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Martes , 16.10.2018 / 19:17 Hoy

Avance tecnológico pone contra las cuerdas al crudo

El grupo optimista prevé el regreso del barril a 80 dólares; el pesimista dice que está implícito un precio menor a 50 dólares en 2020.

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Es probable que el mercado petrolero permanezca muy volátil en el corto plazo, por el estira y afloja entre una serie de grandes fuerzas opuestas. Un panorama muy incierto que polariza drásticamente a los participantes del mercado y las expectativas de precio del petróleo crudo en 2020 —un periodo clave para las valoraciones y decisiones de inversión— y que probablemente produzca grandes ganadores y perdedores en los mercados mundiales de energía.

El grupo que tiene una perspectiva alcista, donde se encuentra la OPEP y la AIE, recientemente reforzó su objetivo de 80 dólares por barril para 2020 con base principalmente en la “lucha por la oferta” (la competencia entre los países productores de petróleo y las tecnologías), y argumenta que los bajos precios tendrán como resultado que se aplacen o se cancelen las inversiones, lo que tendrá como resultado una pérdida permanente en la capacidad de producción, que en combinación con su perspectiva optimista para la demanda del petróleo, le permitirá al cártel recuperar el control y mantener los precios altos.

El grupo con una perspectiva descendente cree que en una situación “más baja durante más tiempo”, inferior al precio spot actual, y mucho más abajo de 50 dólares por barril al día de hoy, está implícita para los futuros a 2020. El punto de vista pesimista reconoce la “lucha por la oferta”, no solo para el petróleo crudo, sino también para el gas natural, así como la “batalla por la demanda” (la competencia entre los combustibles) donde los productos refinados de petróleo (como la gasolina, el diésel o el gas avión) compiten por una participación en el mercado de la demanda de transporte con las fuentes y tecnologías alternativas de energía (como el gas natural, las energías renovables, la electricidad o las baterías); un cambio drástico que puede erosionar el poder oligopólico del cártel.

La resistencia en la lucha por el suministro sorprende a la mayoría. Inicialmente descartada como un “blofeo”, muchos alcistas destacados ahora están de acuerdo en que el fracking y el esquisto cambiaron el juego. “Con un precio de 60 dólares por barril, gran parte de la producción de petróleo de esquisto de EU puede regresar en seis meses”, declaró recientemente Abdalla El-Badri, secretario general de la OPEP.

Una nueva realidad donde el shale cap (el tope del esquisto) sustituyó a la complacencia histórica del “piso de la OPEP”, pero el bull trap (cuando las señales muestran que la tendencia a la baja empieza a recuperarse pero que en realidad puede seguir bajando), que ofreció una falsa sensación de protección para tantos durante tanto tiempo hasta el 29 de noviembre de 2014, cuando Arabia Saudita decidió “dejar que las fuerzas del mercado determinaran el precio”.

El final del oligopolio de la OPEP, el colapso de los precios del petróleo crudo, la caída del gas natural, el colapso de los precios del gas natural licuado (GNL), el surgimiento del The Energy Broadband (una red global de tierra y “ductos flotantes” en forma de infraestructura del GNL), o el fin del monopolio del petróleo crudo en la demanda del transporte, se encuentran entre muchos de los conceptos y conclusiones contradictorias que Daniel Lacalle y yo propusimos hace casi dos años en nuestro libro The Energy World is Flat (El mundo de la energía es plano).

Delineamos un marco global de fuerzas de aplanamiento que transformarán al mundo de la energía mediante dos dinámicas principales: 1) el aplanamiento de todas las energías (convergencia entre energías) donde los principales perdedores serán el carbón y el petróleo crudo, y 2) aplanamiento entre las regiones (convergencia dentro de la energía) donde el mayor perdedor es el GNL.

La lucha por la demanda es vital para el marco de un mundo de energía desinflada y entre las tantas implicaciones argumenta que el dominio de la OPEP no solo se trata de un oligopolio de suministro de petróleo, sino de algo más importante, un monopolio sobre la demanda de transporte que, en combinación con el exceso de capacidad estructural en la refinación, le permitió a la OPEP captar grandes dividendos económicos tanto de los consumidores como de las refinerías durante décadas.

Ese es un error común —enfocarse en el suministro y dar por hecho la demanda del petróleo y la participación del mercado del petróleo en la demanda de transporte, e ignorar la amenaza de que lo desplacen o lo sustituyan— puede ser algo peligroso.

Debido a que “sin demanda, el petróleo crudo carece de valor, sin importar el costo marginal”, y debido al fuerte contraste entre los partidarios del Peak Oil Theory (la teoría del pico del petróleo), argumentamos que “el último barril de petróleo no tendrá un valor de millones de dólares, va a valer nada”, una visión que se alimenta por la demanda del mundo y un panegírico para mis compañeros ingenieros y el implacable poder de la tecnología, la aplanadora más poderosa del mundo.

Ya que los consumidores no necesitan petróleo per se: necesitan el transporte. Y si lo encuentran más barato, más limpio y más confiable para satisfacer sus necesidades de transporte, van a cambiar.

Vean por ejemplo el notable éxito de Tesla y sus esfuerzos por pasar los límites de los coches eléctricos y las baterías. O el superciclo del suministro de gas natural y GNL, el “Energy Broadband” —por primera vez en la historia— suministra al mundo gas natural, abundante, confiable y barato, posiblemente por debajo de 20 dólares por barril equivalente de petróleo para el corto plazo, lo que va a mantener que se desplace la dependencia del transporte en el crudo y mantenga los precios del petróleo a raya.

O el implacable poder de aplanadora de las energías renovables, a pesar de que la energía solar desplaza la demanda del petróleo crudo para la electricidad en el Medio Oriente.

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Diego Parrilla es coautor del libro “The Energy World is Flat”.



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