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Sábado , 26.05.2018 / 13:07 Hoy

¿Alguien ganará con Trump?

En la batalla que se avecina habrá vencedores y perdedores, muchas industrias mexicanas podrán salir beneficiadas, otras tendrán que asumir grandes costos.


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Dino Rozenberg

En agosto de 2016, cuando se acercaban las elecciones en Estados Unidos (EU) y una victoria de Donald Trump era poco creíble, la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) mostraba su optimismo llevando el Índice de Precios y Cotizaciones (IPC) a niveles de 48,694 puntos. Eran históricamente altos, y eso que ya se había anunciado que la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), estaba dispuesta a incrementar, por primera vez en muchos años, las tasas de interés.

No estaban preocupados. Pero, a partir de ese día y conforme creció la popularidad del republicano, las cosas empezaron a ponerse menos claras. El IPC fue perdiendo brillo hasta el 8 de noviembre, cuando los electores escogieron a Trump. En pocas horas la moneda mexicana se desplomó y al cabo de 10 días el IPC había tocado fondo, en 44,364 puntos. ¿Qué pasó? Algunos inversionistas, espantados por un futuro de incertidumbre, vendieron sus posiciones, asumiendo fuertes pérdidas, para refugiarse en valores más sólidos como el oro y el dólar. Otros se quedaron para ver cómo amanecía.


No era tan grave la situación

La paradoja es que el 20 de enero, cuando Trump tomó posesión en el Capitolio de Washington y leyó un discurso inflamado, pero gris, la confianza comenzó a recuperarse. Cinco días después, el índice Dow Jones cruzó por primera vez la barrera de los 20,000 puntos, y en México el IPC ganó en más de 1,000 unidades, para ubicarse en 48,275. La tendencia era a la alza. También avanzaron el índice Standard & Poor’s y el Nasdaq.

Si algunos analistas y empresarios creían que todo iba a estar mal, y que el nuevo presidente iba a afectar sus intereses, ya comprendieron que la incertidumbre es mala consejera, y que las cosas no funcionan así. Algunos negocios y sectores industriales de México van a ganar y otros van a perder, y una mayoría tendrá que poner a prueba su inteligencia, destreza y espíritu emprendedor, para sobrevivir. Esto podría significar un reto de cuatro años, o una pesadilla que deje un tendal de bancarrotas.


Quién gana y quién pierde

No es fácil augurar. Ni siquiera los analistas más especulativos se aventuran más allá de sugerencias y enfoques generales. Un fenómeno en el que coinciden es que Trump insistirá en impulsar su política proteccionista y sus amenazas para producir y contratar en EU o asumir las consecuencias. Esto significa que para poder competir por el mercado, los productores en ese país tendrán que recibir incentivos fiscales y arancelarios, como los que aparentemente ofreció a la industria automotriz en su primera reunión en la Casa Blanca.

Son malas noticias para los exportadores mexicanos, como la industria automotriz y de autopartes, la mayoría de las maquiladoras, manufacturas, algunos productos de campo y, como ya es tradición, los empacadores de atún. También para economías regionales vinculadas a las cadenas exportadoras como Nuevo León, Querétaro, Guanajuato, Aguascalientes y San Luis Potosí. Pero esto no parará cierto auge del turismo y beneficiará a cadenas hoteleras, aerolíneas y operadoras de aeropuertos.

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No hay que exagerar los temores, porque un dólar fuerte resta competitividad a EU y al mismo tiempo se la agrega a las exportaciones mexicanas, incluyendo las exportaciones fuera de EU y las remesas de los paisanos, si es que no se les pone un impuesto.

El año pasado, 20% de los automóviles fabricados en México fueron exportados a Europa, Canadá y América Latina, y no hay razón para que Volkswagen y Nissan cambien sus estrategias locales. México es una de las 15 mayores potencias económicas del mundo con 115 millones de consumidores, y ya era una economía estable antes del GATT y del Tratado de Libre Comercio (TLC).



¿Y los industriales castigados?

El país ya es un gran generador de divisas, y posee importantes empresas translatinas, como Bimbo, Cemex, Maseca, Alsea, Cinépolis, Televisa, Alfa, Mexichem, Femsa, Grupo Carso y América Móvil.

