Las aguas del Támesis, a punto de ser rebasadas

El río que divide e identifica a Londres triplicaría su tránsito en 2019, tanto en el transporte de mercancía como de pasajeros.
Un ícono en apuros.
Un ícono en apuros. (Shutterstock)

Londres

El río Támesis ha sido el soporte del comercio, el turismo y el tráfico de Londres por siglos. Pero al tiempo en que la capital de Reino Unido alcanza nuevos récords, el río, como infraestructura, comienza a resentir la presión.

El transporte de carga en la zona de marejadas del río, que abarca de Teddington, al oeste, al puerto industrial de Tilbury, al este, se podría triplicar en 2019 cuando la construcción del Túnel de Mareas del Támesis, de 24 kilómetros y conocido como el súper drenaje, alcance su pico.

Al mismo tiempo, Londres necesita 50 mil casas al año para su creciente población y los políticos asumen que serán erigidas en las viejas zonas industriales del este. Las nuevas comunidades requerirán servicios de pasajeros (en la década pasada, el número anual por el río se multiplicó por cinco a casi 10 millones) y los desarrolladores querrán transportar los materiales por el río.

Robin Mortimer, director ejecutivo de la Autoridad del Puerto de Londres (PLA, por su sigla en inglés), que administra el Támesis, aceptó que no será fácil manejar esa presión. “Ya estamos a tope en una o dos áreas”, dijo.

En los últimos cinco años, los niveles de tráfico comercial por el Támesis se han elevado a la vez que los contratistas de diversos proyectos de infraestructura han comenzado a mover sus productos por el río a fin de evitar las calles congestionadas de Londres. El año pasado se movilizaron 5.5 millones de toneladas por el río, contra 2 millones en 2012.

Pero cuando en 2016 arranque la construcción del súper drenaje, de 4 mil 200 millones de libras esterlinas (6 mil 350 millones de dólares), que será el mayor proyecto de renovación del drenaje de la ciudad desde que se instaló, el río estará todavía más ocupado.

Andy Mitchel, director general del Túnel de Mareas del Támesis, dijo que sería un “error total” para los sitios de construcción a lo largo del río si acaso no lo usaran en todo lo posible. “Cualquier cosa que no vaya por el río significa un camión más por las calles”, afirmó.

Mortimer dice que la PLA puede “absolutamente” manejar los incrementos en el uso por el pasaje y las demandas de mayor carga. “Es un río de gran amplitud”, dijo. Sin embargo, para ello se tendría que utilizar el Támesis más en tiempos en que se ocupa menos. Y eso no es tan sencillo como parece. Las restricciones de uso significan que los diversos muelles no pueden operar todo el tiempo y el enorme rango de las mareas restringe qué se puede transportar y cuándo, y además hay una creciente competencia en el verano, cuando los turistas quieren explorar la ciudad en barcos.

Encima de todo ello se encuentra el contencioso asunto de un nuevo cruce: aunque hay 16 puentes a lo largo de los 32 kilómetros del río, al oeste del Puente de la Torre de Londres, solamente hay uno, más dos túneles, en una porción equivalente al este. Si bien los planes de nuevos cruces de la agencia Transporte por Londres “avanzan bien”, los proyectos apenas están en la etapa de consultoría.

Ya se ha reinventado

Pero tras varias décadas en las que parecía que la ciudad le daba la espalda al río, Mortimer no tiene quejas.

En la década de los 50, los niveles de contaminación en el Támesis eran tan malos que se declaró a su agua “biológicamente muerta”. En los 70, el crecimiento de envíos por contenedores dejó inviables la mayoría de los otrora pulsantes muelles debido a que resultaban muy pequeños para manejar los enormes monstruos de carga. Ello trajo como consecuencia adicional el deterioro de las propiedades en esas zonas.

Desde entonces la idea de pasear por la margen sur (South Bank) y tomar un latte, para luego abordar un barco y transportarse al trabajo y construir o comprar apartamentos de lujo en los Muelles Reales, era absurda.

Pero empezando con la renovación del South Bank, donde la réplica del teatro El Globo, réplica del de Shakespeare, se inauguró en 1997, seguido del London Eye en 2000, lo que una vez fue una zona de rompe y rasga se transformó en un destino turístico.

Adrian Evans, director del Festival del Támesis, una serie de eventos de arte y cultura que por un mes rinde homenaje al río, dice que el cambio más notable es que ahora al Támesis “se le relaciona con el placer”. Cuando el festival arrancó hace 18 años, había unos 50 lugares en los que se podía comer a lo largo del río. “Ahora son más de 150”, celebra.

Sin embargo, esos niveles de popularidad han traído problemas adicionales. El precio de vivir en la ribera alcanza tarifas muy elevadas y la PLA libra batallas contra los desarrolladores para asegurar que se mantengan suficientes embarcaderos comerciales.

“No se puede tener la vivienda sin la infraestructura”, dijo Mortimer. De pie en el Puente de la Torre, señala hacia City Hall y sentencia: “El Támesis es un área de crecimiento que contribuye con enormes volúmenes a la economía de Londres, pero todavía no tiene el sentido de lo que podría llegar a ser”.  


5.5

millones de toneladas se transportaron por el río Támesis el año pasado, casi el triple de los 2 millones que se registraron en 2013.

50

mil viviendas al año requiere la capital británica para satisfacer la demanda, lo que aumentará el tráfico en el río.

16

puentes hay a lo largo de los 32 kilómetros del río, pero solo hay uno al oeste de la Torre de Londres, lo que complica la logística.