Relajamiento en Volkswagen, en el corazón del escándalo

Expertos en gobernanza afirman que el engaño era predecible, por el débil control administrativo y su cultura corporativa.
La planta de Volkswagen en Wolfsburgo.
La planta de Volkswagen en Wolfsburgo. (Axel Schmidt/Reuters)

Fráncfort y Wolfsburg

La decisión de Volkswagen para nombrar presidente a un ejecutivo de largo tiempo subraya una vez más la cultura y gobernanza corporativa de la compañía, que algunos expertos afirman fueron la raíz que provocó el escándalo de las emisiones en los motores diésel.

Los altos directivos anunciaron el jueves pasado que Hans-Dieter Pötsch —director financiero de VW desde 2003— ocupará el cargo de presidente en las próximas semanas, con lo que se llenará el puesto que dejó vacante el patriarca Ferdinand Piëch, quien renunció en abril.

Hans-Christoph Hirt, director de Hermes Equity Ownership Services —asesor de inversores de fondos de pensión en empresas que incluyen a VW— dijo que el nombramiento crea un “serio conflicto de interés”.

“(Pötsch) fue un ejecutivo clave en VW durante más de una década y bajo la ley alemana, la junta de administración tiene una responsabilidad colectiva... los abogados seguramente exigirán que se abstenga de participar en las reuniones de la junta de dirección cuando se discuta el papel de la administración”, dijo Hirt.

Al comparar la respuesta de VW a la que dio Siemens cuando tuvo que lidiar con un enorme escándalo de sobornos en 2006. Por primera vez en sus 150 años de historia el conglomerado alemán de ingeniería nombró a un presidente (Gerhard Cromme, de ThyssenKrupp) y a un director ejecutivo (Peter Löscher, de Merck en EU) externos a la compañía.

Juntos transformaron la cultura de Siemens, y Cromme tomó acciones legales contra antiguos ejecutivos de Siemens por no detener los sobornos. “¿Cómo se supone que Pötsch pueda hacer eso?”, pregunta Hirt.

VW admitió que durante años instaló un software en sus motores para que pudieran pasar las pruebas de emisiones de laboratorio, pero ya en camino expulsaban peligrosos óxidos de nitrógeno.

Martin Winterkorn renunció el mes pasado a su puesto de director ejecutivo; insistió en que no sabía nada del engaño, el cual los analistas estiman puede costarle a VW miles de millones de euros en multas, demandas y costos por retiros de vehículos.

Con la ayuda de una firma de abogados, VW inició una investigación interna y denunció las malas prácticas a los fiscales.

Sin embargo, los expertos en gobernanza afirman que el engaño era predecible a causa de los relajados controles de la junta de administración de VW y a una peculiar cultura corporativa.

“El escándalo claramente también tiene que ver con cuestiones estructurales... durante años hubo advertencias sobre la gobernanza corporativa de VW, pero no las tomaron en serio, y ahora se puede ver el resultado”, dice Alexander Juschus, director de Ivox, el asesor alemán de consejeros independientes.

Incluso antes del escándalo del diésel, las acciones de VW operaban por debajo de otros fabricantes de automóviles, en parte debido a las preocupaciones sobre la gobernanza. Un ex presidente de una importante empresa industrial alemana dice: “Alemania tiene problemas de gobernanza corporativa, pero VW es particularmente terrible”.

La falta de diversidad de opiniones y experiencia se mantiene como debilidad clave en la junta de supervisión de la compañía, dicen los expertos. El consejo de directores de 20 miembros —divididos de manera equitativa entre los accionistas y los representantes sindicales— es responsable de contratar y despedir a los ejecutivos, ofrecer asesoría a la administración y monitorear sus acciones. Sin embargo, 17 de los 20 miembros son alemanes o austriacos y la junta de directores solo tiene una verdadera voz independiente, Annika Falkengren, presidenta ejecutiva del banco sueco SEB.

Muchos de los otros directores son representantes de los tres mayores accionistas: las familias Porsche y Piëch, el estado de Baja Sajonia, y Qatar. En 2012 VW nombró a Ursula Piëch —una ex profesora de jardín de niños y esposa de Piëch— para su consejo de supervisión. Desde abril renunciaron los dos.

“A la junta de supervisión de VW le falta gente con la experiencia y las capacidades necesarias y —de manera significativa— independencia”, dice Hirt.

Los inversionistas externos solo tienen 12 por ciento de las acciones con derecho a voto y, por lo tanto, “no pueden cambiar nada”, de acuerdo con Juschus.

Los directores de otras empresas alemanas a menudo se reúnen con los inversionistas, pero el acceso a Piëch era muy limitado. No siempre fue así. Hace 10 años la junta de supervisión de VW todavía contaba con luminarias externas, como Cromme, el autor del código de gobernanza corporativa de Alemania.

Pero Cromme renunció a VW en 2006, cuando Piëch utilizó los votos de los trabajadores para lograr que un sindicalista fuera el jefe de personal, contra los deseos de algunos representantes de los accionistas en la junta. La influencia de empleados en VW se mantiene mucho mayor a la de cualquier otra gran empresa alemana.

La respuesta del fabricante de automóviles a la crisis por el escándalo de las emisiones diésel la dirige un pequeño comité de altos directivos, y tres de los cinco miembros son representantes sindicales.

Ferdinand Dudenhöffer, experto automotor de la Universidad de Duisburg-Essen, describe a Bernd Osterloh, el representante sindical de VW, como una especie de “coadministrador” que “domina a la junta de supervisión”.

Debido a la falta de candidatos idóneos entre los representantes de los accionistas en la junta, el presidente interino de VW actualmente es Berthold Huber, ex jefe del sindicato IG Metall.

A pesar de todo, estas cómodas relaciones tienen sus ventajas —en tiempos de crisis la administración puede contar más fácilmente con el respaldo que necesita para implementar cambios, como recortes de costos—, los críticos dicen que representan un pacto fáustico donde los administradores protegen los empleos alemanes a cambio de apoyo.

VW tiene casi 600 mil empleados, pero su junta de administración está compuesta totalmente de hombres. Bajo la gestión de Piëch y Winterkorn, la toma de decisiones de VW estaba muy centralizada y los ejecutivos de menor nivel temían dar sus opiniones.

20

Cantidad de miembros de directores que es responsable de contratar y despedir a los ejecutivos, ofrecer asesoría a la administración y monitorear sus acciones

600 mil

Empleados con los que cuenta la plantilla de Volkswagen; sin embargo, su plantilla de administración está compuesta exclusivamente de hombres