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Lunes , 18.06.2018 / 06:45 Hoy

Así se construye el futuro

Una forma incrementar el número de mujeres emprendedoras es dar a las nuevas generaciones modelos exitosos que pueden seguir.


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Jennifer Juárez

Cuando buscas y comparas un artículo en Amazon o en el supermercado no sueles preguntarte “la empresa fabricante de este producto, ¿será de un hombre o de una mujer”. El consumidor quiere “bueno, bonito y barato” y es bastante reciente la conciencia o la simple curiosidad sobre si lo que compra cumple con estándares morales, como que no se utilicen materiales que financien guerras, que la mano de obra no se realice en condiciones de moderna esclavitud o no se maltraten animales en el proceso. Pero, ¿qué más da si el fabricante es hombre o mujer?

En el punto de venta simplemente no importa, pero a la larga América Latina necesita aprovechar al máximo la inversión que se hace en la educación de millones de mujeres y la capacidad de éstas de proveer soluciones innovadoras y holísticas.

“Perdemos mucho PIB. Imagínate haber tenido kínder, primaria, secundaria, preparatoria, profesional, muchas maestría y no aprovechar el PIB de las mujeres porque culturalmente se acostumbra que ella los terrenos y él la empresa”, dice el doctor Daniel Moska, director del Instituto de Emprendimiento Eugenio Garza Lagüera, del Tecnológico de Monterrey.

En promedio, entre los países de la OCDE se proyecta que una convergencia de géneros en la participación en la fuerza laboral generaría un crecimiento equivalente al 12% en el PIB para 2030, según el informe Cerrando la brecha de género; actúa ahora, publicado en 2012 por la OCDE.

De la casa al mercado... global

Hay mujeres que son emprendedoras por naturaleza. A los 12 años Léila Velez vendía cosméticos de puerta en puerta y a los 19 cofundó una empresa especializada en el cabello chino (sobre todo el de las personas con ascendencia negra), Beleza Natural, la cual hoy dirige y genera ganancias anuales de 100 millones de dólares (mdd).

Otras mujeres llevan un oficio en su ADN familiar y la parte del negocio la aprenden por la necesidad de llegar al mercado. Este es el caso de Lorena Saravia, cuya abuela estadounidense, una mujer con la costumbre de confeccionar la ropa de sus hijas y nietas, le enseñó, desde los cinco años, a bordar punto de cruz. Hace seis años Saravia lanzó la marca que lleva su propio nombre y que en 2015 vendió más de 4 millones de pesos (mdp).

Uno de cada cinco emprendedores mexicanos es mujer, según datos del Instituto Nacional de Emprendimiento (INADEM). Y el primer enemigo de las emprendedoras son ellas mismas. “Las mujeres tienen una menor percepción de su capacidad de ser empresarias por cuestiones relacionadas con la autoestima. La educación impacta en esta percepción de capacidad. El emprendimiento es percibido como que se asocia a características masculinas como el individualismo”, explica la directora del Departamento Académico de Emprendimiento del Tecnológico de Monterrey, Rafaela Bueckmann. Agrega que también registran mayor miedo al fracaso al emprender, en comparación con los hombres.

Otro reto es que el ecosistema de emprendimiento es mayoritariamente masculino.

“Muchos inversionistas ángel y de riesgo toman sus decisiones de inversión en conjunto y con base en la información provista por sus redes y muy pocas mujeres son miembros activos de estas redes”, dice un estudio sobre empoderamiento de la OCDE. “Los puestos gerenciales en la industria del capital de riesgo son ocupados casi totalmente por hombres. Según una encuesta de la Red Europea de Negocios Ángel menos de 5% de los miembros son mujeres”, añade.

“Frecuentemente me encuentro en eventos, congresos y discusiones donde soy la única mujer o una de las pocas mujeres, pero eso está cambiando. No tan rápido como me gustaría, pero está cambiando”, dice Velez. Beleza Natural obtuvo una inversión de casi 20 mdd de GP Investments, lo que le permitió triplicar el tamaño de la empresa en tres años.

“Lo que realmente buscamos son empresas que se vuelvan grandes historias que contar, que generen empleos y nos ayuden a impactar las economías, independientemente de si están lideradas por un hombre o por una mujer, pero es una tendencia que se está dando de manera natural, no solo en México sino en el mundo, donde vemos una mayor participación de las mujeres en los negocios”, dice Cynthia Torres, Directora de Selección y Crecimiento de Emprendedores de Endeavor, una aceleradora que ha apoyado la carrera de Velez.

