Reformarse es la táctica china para crecer

El gigante asiático busca implementar 60 cambios para consolidar su desarrollo y mejorar su imagen frente al contexto global.
Un hombre cuelga banderas nacionales como decoración en un parque, en vísperas del Día Nacional, en Pekín.
Un hombre cuelga banderas nacionales como decoración en un parque, en vísperas del Día Nacional, en Pekín. (Reuters/China Daily )

Pekín, China


En China, cualquier cifra es de vértigo y asombro, muchas veces hasta para funcionarios de alguna de las miles dependencias del gobierno, quienes ofrecen números y más números y los desmenuzan para explicar por qué el gigante asiático es la mayor economía del mundo y los retos que enfrenta como nación en su camino a una nueva serie de reformas para seguir creciendo.

Por su producto interno bruto (PIB), la economía China ocupa el segundo lugar en los rankings más consultados (FMI, Banco Mundial, WEF…). Las cifras más actualizadas (las del Fondo Monetario Internacional de abril de 2015), señalan que el PIB de Estados Unidos llega a 18.1 billones de dólares y el de China a 11.2 billones. México en este ranking es el 13, con un PIB de 1.2 billones de dólares, en tanto que el de Brasil es de 1.9 billones.

En cuanto al PIB per cápita, a números de 2014 del FMI, EU es el décimo, con un reparto de 54 mil 600 dólares por habitante, muy por debajo de los que registra Luxemburgo, el primero, con 111 mil 700. China aquí marcha en el lugar 79, con 7 mil 600; Brasil es el 60, con 11 mil 600 y México es el 65, con 10 mil 700. La media global es de 10 mil 880 dólares por habitante.

“Somos un país con una economía con resultados impresionantes en términos internos pero que al dividirlos entre nuestra enorme población señala que seguimos siendo emergentes y hasta pobres”, dice Liu Junjie, profesor del Departamento de Sistemas Sociales de la Escuela del Comité Central del Partido Comunista chino, durante un seminario de las comunicaciones en los mercados emergentes.

Por ello el país requiere reformarse, agrega, “seguir cambiando para no perder la senda del crecimiento”. Y además de generar igualdad de oportunidades individuales, afirma que dentro de su política de crecimiento y transición al capitalismo bajo el control del PC, el gobierno apuesta a crear empresas que duren 100 años.

UN GRAN HERMANO

En este sentido, el gobierno y el PC chinos están embarcados en promover la imagen de un país que si bien representa la segunda economía global, busca instalarse como un intermediario de peso entre las economías desarrolladas y las de los mercados emergentes.

“China ya ha aprendido del mundo y es hora de que el mundo aprenda de China”, dice Jiunjie, haciendo eco a las palabras del líder reformista Deng Xiaoping, quien tras la muerte de Mao Tse Tung en 1976 abanderó el camino del gigante asiático hacia la apertura de su mercado refiriendo que llegaba la hora de que el mundo supiera de China.

Por su parte, Mingwei Zhou, presidente del China International Publishing Group (CIPG), una agencia que difunde las políticas públicas del país, dice que China apostará su capital diplomático para ampliar la cooperación bajo un esquema multipolar.

Según Zhou, tras el fin de la Guerra Fría, pasando por el episodio del 9/11 en Nueva York y las crisis que se han desatado desde entonces (energéticas, de seguridad y financieras) China demostró ser una nación confiable que se dedicó a crecer económicamente mientras los países capitalistas sufrían los embates de dichos fenómenos.

“En 1978 (cuando llegó el reformista Xiaoping al poder) el PIB per cápita era de 300 dólares, y ahora supera los 7 mil”, afirmó, añadiendo que con el enorme potencial de la mano de obra en este país de 1.3 mil millones de habitantes, el país se ha consolidado como “la fábrica del mundo”. “China representa ahora 25 por ciento de las manufacturas globales”, dijo Zhou.

Pero en un momento de autocrítica, Zhou señala que el haber brincado del lugar 14 al 2 en términos económicos en apenas 5 años le ha pasado una fuerte factura a China.

“Hemos pagado un precio muy alto por ser la fábrica del mundo en términos de contaminación de nuestro aire, el agua, la dilapidación de nuestros recursos…”

Por ello, afirma el siguiente paso para China es consolidar el paso reformista y la apertura, abrazar la sustentabilidad, apoyar la ciencia y la tecnología, e innovar. Ante ello, se atraviesan varios retos, como el de la brecha salarial que se va abriendo en el país, generando desigualdad en un estado que se preciaba de no tener clases sociales.

Innovar sin cambiar

El profesor Jiunjie se refiere a “desventajas” de este modelo de desarrollo, más que a retos, siendo las mayores el desbalance en el reparto de la riqueza, “la codicia” de las generaciones más jóvenes que ya no quieren ahorrar sino gastar, y el desperdicio de los recursos.

En este sentido, el Instituto Global de la consultora McKinsey afirma que la prioridad actual de China debe ser innovar.

“Con una población que se avejenta, una deuda que crece y menores ganancias por sus inversiones, China debe promover la innovación a gran escala para asegurar el retorno a un futuro de alto crecimiento”, dice la consultora en el estudio El efecto de China en la Innovación Global.

Asimismo, advierte que el impacto de la innovación en el crecimiento del PIB de China ha declinado en años recientes. El estudio señala que de 1990 a 2010 el factor de “productividad multifactorial”, que incluye nuevos procesos, representaba entre 40 y 48 por ciento del crecimiento del PIB. Sin embargo, asevera que los últimos cinco años, bajó a 30 por ciento.

Por su parte, Gordon Orr, del Consejo Británico en China, ha escrito que él sigue siendo un ferviente creyente de la economía china pues con su enorme PIB de más de 10 mil mdd sigue creciendo más rápido que la mayoría de las 20 naciones más desarrolladas.

Orr afirma que en China se aproxima una nueva revolución laboral y de consumo sobre todo por servicios que antes ni existían, como cuidado de los ancianos o entrenamiento para cambio vocacional.

Asimismo, para replantear su lugar en el mundo y mostrar que acumular años de crecimiento es posible, Zhou, el presidente del China International Publishing Group, dice que el gigante asiático debe reafirmar su vocación reformista e invertir en cambiar su imagen por medio de la diplomacia pública.

“China ha ganado en confianza” afirma. Por ello, el gobierno de su país dedicará recursos para difundir los grandes cambios que se han generado en su país así como demostrar que es un “gigante noble” que quiere enseñar lo que ya sabe que funciona.

Como quiera, en el país hay una serie de reformas que podrían seguir cambiando la cara que quiere mostrar.

Es Jiunjie, de la escuela del PC, quien refiere que hay por lo menos 60 procesos de cambio en China. La búsqueda no parará, dice, hasta no atacar los monopolios, bajar los sueldos y privilegios de los ejecutivos de las empresas públicas, elevar el ingreso de las familias, conseguir que los ricos paguen impuestos, mejorar los servicios sociales y vencer la desigualdad.

“Si no conseguimos todo esto —dice—no es socialismo lo que estamos viviendo”. m