Los bancos centrales ven futuro en el dinero digital

Las instituciones se sienten atraídas por una divisa virtual rápida, eficiente, que elimina el costo del manejo de efectivo y, sobre todo, que puede ser rastreada a través del sistema financiero ...

Si no puedes vencerlos, únete a ellos… bien puede ser el mantra de los banqueros centrales. Después de observar que el bitcoin pasó de ser un experimento oscuro en el dinero digital a una divisa con un valor de mercado de casi 10 mil millones de dólares, ellos mismos experimentan ahora con monedas digitales en lugar de esperar ociosamente a que los arrastre la marea tecnológica.

Países en todo el mundo —Reino Unido, Rusia, Canadá, Australia, China y muchos más— analizan cómo pueden acuñar su propias monedas digitales y poner dinero en el blockchain. Este año se intensificaron los esfuerzos, y aunque la investigación está en una etapa inicial y todavía se tienen que resolver muchos rompecabezas, la mayoría está de acuerdo en una cosa: el mundo se mueve hacia el uso de las monedas digitales.

Dentro del Banco de Inglaterra, un equipo ya considera lo que significa una moneda digital emitida por el banco central. “La tecnología se mueve rápidamente”, dice Victoria Cleland, cajera en jefe. “Mucha gente cree que los bancos centrales tienen mucha aversión a los riesgos, pero nosotros nos preguntamos si hay oportunidades de que aprovechemos la innovación”.

Al evaluar los riesgos y los beneficios, el banco central sondea las opiniones de sus contrapartes en otros países, académicos y bancos comerciales para encontrar las respuestas a las grandes preguntas. Se necesita saber cómo convertir su efectivo digital afectaría la estabilidad económica y financiera, al igual que tienen que determinar si la tecnología es lo suficientemente robusta para hacer frente a los hackers y atender a 65 millones de personas en Reino Unido. “Esto no es algo de lo que podamos almacenar en el banco central, porque si lo hiciéramos, sería algo totalmente transformador”, dice Cleland.

Los banqueros centrales comenzaron su tarea al investigar bitcoin, la moneda digital que lanzó en línea un informático desconocido en 2009.

Sus avances fueron que no estaba asegurada por ningún organismo central general, sino por la criptografía. Su sistema operativo es un blockchain, y cada transacción se convierte en un bloque que se vincula por computadoras a la cadena para formar un registro permanente de cada transacción (una red blockchain) que es visible para todos.

A los banqueros les atrae la idea de una moneda digital, rápida y eficiente que no conlleve un costo de manejo de efectivo, y a la que se le pueda dar seguimiento a medida que se mueve a través del sistema financiero. Estas ventajas prometen beneficios en la reducción de riesgos, fraudes y ejecución de política monetaria. El interés de los bancos centrales de desplegar un blockchain para hacer esto viene en sintonía con los movimientos de los bancos comerciales y otras instituciones financieras para usar la tecnología para facilitar la liquidación de transacciones transfronterizas y transformar una anticuada infraestructura administrativa.

Sin embargo, algo que les resulta menos atractivo es la idea de dinero digital que no pueden controlar y se puede utilizar de forma anónima, la consecuencia de otro aspecto de la innovación de bitcoin: su red descentralizada, peer to peer. Cualquier moneda del banco central que surja tendrá que encontrar un modelo diferente.

Hay una tensión sin resolver entre los libertarios de blockchain que apoyan las redes de código abierto y descentralizadas, y los que buscan bases de datos cerradas y controlables.

“Lo que es emocionante es la capacidad que tiene la criptomoneda de tener un verdadero efectivo peer to peer y transferencia de activos. Ese es el verdadero avance”, dice Jerry Brito, director ejecutivo de Coin Center, una organización de investigación sin fines de lucro que se enfoca en las emisiones de políticas públicas en torno a las tecnologías de la criptomoneda.

En el Banco de Inglaterra se discuten opciones radicales. Un escenario incluso implica que se use el blockchain para pasar por alto los bancos comerciales, que las personas tengan cuentas directamente con el banco central, lo que reduce el papel de los bancos comerciales como intermediarios en la circulación de moneda. Una fuente cercana dice que los bancos comerciales presionan contra ese modelo.

Pero los días en que los banqueros se preocupaban de que el bitcoin pudiera ser una amenaza para la moneda nacional se desvanecen.

