REPORTAJE | POR FEY BERMAN

Pro Mujer: más que Microfinanzas

Plataforma de capacitación y liderazgo

El sistema crediticio fundado en Bolivia en 1990 para el empoderamiento económico femenino es hoy un programa promotor de la conciencia y la salud de miles de trabajadoras latinoamericanas.

Ciudad de México

El patriarcado, con sus roles tradicionales de género, ha hecho que la mayoría de las mujeres del planeta dependan de los hombres haciéndolas vulnerables a la discriminación y por ende, a la pobreza y a la violencia. En Latinoamérica habitan 330 millones de mujeres de las que 200 millones viven en pobreza extrema, la mayoría de ellas trabaja sin reconocimiento o pago.

Hace 23 años, Lynne Patterson, una estadunidense especialista en educación temprana, junto con la psicóloga boliviana Carmen Velasco, formularon una plataforma de capacitación laboral y de liderazgo para un grupo de madres sin recursos de una zona periurbana cercana a la capital de Bolivia. Crearon reuniones para que las mujeres intercambiaran ideas, se apoyaran y dieran aliento. Con el tiempo, su programa se convirtió en Pro Mujer, organización que en Latinoamérica a ayudado a un millón 600 mil mujeres a volverse dueñas de su destino.

Esta red opera ya en cinco países de América Latina, incluido México

Sobre esta organización y sus acciones conversé con Lynne Patterson y con la regiomontana Leila Freedman, ahora Directora de Alianzas Estratégicas de Pro Mujer.

CÓMO SURGIÓ PRO MUJER

Patterson relata que llegó a Bolivia con su marido, contratado para trabajar en La Paz como economista. UNICEF tenía organizados en ese país tres mil clubes de madres a través de los que se repartía alimento a niños menores de seis años. La psicóloga Carmen Velasco desarrollaba un programa de educación infantil para ellos. Lynne conoció a Carmen y decidieron irrumpir activamente en el ciclo perpetuo de pobreza y desigualdad entre los géneros.

Lynne cuenta sus dudas: ¿Qué hacer con estas mujeres?, ¿cómo presentarles información ya que carecían de educación formal? Estas consideraciones determinaron que debían implantar una metodología participativa para que las madres se "volvieran expertas en sus propias vidas".

Empezaron con cuatro clubes con cerca de 30 mujeres cada uno en la Ciudad El Alto. Cada semana se reunían con las madres en escuelas, jardines o casas, para que las mujeres pensaran y hablaran de sí mismas mientras encargaban a los niños con una cuidadora.

Lo primero fue hacer que las mujeres respondieran a la pregunta ¿quién soy yo? Lo que sucedió las dejó atónitas. "Nadie les había hecho antes esa petición". Hasta entonces, "siempre habían sido utilizadas como medio para otro fin". Por primera vez, se les pedía pensar en sus propias vidas. Hacerlo, les hizo darse cuenta que no habían tenido oportunidades para desarrollar sus propias destrezas. Lloraban recordando que cuando sus hermanos se iban a la escuela, ellas se quedaban en casa ayudando a sus madres en los quehaceres del hogar.

Ha ayudado a un millón 600 mil jefas de familia en más de 25 mil centros de apoyo

Las conversaciones llevaron al establecimiento de metas propias, al conocimiento de sus derechos y a soñar en quiénes querían ser y cómo debían cambiar la crianza de sus hijas. "Ese fue y es el motor de Pro Mujer. Después de 23 años, yo creo que ahora vemos un cambio generacional".

Patterson comenta que después de seis meses de pláticas, ellas expresaron su deseo de ganarse la vida. Pero no estaban capacitadas para trabajar y aún si lo hubieran estado, no existían empleos disponibles. La solución fue ayudarlas a crear negocios propios. Por esta razón integraron a las reuniones un programa de capacitación enfocado en la independencia económica, además de un sistema de pequeños préstamos. "Otorgar préstamos y créditos en lugar de donaciones de alimento fue un gran acierto. Al empezar a crear negocios que producían ingreso, al ganar dinero, las mujeres dejaban de ser dependientes e iban mejorando su autoestima".

Para otorgar préstamos, Lynne y Carmen se vieron en la necesidad de adquirir fondos y convertir el programa de ayuda en una organización formal que nombraron Pro Mujer y que registraron en Washington. Adquirieron dinero de los gobiernos de Bolivia y Estados Unidos y luego de instituciones privadas de varios países.

