REPORTAJE | POR GEORGINA NAVARRETE

Huracanes: el huésped incómodo

Wilma, Ingrid, Manuel y Odile han dejado pérdidas de 60 mil millones de pesos a la economía mexicana. El sector turístico es uno de los grandes afectados.

México

Dicen que tras la tormenta viene la calma. Pero en el caso de los huracanes, lo que queda es destrucción y caos. Entre las pérdidas económicas generales, que afectan la infraestructura, vivienda, servicios y abastecimiento de las poblaciones, en México destacan los daños al sector turístico.

Las principales amenazas para esta industria en México, en el contexto del cambio climático, provienen justo del impacto de los fenómenos hidrometeorológicos extremos (lluvias intensas, huracanes, tormentas tropicales), que provocan mareas de tormenta, inundaciones, deslizamientos de tierra y deslaves, entre otros, según un estudio presentado en el XXIII Congreso Nacional de Hidráulica, celebrado en Puerto Vallarta el pasado octubre.

A nivel mundial, señala el mismo estudio, “las inundaciones son los fenómenos meteorológicos que más pérdidas asociadas tienen: tan sólo del periodo de 1981-1900 a 2001-2010, los costos asociados a estos eventos se incrementaron en un 200% (Michel-Kerjan, 2012)”, y “las pérdidas resultantes de un evento hidrometeorológico extremo se agudizan con la falta de infraestructura de evacuación y sistemas de alerta temprana”.

 Los fenómenos naturales son como la ruleta rusa: pueden terminar en desastre, pero no obligadamente. Los terremotos, inundaciones por lluvias, erupciones volcánicas, huracanes y tsunamis son imparables, “pero siempre anuncian su llegada y nos dan la oportunidad de prevenir pérdidas humanas y reducir las materiales”, señala Alvaro Velasco, aficionado a la meteorología y geología, y creador de SkyAlert (alerta sísmica satelital).

México, como país, tiene ya una larga carrera en materia de prevención de desastres. Ha ganado incluso elogios de la comunidad internacional por ser pionero en la colocación de bonos de cobertura contra desastres como el Multi Cat Mex, una especie de seguro – que en realidad es un bono bursatilizado- contra huracanes y terremotos, y la implementación paralela de un Fondo de Desastres (Fonden), para hacer frente a estas situaciones de emergencia.

“El gobierno ha ido aprendiendo, se ha mejorado el control de los recursos del Fonden y cada vez son mejores los Sistemas de Alerta Temprana; pero falta mucha información a la sociedad civil y lograr alianzas entre el gobierno y privados que estamos haciendo labores de protección Civil, como SkyAlert. Deben entender que no somos competencia, sino complemento”, comenta Velasco.

Y es que, la labor de prevención no es sólo responsabilidad del gobierno, agrega Velasco. “Se llama protección civil porque nos compete a todos en la sociedad civil: ciudadanos, empresarios... Los mexicanos estamos acostumbrados a que nos cuiden y a echarle la culpa al gobierno de todo lo que pasa y cuando llegan las tragedias nos toman por sorpresa y los daños son enormes”.

Según el también director de Disappster (compañía creadora de SkyAlert), tanto en Los Cabos el año pasado con Odile, como en Acapulco en 2013 con Manuel, las alertas se lanzaron a tiempo de realizar evacuaciones exitosas; sin embargo, “no se desalojó a nadie cuando se lanzaron las alertas sino hasta después que los fenómenos tocaron tierra.

“Por eso hubo más muertos y los daños fueron tan cuantiosos. En especial en Acapulco, era fin de semana de puente y estaba atiborrado de turismo nacional e internacional a pesar de la advertencia. A los turistas nadie les dijo nada, ni se intentó desalojarlos. Siento que hubo un conflicto de intereses con las empresas turísticas”.

Recuento de los daños

En los últimos 10 años, México ha perdido alrededor de 60 mil millones de pesos a cuenta sólo de cuatro fenómenos hidrometeorológicos: el huracán Wilma (2005), las tormentas tropicales Ingrid y Manuel (2013) y el huracán Odile (2014), que en conjunto afectaron a una decena de destinos turísticos de playa, los preferidos de uno de cada dos turistas internacionales que visitan México anualmente.

Como es de suponerse, las mayores pérdidas económicas para el sector turístico mexicano tras el paso de un fenómeno hidrometeorológico no provienen de las inundaciones y derrumbes –finalmente existen los seguros-, sino del desplome de la ocupación hotelera y las reservaciones para los meses siguientes.

Según informaron en su momento la Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles (AMHM) y la Asociación de Hoteles y Empresas Turísticas de Acapulco (AHETA), fueron ocho los destinos turísticos afectados por Ingrid y Manuel en septiembre de 2013, especialmente Acapulco, donde en el primer fin de semana posterior a la emergencia se esperaba una ocupación del 60% y sólo hubo 20% de los cuartos ocupados.

