ENTREVISTA | POR CLAUDIA HIDALGO

JAIME SÁENZ FIGUEROA Doctor en Economía de la UAEM

A 20 años de su aprobación, los mercados están estancados, las empresas que crecieron primero con el proteccionismo y luego con el Tratado de Libre Comercio no tienen otro espectro de mercado. Urge reestructurar el esquema.

“TLCAN necesita de expertos, no políticos con otros fines”

Desempleo
“No hay empleo, solo en el discurso”, afirmó el académico. (Enrique Hernández)

Toluca

A 20 años de vida, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) requiere una amplia reestructura que permita mejores perspectivas económicas para México como las generadas durante los primeros años, con metas reales de empleo, salario y crecimiento.

En entrevista con MILENIO Estado de México, el Doctor en Economía, Jaime Sáenz Figueroa, de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM), advirtió que el tema requiere de mucha transparencia, compromisos de las empresas, el pago real de impuestos, pero sobre todo de un diálogo entre pares, entre expertos en el tema y no políticos que tienen otros intereses.

No se trata de irse a lo rápido, fácil o atractivo, hay que generar metas alcanzables, que los valores agregados se queden en México y los grandes corporativos paguen lo que realmente les corresponde de impuestos para que el dinero se quede en el erario, haya más dinero para invertir y consumir, y arcas para evitar el endeudamiento.

EL ORIGEN

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte tenía como finalidad, recordó, hacer crecer a las empresas, con una producción mayor, que les permitiera tener productos más baratos y buscar mercados en otros países, para impactar tanto a proveedores como maquiladoras, outsourcing, distribuidores y empresas medianas y pequeñas.

Durante los primeros años se vieron frutos. Las empresas canadienses y norteamericanas lograron penetrar al país y las mexicanas a esos mercados. Sin embargo, el tratado nunca se planteó cuál sería la obligatoriedad de los gobiernos para solicitarles resultados.

Se habló de generar empleos, pero la realidad, indicó, es que esto no sucedió, porque 86 por ciento de la generación de empleo en México y Estados Unidos se hace en las pequeñas y medianas empresas.

EL PANORAMA ACTUAL

A 20 años de la firma deeste acuerdo comercial, acotó, los mercados están estancados, las empresas que crecieron primero con el proteccionismo, luego con el TLC ya no tienen otro espectro de mercado porque los consumidores no han crecido como lo hicieron en los años 40, 50 o 60 con niveles de hasta 3.4 por ciento anual y fácilmente se duplicaba la población; hoy, difícilmente llegan a más de 50 por ciento de la población.

"Otro problema del TLC es que estamos inmersos en una economía, no solamente nacional sino regional y la problemática que vemos es que no hay empleo, solo en el discurso, porque la realidad es otra" dijo el economista.

A esto se suma que los niveles salariales en México son más bajos que los más bajos de Estados Unidos o Canadá, lo cual ha originado que las empresas mexicanas hayan adquirido cierto nicho de mercado, pero los grandes corporativos que vinieron a México y las medianas, realmente están sufriendo un estancamiento.

El problema de los salarios, consideró, no es un tema menor, es una realidad, si no hay con qué comprar no se puede hacer crecer la economía. Y a esto se suma que se han hecho indispensables los servicios financieros y de telecomunicación que son bastantes caros.

La realidad es que se ha regresado al proteccionismo, incluso en Estados Unidos, que ha apoyado la crisis inmobiliaria y la automotriz, porque sus grandes corporativos estaban en quiebra y había que salvarlos, porque ese flujo de mercancías acarrea flujo y cuando el dinero se queda estancado en una sola sección no se agiliza la economía.

"Estamos en crónica de un estancamiento anunciado porque no se da el Tratado de Libre Comercio en condiciones semejantes a la Unión Europea" consideró el economista.

EL NUEVO RUMBO

A dos décadas, expuso, es necesario reestructurar el acuerdo comercial entre México, Estados Unidos y Canadá. Hace falta proteger a las empresas con nombre y apellido, no por su tamaño, pero con una claridad y transparencia absoluta, y sobre todo bajo condiciones que las obligue a generar cierta eficiencia, eficacia y niveles de productividad.

En México, dijo, parece que a nadie le importa si hay logros o no, se apoya sin condición alguna, como se hace en Japón. Es necesario tener visión de lo que va a pasar, lo cual no se ha hecho del todo, en temas como el energético o las telecomunicaciones.

Éstas, apuntó, van a atraer a corporativos norteamericanos y poder vender a menor precio más producto, el problema es que todos los valores agregados no se quedan en el espacio nacional sino vienen del extranjero y se regresan allá todos esos beneficios.

Al final, habrá un crecimiento, de dos o tres años por telecomunicaciones, la situación energética, pero después será a niveles muy bajos. México actúa en este aspecto como un comprador compulsivo, con tarjeta de crédito, aceptando ofertas sin hacer cuentas del monto de los intereses y la cantidad total que tendrá que pagar el día de mañana.

"Se van rápido a lo fácil, el deudor al crédito, van a la casa de empeño, el gobierno a los impuestos, pero el problema más grave que tenemos con la reforma fiscal es que no hay nada para que los grandes corporativos paguen impuestos como deben, todos ellos pagan de un 30 a un 48 por ciento menos de lo que deberían pagar" señaló el universitario.

Hay empresa que pueden anular hasta el 90 por ciento de sus impuestos porque tienen concesiones para comprar nueva maquinaria y equipo, pero todo viene del extranjero, de la frontera sin generar beneficios para la economía nacional, sino a los grandes corporativos extranjeros.

LOS CAMBIOS URGENTES

Señaló que es necesario verificar donde están dejando perder dinero, dentro de la reforma de telecomunicaciones y energética para hacer un gravamen. Lo significativo, subrayó, no es formalizar a los informales porque no resultan significativos como ingreso, lo realmente útil es que los grandes corporativos de verdad paguen los impuestos que corresponden, igual que lo hacen con un profesionista con actividad empresarial a quien le quitan la tercera parte de sus ingresos.

No se trata de subir los impuestos, sino aplicarlos y cobrarlos bien. Tener en cuenta que no solo los corporativos extranjeros se llevan la riqueza del país, sino los mismos mexicanos, grandes empresas que no pagan ni el 10 por ciento de lo que realmente deberían pagar.

Si pagan bien los impuestos esos recursos se quedarían en el erario público, se abaratan los impuestos a las masas y hay más dinero para invertir y consumir; hay arcas para evitar el endeudamiento.

El tema es así de simple cuando se habla entre expertos, entre pares, no entre políticos que tienen otro interés, y para quienes el discurso tiene más peso que la realidad, para quienes la congruencia es un tema olvidado.