Dado que las mujeres que acudían a la organización eran tan pobres que no tenían ninguna pertenencia que sirviera de aval, adoptaron la metodología de Yanus. Lynne especifica: "Los pagos de los préstamos se garantizaban con su propio trabajo y en forma comunal". Es decir, aunque los préstamos eran individuales, cuando una mujer no podía hacer un pago, su grupo le cubría la diferencia.

Este sistema, aclara Lynne, se sigue usando en Pro Mujer porque funciona: protege a las mujeres de pérdidas. Cabe mencionar que también protege de pérdidas a la organización. Pero Patterson subraya que aún más importante es que "hace a las mujeres responsables" y "el asegurar que los préstamos se paguen entre ellas, comunalmente, promueve la solidaridad del grupo". Las consecuencias son profundas.

Cuando empezaron a dar préstamos, los problemas de salud de las mujeres se interponían en sus esfuerzos para generar ingresos y cuidar a los hijos. Para sobrepasar este obstáculo, hicieron que el centro de superación personal y financiero funcionara también como un lugar de atención médica y de impartición de talleres sobre salud.

Intentaron formar alianzas con las agencias de salud pero fue "decepcionante: los servicios públicos eran malos, mal atendidos, había discriminación". Por eso, decidieron dar servicios de salud en sus centros ofreciendo consultas con servicios básicos de salud reproductiva. "Las mujeres estuvieron encantadas, porque los médicos de Pro Mujer las trataban muy bien, no las maltrataban por ser indígenas". Hoy, Pro Mujer incluye la detección de diabetes, hipertensión, obesidad y cáncer de mama y cervicouterino.

Con algunas variaciones de acuerdo a las necesidades de cada comunidad, los talleres de capacitación personal, financiera y de salud, el sistema de préstamos y las clínicas de salud, que fueron establecidos por Patterson y Velasco, se replicaron en Nicaragua, Perú, México y Argentina.

Un paréntesis: la organización ha tenido algunos clientes hombres. Sin embargo, se dieron cuenta que, con ellos, los grupos no funcionaban. Hoy son menos de 5 por ciento. Freedman señala que "hubo alguno que aprendió algo pero querían controlar todo. Es demasiado difícil tratar de disolver el machismo y además nuestra misión siempre ha sido empoderar a la mujer. Lo que hemos buscado es compensar siglos de discriminación".

Señala que ayudar a mujeres, en lugar de a los hombres, tiene grandes ventajas. Invertir en la mujer tiene un impacto enorme en la familia y en la comunidad. "Y es que la mujer no se escapa, no abandona, se queda con la familia. Si ayudas a la mujer, ella se convierte en agente de cambio. Los estudios demuestran que las mujeres reinvierten la mayor parte de su ingreso en sus familias y se vuelven modelos a seguir para sus hijas". Cuando las mujeres prosperan, toda la sociedad se beneficia y el beneficio es duradero.

PRO MUJER HOY

Hoy existen 25 mil 845 Centros Pro Mujer en cinco países. En cada centro se reúnen varios grupos de mujeres. Al principio, se congregan semanalmente y dependiendo de la capacitación adquirida y los montos de los préstamos, poco a poco con menos frecuencia. Freedman explica que cuando se inicia un grupo, todas las integrantes reciben el mismo monto. Con el tiempo, el monto del préstamo varía de acuerdo a la historia crediticia de cada persona.

Lynne dice que las señoras llegan con mucho miedo. Después de pasar por varias reuniones, empiezan a saber expresarse, a conocerse y a adquirir destrezas. Se les presta dinero. Lo invierten en un negocio. Aprenden a pagar a tiempo, a calibrar la competencia. Con el apoyo de su grupo, hacen que su negocio crezca. "Esta es 'la escuela', 'la universidad' de Pro Mujer. El proceso culmina cuando "las clientas se puedan graduar para la inclusión financiera y son 'elegibles' para un préstamo de la banca formal".

Cada grupo elije su nombre. Sus nombres son reveladores. Uno se llama Las Poderosas, otro Las Divas, un tercero, Esperanza. Cada grupo elige a una presidenta, una secretaria y una tesorera. Las posiciones se rotan para que todas las integrantes tengan oportunidad de desarrollar destrezas de liderazgo y comunicación y para que el grupo se vuelva solidario y se apoyen mutuamente.

El apoyo grupal es "un asunto clave para la metodología de la organización, ellas mismas van animándose, apoyándose y dándose cuenta de que no están solas. "Creemos que el impacto es enorme. La mujer cambia la manera de verse a sí misma. "Deja de ser una persona pasiva". Se transforma en "una mujer que toma control de su vida". Son mujeres que no solo están siendo productivas, también adquieren orgullo, valor y confianza en sí mismas; no van a permitir abusos de sus maridos ni de su comunidad.