Para el segundo fin de semana, se esperaba una ocupación de 40%, que sólo alcanzó un modesto 12%. La baja de visitantes se debió principalmente a la inhabilitación de la autopista del Sol, que sufrió más de 40 derrumbes; sin embargo, también es cierto que ningún paseante empeña su esfuerzo y dinero para ir a “descansar” a una zona de desastre.

Y es que, aunque en ese entonces Mary Bertha Medina, presidenta de la Asociación de Hoteles y Empresas Turísticas de Acapulco (AHETA), argumentó que todo fue culpa de la mala publicidad y la AMHM aseguró que los daños en hoteles fueron menores, la devastación en las poblaciones aledañas fue real y tampoco ayudó a cambiar la mala idea.

Por otro lado, también estaban los 60 mil turistas locales e internacionales que se quedaron varados por días, antes de poder salir de Acapulco por cualquier vía, y que desde los cuartos de hotel que ocuparon como refugios, vieron desfilar al ejército y las ayudas nacionales e internacionales.

La habilitación de esos refugios, equivalentes a 34 mil noches-hotel en total, fueron otro factor de pérdida, pagado al 50% entre los gobiernos federal y estatal y los hoteleros, quienes también asumieron los gastos de servicios como gas, luz y agua que utilizaron sus refugiados.

Las historias tras Wilma en Cancún, en octubre de 2005, y de Odile en Los Cabos, en septiembre pasado, no fueron muy diferentes. Sin embargo, cada destino ha reaccionado distinto ante sus tragedias. Unos más preparados que otros, aprenden sus lecciones con dolor, porque ya lo dicen las abuelas: nadie aprende en cabeza ajena.

Más vale prevenir

Según cálculos de la Asociación de Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS), el huracán Wilma ha sido por mucho el más devastador de la historia de México, especialmente por su impacto económico, que rondó los 25 mil millones de pesos (unos mil 752 mdd al tipo de cambio 2005).

Con categoría 5 y vientos que alcanzaron 300 km por hora, Wilma avanzó a paso de tortuga (unos 7 km por hora) por la península de Yucatán, y destruyó e inundó todo a su antojo. La carretera de la zona hotelera de Cancún, con más de 100 establecimientos, quedó bajo las aguas al unirse la laguna Bohórquez y el mar Caribe. El saldo oficial en vidas, cuatro.

Por su intensidad, Manuel apenas fue considerado tormenta tropical, y Odile tocó tierra bajacaliforniana con vientos de 200 kilómetros por hora (y una categoría 3); sin embargo, la cantidad de muertos en una y otra fue mayor que los dejados por Wilma casi una década antes. ¿Por qué? Todo es cuestión de prevención.

Antes de Wilma, la costa de Quintana Roo, litoral oriental de la península de Yucatán, ya había sufrido a Gilberto en 1997. Los daños fueron enormes, aunque las cifras no impresionan porque la infraestructura y el número de habitantes era mucho menor en la región de lo que sería en 2005. Pero los cancunenses aprendieron su lección.

Con todo, ante Wilma la actuación tanto de los tres niveles de gobierno como de la población civil –incluido el sector hotelero-, permitieron evacuar a tiempo y brindar refugio a los turistas que cada año llegan por millones a la Riveira Maya, el destino “estrella” del turismo en nuestro país, pues concentra 30% de los viajeros, tanto nacionales como extranjeros.

La Asociación de Hoteles de Cancún y Puerto Morelos tiene un Plan Coordinador de Emergencias que se trabaja todo el año de la mano de las autoridades estatales y municipales. “Tenemos a nuestro personal en constante capacitación para que sepan  qué hacer, cuándo y cómo si se presenta una emergencia”, explica Marissa Setién, directora ejecutiva de la AHCPM.

En materia de infraestructura, comenta Setién, “los hoteles están preparados con cristales especiales, de cierto grosor; cortinas anticiclónicas y buenos cimientos, pero sabemos que una vez que llega el huracán siempre habrá daños materiales. La idea central es mantener a salvo a nuestros huéspedes.

“Gilberto y Wilma nos dejaron lecciones importantes y todas están aterrizadas en este manual de emergencias. Capacitamos al personal y hacemos ejercicios y simulacros constantemente. Así todos sabemos qué hacer antes, durante y después de la emergencia”, agrega Setién.

“Poner a los huéspedes a salvo es lo primordial. Primero debes llevarlos a un refugio; algunos hoteles actúan como auto refugio pero esa condición se pierde después de que el fenómeno alcanza la categoría tres. Así que la evacuación ordenada y segura es el punto fuerte de nuestra estrategia. Asimismo, tenemos un sistema en el que vamos registrando cómo, cuándo y hacia dónde movemos a los turistas, para que sus familiares y los consulados puedan ubicarlos con facilidad”.

