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Sábado , 26.05.2018 / 07:54 Hoy

Apoyo al Brexit no es un “rechazo” al sistema económico

Los segmentos con bajos salarios fueron los más propensos a votar por el sí, según un análisis realizado con datos estadísticos.

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Martin Sandbu

Se convirtió en una impresión habitual que el apoyo al brexit en Reino Unido y a Donald Trump en Estados Unidos (y por los movimientos contra lo establecido y contra lo cosmopolita en otros lugares) es equivalente al rechazo al actual sistema económico y político que tienen los grupos que dejó de lado.

¿Podemos poner datos duros detrás de esta impresión? ¿Quiénes son los que se quedaron atrás, cómo se quedaron atrás y cómo los dejaron de lado? ¿Es verdad que apoyan de manera desproporcionada las insurgencias electorales?

Comencemos con Estados Unidos. Se puede identificar a los que se quedaron atrás por el gran número de personas que se quedaron fuera de la fuerza laboral. En EU la reducción del empleo fue más grande en la clase blanca trabajadora (lean el ensayo reciente de Jason Furman en Foreign Affairs para más información sobre la naturaleza de la caída del nivel de empleo en EU desde el año 2000) y en los lugares que están más expuestos al comercio con China.

Resulta que esos segmentos demográficos y geográficos de la población también son el centro de una epidemia de opiáceos que afecta a Estados Unidos. Las sobredosis de medicamentos de receta, las enfermedades que se relacionan con el alcohol y los suicidios detuvieron y revirtieron una disminución secular de la mortalidad para un grupo demográfico en particular: los blancos de mediana edad y clase trabajadora. Si algún grupo puede sentir con justificación que lo abandonaron es éste.

Una causa principal, de acuerdo con una revelación de The Guardian, es un régimen excesivamente liberal para la receta de medicamentos opiáceos, que cuando se empezaron a controlar el resultado fue que muchos usuarios cambiaron a las drogas ilegales. Una investigación que realizó el periódico The Washington Post completa la relación entre esta disfunción de las respuestas psicológicas y culturales al fracaso económico y la política electoral. En palabras de Jeff Guo, la muerte predice si la gente va a votar por Donald Trump. Así que en EU la creencia generalizada está en lo correcto.

EL CASO INGLÉS

¿Qué ocurre con el brexit? Aquí las cosas son más complicadas. ¿Los que se quedaron atrás son los que sufrieron la mayor disminución en sus ganancias? Algunos de los mejores datos sobre la correlación sobre el porcentaje de votos por salir o permanecer por autoridad local se encuentran en un informe de Resolution Foundation. En él se muestra que no hay una correlación entre el cambio del salario promedio (ya que el crecimiento salarial comenzó su desaceleración aproximadamente hace 15 años) y la proporción de salir o permanecer. Por otro lado, el nivel (más que el cambio) de los salarios reales tiene una relación muy fuerte con las actitudes hacia el brexit: cuanto más bajo es el promedio de ganancias, más alto es el porcentaje del voto por salir. Los niveles de empleo, después de ajustar los números de los estudiantes, también tienen una relación positiva con el apoyo por permanecer.

En cuanto a la inmigración, las cosas son aún más complejas. Llegó a ser muy conocido que las áreas con mayor presencia de inmigrantes tenían más probabilidad de votar por permanecer, y no menos. The Economist hizo una gráfica de la débil correlación entre un crecimiento más rápido en la población de inmigrantes y el apoyo por salir. Pero Resolution Foundation encuentra que la relación más fuerte es con las tasas de rápido crecimiento de población de inmigrantes en lugares con bajos niveles preexistentes: “El voto por salir fue más alto en áreas que comenzaron el periodo con un nivel relativamente bajo de migrantes, pero que vieron incrementos considerables”. La implicación de esto para “los fondos de impacto de la inmigración” que muchos creen que pueden ayudar a canalizar los beneficios económicos de la inmigración a zonas que sí se sienten abandonadas y es que el diseño de ese tipo de fondos puede ser endemoniadamente complicado.

Después están los factores culturales. Las áreas donde las encuestas encuentran mayor “cohesión” en la sensación de que se llevan bien con las personas de diferentes procedencias registraron una mayor cantidad de votos por permanecer. La encuesta de Ashcroft realizada después del referendo encontró grandes correlaciones entre las actitudes socialmente conservadoras y el apoyo por permanecer.

En resumen, la creencia generalizada está casi en lo correcto. El apoyo a Trump en Estados Unidos y al brexit en el Reino Unido es mucho más fuerte en zonas donde sienten que tienen dificultades económicas (con un poco de justificación) o muestran una antipatía cultural por las tendencias sociales liberales.

Que los aspectos culturales y económicos pueden unirse para alimentar la sensación de desempoderamiento no debe sorprender. En el contexto del Reino Unido, el blog Flip Chart Fairy Tales tiene un ensayo elocuente que mezcla muy bien los gráficos con las anécdotas antropológicas para expresar la pérdida de una sensación de “propiedad” de los empleos, casas y cultura que define las condiciones de vida cada vez más precarias de muchos. Hay que tomar en cuenta que ese temor de que de repente se puede perder todo no se puede capturar bien en los promedios de números. Pero la implicación está clara. Perder la movilidad social ascendente no es el problema. El problema es el crecimiento de la movilidad descendente.


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