“No vemos que las monedas privadas tengan una ventaja sobre las fiduciarias (las que respaldan los bancos centrales)”, dice Don He, quien dirigió la investigación del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre las monedas digitales.

Un problema más grande es la regulación. Es un reto que requerirá de la cooperación transfronteriza. Las autoridades monetarias se deben reunir, dice He, para empezar a pensar acerca de la regulación necesaria sobre la moneda digital que va a fluir en todo el mundo. Dice que el FMI debe ofrecer una plataforma para que se realicen las discusiones.

Es difícil estimar cuándo ocurrirá el movimiento hacia las monedas digitales, dice, pero puede suceder en los próximos cinco o diez años. Para él, es una cuestión de moverse con los tiempos. Cuando gran parte del sistema financiero utilice blockchain para una transacción financiera, también lo harán los bancos centrales.

Claro, la moneda ya se almacena y procesa electrónicamente, pero la tecnología blockchain puede ofrecer un sistema operativo más sofisticado y la posibilidad de dinero inteligente.

Charles Hoskinson, jefe de IOH, una compañía que produce criptomonedas, dice que la posibilidad de “programar” efectivo que se tiene en cuentas beneficiará a la gente común, a las empresas y a los gobiernos. “Puedes poner todo tipo de términos y condiciones avanzadas en una cuenta digital de dinero: dónde, cuándo y quién lo gasta, y qué cantidad puedo gastar. Eso puede ocurrir con una cuenta bancaria en un libro de contabilidad digital”.

Las monedas digitales con el tiempo también van a beneficiar al mundo en desarrollo, dice Tilman Ehrbeck, socio de la firma de inversión filantrópica Omidyar Network, que creó el fundador de eBay, Pierre Omidyar.

Ehrbeck argumenta que debido a que son de bajo costo y fáciles de utilizar en los dispositivos electrónicos, las monedas digitales le permitirán un mayor acceso a los servicios financieros a miles de millones de personas que no están en el sistema bancario. Pero por ahora, la investigación se concentra más dentro del sector financiero.

“Es inevitable que al final exista una moneda digital de gobierno”, dice Kenneth Rogoff, profesor de Harvard que estudia el concepto de una sociedad “con menos efectivo”. Él cree que el efectivo nunca va a desaparecer, y que siempre habrá un papel para los billetes pequeños.

“Con el tiempo, habrá monedas digitales de gobierno a las que la gente común tendrá acceso a un costo muy bajo”.

Pero advierte: “Una moneda digital de gobierno puede tardar muchas décadas, y hay todo tipo de cuestiones de seguridad y de regulación que se tienen que explorar. Dicho esto, muchos bancos centrales ya piensan en eso”.

Banco de Suecia debate su implementación

El Riksbank de Suecia debate si se convertirá en el primer banco central que emita moneda digital como respuesta al creciente alejamiento que hay en el país escandinavo al dinero en efectivo.

El banco central más antiguo del mundo —el primero en emitir billetes de papel en 1660— lanza un proyecto para analizar cómo se vería una moneda digital respaldada por un banco central y qué retos plantea. Espera tomar una decisión acerca de si debe comenzar la emisión de lo que llama un ekrona en los próximos dos años.

“Esto es tan revolucionario como el billete en papel hace 300 años”, dijo Cecilia Skingsley, vicegobernadora del Riksbank, a Financial Times.

La cantidad de billetes y monedas en circulación cayó 40 por ciento desde 2009 y obliga a esta medida al Riksbank. El Riksbank, al igual que otros bancos centrales, ya ofrece dinero electrónico a través de cuentas a bancos y organizaciones de compensación. Pero ofrece dinero del banco central a las personas solamente a través de billetes y monedas.

Por ahora, Skingsley asegura que el Riksbank considera que la moneda digital es algo complementario para los billetes y las monedas, no un sustituto.

Hay preguntas importantes que el banco central sueco tiene que responder acerca de cómo va a funcionar la moneda digital. ¿Las personas tendrán una cuenta en el Riksbank? ¿Las transacciones serán rastreables, a diferencia del efectivo? ¿El dinero electrónico generará intereses?

Skingsley dijo que el Estado no tiene interés en ayudar a las actividades ilegales, lo que sugiere alguna forma de hacerla rastreable. Además, la posibilidad de transferir el dinero a un sistema electrónico aumentaría la inestabilidad.

(Richard Milne)