Las experiencias sirven, dice Marissa Setién, pero el trabajo de adecuaciones al plan de emergencias nunca acaba. “Cuando Gilberto teníamos apenas unas 11 mil o 12 mil habitaciones, hoy entre Cancún y Puerto Morelo suman 45 mil… Mover a toda esa gente a un refugio seguro y devolverlo a casa sano y salvo es un trabajo duro que requiere mucha organización. Una vez que no te queda un solo turista, entonces ya puedes comenzar la limpieza y reconstrucción de tu hotel”.

El sutil arte de tapar un pozo

Nadie aprende en cabeza ajena y mientras en el área de Cancún llevan casi 20 años perfeccionando su Plan de Emergencias, al otro extremo del país, en Los Cabos, Odile evidenció la falta de organización entre las autoridades y la sociedad civil, incluidas las empresas del sector turístico.

Con una alerta tardía, los hoteles que sirvieron de auto refugio inundados y aeropuertos de San José del Cabo y la Paz dañados, la evacuación fue complicada y se extendió por varios días. Aviones de las Fuerzas Armadas de México y de líneas aéreas comerciales unieron esfuerzos para comenzar la evacuación el 16 de septiembre, 36 horas después de que Odile tocó tierra cabeña.

“Siento que con Odile nos fue bien porque no tuvimos muertes en la zona hotelera, pero tal vez nos confiamos un poco porque no sabíamos la intensidad que podía alcanzar el fenómeno”, cuenta Paloma Palacios, directora ejecutiva de la AHLC.

La sacudida los puso a trabajar en la confección del primer borrador de un plan de emergencias que, según la agenda de la AHLC, deberá estar listo en mayo próximo para presentarlo y discutirlo con las autoridades pertinentes.

 “Claro que existía un plan desde antes, pero queremos actualizarlo. Es un trabajo de prevención. Como hoteleros, lo principal es salvaguardar la seguridad de nuestros huéspedes. La idea es firmar un convenio con las autoridades municipales, estatales y con Protección Civil federal, para que nos brinden capacitación y tener muy claro cómo proceder en estos casos”, dijo Paloma Palacios.

Según la directora ejecutiva de la AHLC el destino, que sigue en trabajos de reconstrucción, estará operando al 100% de su capacidad este mismo 2015, cuando también arribarán nuevas franquicias hoteleras como Hard Rock y JW Marriot, entre otras. “Hoy todavía hay muchos hoteles fuera de operación, pero muchos están tardando porque aprovecharon el momento para remodelar y subir de categoría. Las inversiones no paran, a pesar de los pesares”, celebra Palacios.

Lo cierto es que, localizado entre dos océanos y con cinco placas tectónicas en su territorio, México es uno de los países más vulnerables a sufrir terremotos y a recibir fenómenos hidrometeorológicos extremos, que  irán in crescendo de la mano del cambio climático.

De tal suerte, es indispensable que cada actor de la sociedad tome su lugar en la prevención de desastres y se haga responsable de la parte que le toca. Al respecto, Velasco apunta que como ciudadanos nos toca estar informados y tener un plan familiar de emergencia.

Y mientras que el gobierno ha tomado provisiones y trabaja de manera constante en ellos, los empresarios, deben comenzar a pensar en el bien mayor, después de todo, si tomamos en cuenta que cuando ocurre un desastre natural el lugar pierde miles de visitantes al día,  los turistas afectados serán una mala referencia, sale más barato prevenir y evacuar, que remediar.

Los Cabos imparable

Cuando el huracán Odile llegó a las costas de Baja California Sur el 14 de septiembre, el Consejo de Promoción Turística de México (CPTM) se puso a trabajar al mismo tiempo que las autoridades de protección civil. “Nos pusimos la meta de que reactivar el destino en 90 días para el Día de Acción de Gracias”, dijo Rodolfo López Negrete durante una presentación en el Foro Nacional de Turismo.
Para lograrlo, el CPTM inició una campaña en redes sociales que incluyó un video para mostrar al público estadounidense sobre los trabajos de reparación y recuperación de la infraestructura turística en el destino con el hashtag de Los Cabos #Unstoppable (#Imparable) e invitó a celebridades como las actrices Rosario Dawson, Reese Whiterspoon y el conductor Mario López para publicar ‘selfies’ de sus vacaciones en Los Cabos para demostrar que el destino estaba completamente recuperado.

El resultado es que la tarifa promedio de hotel en 2014 no decayó y en lugar de ello, fue 10 dólares más alta que en 2013, de acuerdo con López Negrete.