Por su parte, Lorena Saravia obtuvo medio millón de pesos del Vogue Fashion Fund.

Más de la mitad de las mujeres de la generación X tienen un título universitario, en comparación con solo 27% de sus madres. Además, según el doctor Daniel Moska, son académicamente superiores y suelen obtener, consistentemente, los mejores promedios de sus generaciones. Entonces, ¿por qué no hay más empresas de mujeres? Tal vez solo sea cuestión de tiempo. “Hay mujeres que ya han sacado sus patentes. Las mujeres son muy fuertes en la parte teórica, del conocimiento, de la disciplina, ahora el brinco es ir al mercado”, agrega el académico.

Una mirada desde dentro

“Mujer de 25 a 35 años. Tiene un poder adquisitivo alto. Es vocera dentro de su medio. Tiene una personalidad fuerte. Le gusta destacar, pero no de manera llamativa”. Así es como Saravia describe a su cliente modelo. Y es exactamente la persona que tengo enfrente mientras la entrevisto en una oficina-boutique en la Roma.

Tiene en común, con Velez, que emprendieron empresas cuyo mercado, prácticamente, son ellas mismas.

“Al final del día, si haces ropa para mujer, necesitas saber qué está pensando la otra mujer.

Sí creo que tenemos un plus, sobre todo mujeres que no son talla cero. El diseño favorece a esta mujer mexicana 4x4 que no mide 1.90 y pesa 45 kilos. Creo que soy mi peor clienta y eso es una ventaja”, dice Saravia.

Leila también enfatiza la importancia de entregar no un producto, sino una solución. “Mi empresa es sobre autoestima. Tienes que estar muy bien conectado con los clientes y asegurarte de que realmente entiendes sus verdaderas luchas. Es una empresa de belleza que no se trata de la belleza, sino de lograr que las mujeres se sientan mejor sobre sí mismas. Ser mujer y tener las mismas luchas; ser madre y trabajar y tener que balancear todos estos roles distintos me hace entenderlos mejor y asegurarme de que mis productos y servicios y todos los procesos estén alineados con sus objetivos y con su aspiración”.

Pero, ¿es suficiente que las mujeres emprendan en negocios para mujeres? ¿O deberíamos enfocarnos más en que el próximo Steve Jobs sea mujer? “Es positivo porque al final, si dejas de lado el giro, lo que ves es un negocio que encuentra su nicho, que es muy inteligente en atender la necesidad de su cliente”, dice Bueckman.

En México, las mujeres lideran 36% de los micronegocios en el país, pero solo 10% y 5% de las pequeñas y medianas empresas, según el programa Mujeres Moviendo México. Una razón es que en América Latina muchas emprendedoras no llegan a crecer sus negocios porque su motivación original no era el emprendimiento en sí mismo, ni ser empresarias, sino simplemente subsistir al margen de un mercado laboral que no les ofrece oportunidades de desarrollo, el acoso en el trabajo o la necesidad de un horario flexible para equilibrar con el cuidado de la familia.

“La clave es no quedarse en el emprendimiento por necesidad, por supervivencia, sino pasar al siguiente nivel. A lo mejor por cuestiones de trabajo o familiares empezaste en algo tradicional, como puede ser la cocina o la belleza, pero el tema es ¿cómo lo seguimos escalando?

La clave es que tengas ese chip de poder hacerlo escalable, innovador, global y con apoyo en la tecnología. Puedes hacer una receta, pero que sea una receta global”, explica el doctor Daniel Moska, poniendo como ejemplo la plataforma web KiwiLimón que iniciaron dos jóvenes mexicanas.

Un modelo a seguir

Bueckman y Moska coinciden en que una de las claves para propiciar más emprendimientos femeninos es darle a las nuevas generaciones modelos aspiracionales de mujeres emprendedoras.

Al final, estas empresarias van esculpiendo a las aspiraciones de mujeres y hombres de la próxima década, como resume Velez: “No pienso en mí como una mujer poderosa. Simplemente quiero ser un ejemplo para las mujeres que vienen de mi misma realidad, de mis mismos inicios humildes y de las mismas dificultades que deben enfrentar. Soy negra, soy una mujer brasileña que viene de una favela y logré crear una empresa que da trabajo a muchas mujeres. Si otras mujeres me ven y se dan cuenta de que pueden hacerlo exactamente igual que yo, o incluso mejor, estoy feliz con ello”.

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