Bimbo tiene más de 150 plantas en el extranjero, Alsea opera restaurantes en seis países, y Carso tiene presencia en las telecomunicaciones de EU, Europa y América Latina. Rassini, de la familia Madero, tiene plantas en México y EU, es el mayor fabricante mundial de suspensiones para automóviles y provee a la mayoría de las armadoras en América del Norte. Son empresas que generan sus propios dólares y no se impresionan por estrategias proteccionistas de las que varias se han beneficiado. El presidente de Rassini, por lo pronto, reveló que con otros empresarios están cabildeando sus intereses en el Congreso de Washington.

Pero, cuando se firmó el TLC, hace más de 20 años, varios sectores industriales de México aceptaron duras condiciones, como los productores del campo, los textileros, y los transportistas (es poco conocido que se permitió a FedEx y UPS hacer mensajería en el país, pero se impidió a Estafeta hacer lo mismo en EU).

Esos sectores, antes perjudicados, podrían recuperarse si se renegociara o cancelara el Tratado y fuera sustituido por acuerdos bilaterales, como parece que ocurrirá. Si México también adopta medidas proteccionistas, amplios sectores de la industria podrían volver a competir, como en el pasado, fortaleciendo al capital nacional.

Entre los que podrían ser beneficiados están las cadenas minoristas y los supermercados, aun cuando deban ajustar sus inventarios a las posibilidades de su clientela. También fabricantes locales de básicos, como La Costeña, Herdez, Lala y Alpura, por mencionar unas pocas.

Trump no protestó cuando Walmart de México anunció que invertirá en México 1,300 millones de dólares (mdd) y agregará 10,000 empleos durante los próximos tres años, por supuesto, porque generará más dividendos para los accionistas en EU. La cadena ya tiene 2,300 tiendas en México y Centroamérica.

Un caso diferente son las tiendas especializadas, como las de muebles y electrodomésticos, porque una porción de sus clientes son los beneficiarios de las remesas enviadas por paisanos (unos 25,000 mdd por año). Si este flujo de divisas se debilitara, sería malo para la economía de las familias y para Elektra, Banco Azteca, Famsa y similares.

El sector inmobiliario y de la construcción podría ser afectado a favor y en contra, Trump hizo su fortuna en este negocio. Las empresas se cuidarán de comprar o rentar espacios para bodegas y oficinas, lo que afectará a los inversionistas que están construyendo torres en la Ciudad de México y parques industriales en los estados. Es posible que algunos grandes proyectos avancen a menor ritmo. Pero la compra y renta de viviendas, sobre todo medias y residenciales, podría darle nuevo auge a la industria de la construcción.

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En los proyectos de infraestructura propuestos por Trump, que suman hasta un millón de millones de dólares, para sistemas de transporte, puertos y aeropuertos, energía, servicios de agua y alcantarillado, Cemex podría participar con la proveeduría de materiales de construcción.

En cambio, a los industriales del acero les preocupan las medidas restrictivas de Trump, en particular contra la industria automotriz. Además, son vulnerables también por el aumento de los combustibles y la competencia con China, que venden a precios dumping. También serían afectadas las siderúrgicas por una caída en las inversiones en obras de infraestructura.


El comportamiento de la Bolsa

No hay que anticipar vísperas. Medios como Bloomberg han señalado el silencio momentáneo de las empresas de EU, mientras esperan a ver el juego de Trump. Pero no se quedarán quietas si sus intereses son afectados. Carrier y la industria automotriz deben verse como escarceos preliminares, el gran capital no se va a quedar cruzado de brazos.

Aunque el IPC tuvo en 2016 su mejor año desde 2012, ganó 6.2% en pesos, este retorno se disolvió porque el peso perdió frente al dólar. Aun así, hubo empresas ganadoras como Peñoles, Cemex, Genomma Lab y Grupo México, con ganancias entre 118 y 50%.

Les va bien a las compañías que ganan en dólares, como FEMSA, América Móvil, Grupo Bimbo y Televisa. Otras bien cotizadas son Autlán, Citigroup y Santander, aunque la situación de los bancos es inestable por los cambios en las tasas y la reducción del crédito. En 2018, no se debe descartar que el nuevo gobierno en México aplique medidas coercitivas, como impuestos especiales para las empresas de EU, o un gravamen a la exportación de dividendos.

Finalmente, hay que leer las expectativas de la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automóviles (AMDA), que no parece preocupada. En diciembre proyectaron que al término de 2017 se habrán vendido 1,702,353 unidades, 6.8% más que en 2016. En definitiva, a algunas empresas mexicanas les irá mejor que a otras, pero es pronto para saber en detalle quiénes aprovecharán la situación y quiénes pagarán el precio de la crisis. La tecnología, la innovación y la inteligencia, pueden hacer la diferencia.

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