A propósito, Patterson revela que en algunos grupos han sacado a los esposos abusivos, diciendo "no aceptamos eso". "Ser parte de un grupo cambia a las mujeres porque saben que tienen el apoyo de fuera. El grupo las fortalece. Es un (fenómeno) poderoso. Impacta en la mujer y su grupo, en sus familias y comunidades.

Aunque guiadas por asesores, las mujeres toman todas las decisiones. Freedman dice: "El asesor es un facilitador, interviene si hay complicaciones, es un mentor". De los dos mil empleados de Pro Mujer, 80 por ciento son mujeres y 13 por ciento fueron antes clientas de la empresa. Es decir, muchas empleadas y clientas son la misma gente. Además, comparten la misma misión. Por eso, es fácil que las empleadas se identifiquen con los obstáculos de las clientas y que las clientas vean a las empleadas como modelos a seguir. Leila agrega que al emplear clientas graduadas "Pro Mujer genera empleos en las mismas comunidades en las que opera".

Freedman comenta algo curioso: "Aunque algunas mujeres ya puedan ir a Bancomer, piden un prestamito de 500 pesos porque quieren seguir con Pro Mujer, pues así continúan recibiendo capacitación y servicios de salud. Ahora a esas mujeres, en lugar de darles préstamos comunales, les ofrecen préstamos individuales.

Patterson explica que este fenómeno está permitiendo expandir y mejorar los servicios de Pro Mujer. Por ejemplo, en este momento "queremos ofrecer servicios de ahorro, préstamos de diferentes tipos y seguro de salud".

Freedman indica que en Nicaragua y Perú ya está ofreciendo un seguro de salud que cuesta dos dólares al mes y que la gran ventaja de Pro Mujer es que tiene una plataforma de distribución pulverizada muy amplia. "Somos como la Coca-Cola, estamos en todos los rincones, en todos los pueblitos, en todas los lugares donde un banco como Bancomer o empresas de micro finanzas más grandes que nosotros nunca van a querer llegar. Como tenemos presencia regional en cinco países, sirviendo a más de un cuarto de millón de mujeres, muchas corporaciones quieren tener alianzas con nosotros".

El FUTURO DE PRO MUJER

Desde hace cinco años, Pro Mujer está dirigida por la mexicana Rosario Pérez. Su experiencia de más de 20 años en puestos de liderazgo en la banca privada, que culminó con la dirección de la División de América Latina de J.P. Morgan/ Chase, está siendo fundamental para Pro Mujer. Razona que las habilidades de Pérez como líder corporativa y financiera están permitiendo sistematizar, unificar y uniformar los programas de la organización volviendo más eficiente y extensa la oferta de servicios tecnológicos, de recursos humanos, de comunicación y de salud.

Cuando le pregunto a Lynne sobre las nuevas iniciativas de Pro Mujer, platica que sus nuevas alianzas con Plaza Sésamo y la Clínica Mayo fueron anunciadas en la última Conferencia de Clinton Global Initiative celebrada en septiembre. "Nosotros tenemos clientas leales que confían en nosotros. Esta posición nos permite cambiar su comportamiento y lo que ellas les enseñan a sus hijos. Plaza Sésamo es una organización experta en crear mensajes sociales. Unidos creamos una campaña que fomenta tomar agua en lugar de refrescos". Se trata de un asunto de importancia ya que Pro Mujer ha detectado que más de 53 por ciento de sus integrantes en Nicaragua y en México son obesas.

Sobre la alianza con la Clínica Mayo, Lynne dice que permitirá hacer diagnósticos a distancia, posibilitando que los médicos de Pro Mujer reciban la información más avanzada para tratar a las clientas. Considera que estas y futuras alianzas harán que Pro Mujer se vuelva intermediaria entre el mundo moderno y el mundo de las mujeres a las que presta servicios.

Una de cada tres mujeres latinoamericanas ha sido víctima de la violencia física y 16 por ciento de la violencia sexual. En ese contexto, Pro Mujer es una iniciativa crucial: ha proporcionado sus servicios a más de un millón 600 mil mujeres y a sus seis millones 400 mil familiares. En este momento, Pro Mujer atiende a 270 mil clientas. Puede verse perfiles de algunas de las más exitosas en Youtube. Ojalá siga difundiendo el bienestar.