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Martes , 25.09.2018 / 18:29 Hoy

Autos, como mascotas

Los carros se han vuelto tan prácticos que los niños de hoy los ven más como un perrito para jugar que como un medio de transporte.

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Visité a algunos amigos con hijos pequeños (dos, cuatro y seis años) y que conducen el juguete nacional más políticamente correcto del siglo XXI: un Tesla de gama alta.

Mientras nos preparábamos para ir a la playa, mis amigos desconectaron el coche de su estación de carga eléctrica, y así tomamos camino. “¿Deberíamos verlo bailar?”, preguntaron. ¡Sí!, gritaron los niños, mientras yo los observaba con desconcierto.

Sus padres apretaron un botón en el tablero digital dentro del coche y salieron, dejando el vehículo vacío para “bailar”: la música comenzó y las puertas se abrieron y cerraron, los faros delanteros se encendieron y los espejos laterales “se movieron” como orejas, todo a ritmo.

El coche en realidad no saltó, pero eso tal vez solo es cuestión de tiempo. Este automóvil en particular (un Tesla X) ya cuenta con un dispositivo que detecta si hay escombros en el camino. Si hay, levanta el coche sobre su eje.

En broma dije, “es un poco aterrador”. “¡No! ¡Lo que realmente es aterrador es que mis hijos piensan que esto es normal!”, comentó mi amigo, señalando sus caras felices. De hecho, estos niños ahora están tan acostumbrados a tener un coche con un cerebro digital ultrainteligente que cuando regresamos de la playa esa noche, le dieron palmaditas al auto y dijeron “buenas noches”, de una manera espontánea. Para ellos parece menos como un trozo de metal y más como una divertida mascota de la familia.

En estos días, todo el mundo se volvió consciente de que nuestro futuro tendrá coches autónomos. Silicon Valley y las empresas del sector automotriz como Google y General Motors en conjunto gastaron miles de millones de dólares en el desarrollo de la tecnología y ahora lanzan campañas de publicidad para “educarnos” sobre sus méritos. Por ejemplo, un video de Intel presenta a la estrella de basquetbol, LeBron James, en un coche sin conductor.

Pero si bien los vehículos de autoconducción ya circulan por Silicon Valley, pocos realmente los hemos visto, incluso cuando hay quienes dicen que esta revolución tecnológica puede tardar al menos otra década antes de que se vea a gran escala.

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Lo que hace que la revolución actual sea sorprendente no es la cuestión de si los autos se van a conducir solos, y bailar, sino algo más sutil: la industria automotriz crea un mundo donde computadoras extraordinarias y poderosas e interconectadas circulan, impulsadas por la electricidad y la inteligencia artificial. Y eso, como comentó un director ejecutivo de una de las compañías industriales más grandes de Estados Unidos, tiene implicaciones que podrían ser tan grandes como la revolución de los smartphones.

Esto aterroriza a muchas personas. Por ejemplo, en una encuesta que realizó Pew, se revela que 56% de los estadounidenses dice que no viajará en un vehículo sin conductor, 8% teme que la tecnología destruya los empleos y 30% cree que los automóviles sin conductor harán que las carreteras sean más peligrosas. Luego está la cuestión del “hackeo” cibernético y el peligro de que los autos digitales lleven a nuevos niveles de intrusión y control del gobierno: tan pronto como el automóvil y la computadora de alguien salgan a una calle, se podrían monitorear por los sensores, rastrearlo y detenerlo.

[OBJECT]Pero también hay beneficios sorprendentes. En un mundo de coches de autoconducción, nadie perdería tiempo buscando espacios para estacionarse. Los padres ocupados podrían enviar un auto inteligente a recoger a sus hijos a la escuela. El auto podría recoger los comestibles. Podría enchufarse en la estación de carga. Incluso, podría ser capaz de pasear al perro. También el índice de accidentes de tráfico caería.

Mientras tanto, cerca de 74% de los estadounidenses piensan que las personas discapacitadas y mayores vivirían vidas más independientes. La revolución, en otras palabras, hace ver pequeña a cualquier cosa que haya introducido, digamos, Uber.

Por supuesto, cualquier persona acostumbrada a los autos “del viejo estilo” podría cuestionar si estos increíbles beneficios en realidad superan todos los costos potenciales. Pero aquí está el punto clave: a medida que la revolución acelera, crea una división generacional. La gente como yo podría retroceder ante un auto que baila o se conduce por sí mismo, pero para los hijos de mis amigos que crecieron en un mundo de teléfonos inteligentes, parece algo natural.


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