Quiere ser "O Rei" de Brasil… y no es Pelé

El tataranieto del último emperador del país sudamericano busca reinstaurar la monarquía como supuesto remedio a la crisis política.
Dom Bertrand.
Dom Bertrand. (Especial)

Con rejas en las ventanas y manchas tenues en sus paredes verde menta, la propiedad alquilada de dos habitaciones cerca del estadio de Pacaembú de Sao Paulo no parece digna de un rey.

Un Toyota Corolla ocupa un puesto de honor al final de la calle. En el interior, hay pilas de trastes lavados en una estrecha cocina. El baño vacío de la planta baja cuenta solo con una lata de desodorante ambiental Airwick mientras que, en el patio trasero, unas camisetas de hombre empapadas se mecen suavemente con la brisa.

Esto no es lo que los lectores esperan ver en un artículo sobre el ilustre “Príncipe Imperial de Brasil”, heredero del extinto trono.

La casa parece un museo de bajo presupuesto. Retratos familiares de los monarcas junto a reliquias religiosas y una réplica de una corona de espinas de Jesús. El único distintivo moderno es una máquina de tarjeta de crédito, lista par a aceptar donativos de los visitantes del creciente movimiento monárquico de Brasil que creen que la única forma de resolver la actual crisis política es restablecer la familia real. El residente de la casa baja por las escaleras de madera.

“¿Su alteza?” Le pregunto. El hombre de 75 años ni siquiera se inmuta con la fórmula grandilocuente. Su nombre completo es Bertrand Maria José Pio Januário Miguel Gabriel Rafael Gonzaga de Orleans e Bragança e Wittelsbach; pero él prefiere solo Bertrand Maria José Pio Januário Miguel Gabriel Rafael Gonzaga de Orleans e Bragança. Quedamos en Dom Bertrand.

Empezamos confirmando su reclamación real. Es el tataranieto de Pedro II, el último emperador de Brasil, cuyo abuelo, el rey Joao VI de Portugal (el tatara tatarabuelo de Dom Bertrand) huyó a Brasil con el resto de la corte portuguesa en 1807 para escapar de Napoleón.

En una de las dulces ironías de la historia, nació en Francia después de que su abuelo huyó a ese país cuando derrocaron a la monarquía en 1889, explica en su perfecto portugués que se distorsiona un poco con su fuerte acento francés.

Brasil estuvo bajo un régimen real durante casi 400 años, primero como colonia portuguesa, a partir de 1500, después brevemente como sede del reino de Portugal, y finalmente como imperio independiente a partir de 1822.

A pesar de ser el tercer hijo de 12, muchos consideran a Dom Bertrand como el heredero del trono. Su hermano mayor, Dom Luiz, de 77 años, con el que comparte la casa, es enfermizo y no siempre aparece en público. Su otro hermano mayor se casó con una plebeya, por lo que renunció al instante al trono.

Mientras cambiamos a su tema favorito —la supuesta caída inminente de la república brasileña— Dom Bertrand se alegra considerablemente.

El proceso de juicio político contra la presidenta Dilma Rousseff, a quien suspendieron de su cargo a principios de este mes, y la participación del Partido de los Trabajadores (PT) en el mayor escándalo de corrupción en la historia de Brasil, son pruebas de lo que dice desde hace décadas: que la república es una mala idea.

En el siglo XIX se abolió la monarquía y el escudo de armas de la familia real fue sustituido por la bandera nacional verde y amarilla de Brasil y el lema “Orden y progreso”. Sin embargo, desde entonces todo ha sido una secuencia de desordenadas crisis económicas.

La investigación sobre el caso de corrupción de Petrobras, por ejemplo, trajo un desorden incalculable a la mayor economía de América Latina, pero también se considera un momento de decisivo en el progreso del poder judicial.

Dom Bertrand no está convencido. “Una república corrompe”, dice. “La reina Isabel no necesita comprar votos y su nivel de popularidad no lo tiene ningún jefe de Estado”. Los brasileños adoran a la familia real británica. Con eso deduce de que deben querer la suya, agrega.

Señala las manifestaciones contra el gobierno, donde los manifestantes descargan su enojo, no sólo con el PT, sino con los políticos en general. Dom Bertrand en algunas ocasiones incluso se enfrenta con la multitud para tomarse selfies con los simpatizantes de la monarquía.

Si bien hay un creciente número de brasileños que piden la restauración de la familia real, otros exigen el regreso de los líderes militares, una muestra, dicen algunos, de la desesperación y la quiebra intelectual de su sistema político.

Después de la destitución del presidente Fernando Collor de Mello en 1992 por cargos de corrupción, se realizó un referendo constitucional para decidir la forma de gobierno del país. Casi 7 millones, aproximadamente 10 por ciento de los votantes, querían una monarquía.

Las páginas de Facebook que piden este regreso actualmente atraen únicamente a 25 mil seguidores, pero Dom Bertrand está convencido de que con una campaña de financiamiento suficiente, puede ganar un referendo.

Después de regresar a Brasil a los cuatro años, creció en Paraná, el estado agrícola del sur de Brasil antes de mudarse a Sao Paulo para estudiar derecho. Fue aquí donde se acercó a los terratenientes y agricultores del país.

El crecimiento de Brasil en la última década se dio gracias a los heroicos esfuerzos para satisfacer la demanda de China de materias primas, dice. “No gracias al PT, fue a pesar del PT”.

Si bien insiste que la restitución de la monarquía no sería partidista, no oculta su desprecio por el partido que gobernó Brasil durante 13 años hasta este mes. Son “marxistas” que quieren “convertir a Brasil en una república soviética” y “paralizan el progreso agrícola porque a los comunistas les gusta la miseria”.

Cuando cae la noche en la anticuada casa, empezamos a hablar de los aspectos prácticos de ser un rey. Para empezar, la corona se tendría que recuperar del museo del palacio imperial en Petrópolis, cerca de Río de Janeiro. Le pregunto si dejaría el Toyota y las paredes verde menta y se mudaría allí. Dom Bertrand se ríe, me mira con un aire de incredulidad. “Esa solo era la residencia de verano”, dice. “Hay algunos palacios muy agradables en Brasilia”.

VISIÓN

Dom Bertrand prefiere el estilo “elegante y digno” de la Reina Isabel sobre el de Kate Middleton, Duquesa consorte de Cambridge.

ESTUDIO

Asegura que pasa su tiempo libre leyendo sobre historia y figuras religiosas, pero se reconoce fan de la serie Downton Abbey.

POSTURA

Afirma que el calentamiento global es un mito que crearon los “rojos” y niega que haya situación de esclavitud en plantaciones de caña.