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Miércoles , 18.07.2018 / 23:31 Hoy

Anticorrupción por votos

Las elecciones para presidente en Brasil, México y Colombia estarán definidas, en gran parte, por aquellos candidatos que convenzan al electorado de que acabarán con la corrupción.
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Milenio Digital

Si el camino al infierno está lleno de buenas intenciones, recientemente tomó una desviación kafkiana a través del Tribunal Federal de Brasil TF4. Allí, el 24 de enero, un panel de tres jueces confirmó la sentencia al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva sobre cargos de corrupción.

La decisión, la más reciente que se deriva de la enorme investigación contra la corrupción en Brasil, que tuvo repercusiones en toda Latinoamérica y manchó a los líderes, desde Argentina hasta México, le dio un vuelco a las elecciones presidenciales brasileñas

Dramas similares se van a desarrollar en toda América Latina este año. En una notable convergencia de calendarios electorales, seis países —entre ellos los más poblados, Brasil, México y Colombia, además del régimen socialista de Venezuela— realizarán elecciones presidenciales. Sin embargo, lejos de ser celebraciones las votaciones serán la mayor prueba de su temple democrático desde las transiciones de la dictadura en la década de 1980.

Las elecciones se realizan en un momento de ira popular por las investigaciones sobre la corrupción. Estas hicieron responsables a figuras anteriormente intocables. Los populistas que aprovechan el estado de ánimo irritado, acechan la tierra.

En Colombia, donde la corrupción es una de las principales preocupaciones, los escándalos inquietaron a los votantes que ya estaban nerviosos después de un acuerdo de paz que se logró con rebeldes marxistas el año pasado. Incluso, dos exlíderes guerrilleros van a competir por la presidencia en junio, algo sin precedentes para un país que los combatió durante 50 años.

El siguiente en el calendario es México, donde el rebelde de izquierda, Andrés Manuel López Obrador, un nacionalista que quiere erradicar la corrupción, pero que cree que Fidel Castro fue un héroe, encabeza las encuestas antes de las elecciones de julio.

Algo que agrava la incertidumbre es Donald Trump, el presidente de Estados Unidos (EU), quien amenaza con construir un muro y terminar con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). “México se enfrenta a la tormenta perfecta”, dice Jorge Castañeda, el exsecretario de Relaciones Exteriores.

Para finales de año, 2 de cada 3 latinoamericanos de países que tienen una producción económica con valor de 4,000 millones de dólares (mdd), tendrán nuevos presidentes. Costa Rica y Paraguay tienen elecciones. Venezuela, que se encuentra en incumplimiento de pagos por alrededor de 60,000 mdd de bonos internacionales, realizará lo que promete ser una elección simulada antes del 30 de abril (EU, gran parte de América Latina y Europa dicen que no van a reconocer el resultado).

Incluso Cuba, el país comunista, tendrá un nuevo presidente cuando Raúl Castro deje el cargo el 19 de abril. Por primera vez en 60 años, no será uno de los hermanos Castro el que ocupe el cargo.

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Existen paralelismos con el reacomodo político en los países desarrollados. Los partidos tradicionales se dividen, los externos obligan un cambio y la ira popular amenaza con replantear el orden constitucional. De acuerdo con LatinoBarómetro, solo 53% de los latinoamericanos creen que la democracia es el mejor sistema de gobierno. Solo 1 de cada 7 confía en sus conciudadanos. Estas son las lecturas más bajas en más de una década. Esa desconfianza es real en democracias importantes como Brasil o Colombia, y es doblemente cierta en países autoritarios como Cuba y Venezuela.


Después de una década de gobiernos de izquierda corruptos, los centristas pragmáticos llegaron al poder en Brasil, Argentina, Chile y Perú. Con la ayuda de políticas más ortodoxas, las economías sudamericanas, golpeadas por el final del auge de los precios de las materias primas, comenzaron a recuperarse de largas recesiones. Los mercados se alegraron. Entre finales de 2015 y 2017, el índice MSCI de acciones latinoamericanas subió más de 50%.

[OBJECT]Una notable excepción a este singular pase de lista es México, y no porque el partido gobernante, el Partido Revolucionario Institucional (PRI), sea inmaculado, sino porque el presidente Enrique Peña Nieto solo ha hecho esfuerzos simbólicos para combatir la corrupción.

En diciembre, la Cámara de Diputados votó a favor de que fuera ilegal que los ciudadanos publicaran en línea acusaciones de corrupción si estas podían perjudicar la credibilidad del objetivo, incluso si las acusaciones resultaban ser ciertas.

Purgar la corrupción —la promesa que ofrecen los brasileños y otras investigaciones— será una ayuda innegable para América Latina. La corrupción y la captura del estado van de la mano con la violencia criminal y, en una región con las tasas de homicidios más altas del mundo, ese flagelo cuesta alrededor de 3% del Producto Interno Bruto (PIB), equivalente a 236,000 mdd al año, estima el Banco Interamericano de Desarrollo.

Pero la purga anticorrupción no llega sin tener un costo. Los escándalos congelaron la inversión, frenaron la recuperación económica, eliminaron el orden político tradicional y polarizaron a los electores que ya estaban furiosos por la recesión y clausuraron los servicios públicos.

También hay preocupación, sobre todo en EU, de que Rusia pueda provocar problemas después de que presuntamente hackeó las elecciones presidenciales en EU y el voto de independencia de Cataluña. “Si Rusia realmente quiere perjudicar a EU y debilitar el orden mundial occidental, las elecciones en México… ofrecen un objetivo gratificante y vulnerable”, dice Shannon O’Neil del centro de expertos estadounidense del Council on Foreign Relations. “Ningún otro país influye más en EU como el vecino del sur y la inteligencia rusa tiene un largo historial en la nación azteca (desde la Guerra Fría)”.

Para finales de este 2018, la región de América sabrá si su empuje anticorrupción es una señal de que sus democracias se fortalecen o recibieron un golpe fatal. La historia ofrece un triste consuelo.


No todo está perdido

[OBJECT]Pero también es demasiado pronto para saber qué podría pasar en otros países. A juzgar por los mercados, que buscan incluir todos los costos posibles a las tendencias futuras, también es posible que no salga todo mal.

Después de fuertes caídas el año pasado, las bolsas de valores de América Latina cobran fuerza, ayudadas por un repunte más general en los mercados emergentes, mientras que las monedas también se recuperaron.

Hasta ahora, su respuesta a la venta masiva global también ha sido moderada, lo que refleja la creencia de que es más un resultado de las elevadas valoraciones de EU que de la desaceleración económica mundial. En México, las empresas buscan consuelo en el historial de López Obrador como jefe de Gobierno de la ahora llamada Ciudad de México, donde reclutó al exalcalde de Nueva York Rudy Giuliani para ayudar a erradicar el crimen, y a Carlos Slim, el magnate de las telecomunicaciones, para reconstruir el centro de la ciudad.

Al mismo tiempo, el candidato de centro-derecha, Ricardo Anaya, le pisa los talones en las encuestas, y Trump suavizó su retórica sobre el TLCAN. La visión optimista es que el maratón de elecciones de este año verá un mayor afianzamiento democrático en América Latina, permitiendo que continúe la promesa de la escisión de la corrupción encabezada por Brasil. El lado contrario de los pesimistas piensa que esta cirugía, si bien es necesaria, puede matar al paciente.

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