que empiece la música. Después viene el pavoneo de pasarela, meneando la cadera y los tacones altos, una falange de bailarines que se forman detrás. Los movimientos se basan en la tradición de los concursos de baile de hip-hop, donde se reta a los espectadores: superen eso.

Apoderarse del Super Bowl es un juego de poder similar. También genera las críticas de que ella es radical chic, un término que inventó el escritor Tom Wolfe en 1970 para describir la fascinación de los bohemios de Nueva York con las Panteras Negras, con la que la etiquetan a ella y a Jay Z. A él lo criticaron por vender camisetas inspiradas en Occupy Wall Street en 2011 y a ella por acoger el feminismo mientras vende música sexualizada.

Su nueva canción viene con mercancía: una sudadera que dice I Twirl on Them Haters (Harta de los que odian) tuya por 60 dólares. Pero ganar dinero por llevar la atención hacia la miseria de la comunidad negra no es un problema para ella. De hecho, es la solución. “Tal vez eres una Bill Gates en proceso” canta en Formation.

A finales de la década de 1980, la política militante era común en el hip-hop. Los raperos como Public Enemy se basaron en el espíritu de confrontación de Malcolm X. Pero la militancia se agotó en la década de 1990. La furia negra se canalizó de manera rentable en la violencia entre negros del gangsta rap. Los políticos convencionales, por su parte, ofrecieron un mínimo de esperanza. El presidente Bill Clinton presidió el crecimiento del ingreso de los hogares negros. Pero el primer presidente negro no logró hacer lo mismo -se mantuvo aparentemente pasivo mientras la policía sigue matando a jóvenes negros- y terminó siendo una profunda desilusión.

Beyoncé estrenó Formationhace un par de semanas sin previo aviso: se siente como que una persona perdió la paciencia. ¿La resistencia pacífica es poco realista? ¿La violencia puede ser útil? ¿Es mejor el activismo que las urnas?

A pesar de su tributo a las Panteras, ella está del lado de los valores convencionales de EU. “Soñé con eso, trabajé duro, voy a trabajar ‘hasta que sea mía’”, canta. Para aquellos que creen en la ideología de la superación a través del trabajo duro, solo puede haber dos interpretaciones del continuo fracaso negro.

Uno es racista: las personas negras no son capaces de trabajar duro. El otro es racismo: a las personas negras las frenan los prejuicios arraigados. En el Super Bowl Beyoncé hizo un llamado a un país sobre sus propias creencias. No fue un acto radical, sino patriótico: un cambio tiene que llegar.


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