Portland: paraíso cervecero y de vinos

Esta ciudad es una meca de 'foodies' y 'hipsters' donde muchos negocios elaboran sus propias bebidas alcohólicas.

Casi todo el mundo en Portland, Oregon, desde los chefs hasta los asistentes de compras están increíblemente bien informados sobre la comida. Una pequeña pregunta sobre los buenos restaurantes de la ciudad, que hice al primer taxista con el que me topé, terminó en una perorata interminable sobre quién prepara el mejor plato de charcutería hasta el bar de cocteles más interesante.

La obsesión por la comida se encuentra aquí: mercados, camiones de tacos, ventanillas de waffles. Tal como se ve en Portlandia, el show de comedia, en donde algunos neo-hippies un poco tontos se dedican con abrumadora seriedad a seleccionar una kombucha (té fermentado) y cervezas artesanales.

De los casi 600 mil habitantes de Portland, la mayoría vive al este del río Willamette, en cuyas orillas se fundó la ciudad a mediados del siglo 19. Aunque no está exenta de inequidad y pobreza, al parecer está dominada por los fanáticos del ciclismo, los entusiastas de las cervezas tipo ale, y los devotos del buen comer. Todos ellos supuestamente son resultado de la evolución de una generación fallida de niños del boom de las puntocom que llegaron a Portland en los 90 por la promesa de su cercanía al mar y las montañas.

Fiel al estereotipo de Portlandia, hay cafés por doquier. La cerveza también es omnipresente: hay 56 cervecerías en Portland, más que cualquier otra ciudad del mundo, según la Asociación de Cerveza Artesanal de Oregon. En cada esquina uno se tropieza con un bar atiborrado de hipsters bigotones sorbiendo sus tarros de cerveza artesanal.

Esto ha creado una vibrante subcultura de “growlers” (tarros regordetes de cerámica que se pueden rellenar y sellar en los bares para llevar a casa una buena bebida de cebada). Bares como Burnside Brewing Company, en el distrito de moda de Burnside, venden su propia marca de growlers y ofrecen rellenarlos por 10 dólares (a un growler por lo general le caben casi 1.9 litros).

Los growlers son muy populares en todo Estados Unidos. Pero tampoco está mal si se piensa que se trata de un invento de Portland por lo bien que se han adaptado a su estética lo-fi (de bajo perfil). Y ahora, los growlers son una moda en la ciudad.

A partir del año pasado, cuando se reformó la legislación estatal, las bodegas de vinos en la zona urbana de Portland también se han convertido en “estaciones de refill”.

Coopers Hall recientemente abrió una bodega y una cervecería en East Burnside, una parte de la ciudad con sus propios elementos aburguesados: tiendas de ropa vintage, hoteles muy hip y muy buenos restaurantes como Le Pigeon, de Gabriel Rucker.

Joel Gunderson, socio de Coopers Hall, explica que “muchos vinateros viven en la ciudad y quieren trabajar en la ciudad en lugar de ir y venir de los viñedos para examinar sus vinos”. La ventaja competitiva de Coopers Hall es que ofrece unos 50 vinos por copeo. Almacenados en barriles, se sirven a través de una increíblemente elegante fachada de dispensadores de acero. “Es una presentación muy joven”, dice Gunderson. “Las botellas tienen su lado romántico pero lo que yo quería era transmitir el romance del vino en barriles. Me gustan las cosas limpias”. Los barriles también ofrecen la ventaja del control de la temperatura.   

El edificio solía ser un taller de reparaciones automotrices y todavía conserva un aire de bodega. Coopers vende como cuatro de sus propios tintos y blancos. Se puede probar de todas las llaves en un vasito  de 2 onzas (pagando de 3 a 9 dólares),  en una copa, o comprar 46cl en un growler para llevar a casa. También ofrecen productos del Valle de Willamette, como el elegante Sauvignon Blanc de Croft, vinos Matello como el Viogner 2012  y vinos Chehalem como el Gamay Noir 2012.

Cerca, en Clay Pigeon Winery, el bar de Cyril tiene una base curva de madera en forma de barrica, con letreros con tipografía retro que presentan los menús y los especiales de comida (incluídas 25 tipos de quesos).

 Algunos hoteles como el  motel Jupiter, remodelado y muy hip, ahora venden growlers con su propia marca y ofrecen mapas para realizar un “tour de bodegas de vino urbanas”. Aunque será difícil competir con la cerveza en Portland, de trago en trago, el vino se está posicionando.