Polonia: más allá del holocausto

Un nuevo museo en el corazón del ghetto judío más grande de Europa celebra la historia de esta cultura en la ciudad de Varsovia.

Polonia

En los lugares en los que se cometió alguna atrocidad las partículas de desolación siguen flotando en el ambiente durante años, como si fueran reproches a la humanidad. Durante más de cuatro décadas, el distrito de Muranów de Varsovia fue uno de estos lugares. El ghetto judío más grande de Europa ocupada por Alemania fue reducido a escombros por los nazis cuando sus habitantes desesperados frente a la deportación y a la muerte segura en los campos de concentración llevaron a cabo una rebelión que duró cuatro semanas en 1943.

En 1948 se erigió el Monumento a los Héroes del Ghetto en un espacio de tierra baldía en Muranów en donde permanece hasta la fecha. Este monumento de piedra y bronce con la forma de un muro tiene un escenario sombrío que se ve todavía más desolador al estar rodeado por los edificios en mal estado, calles mal iluminadas y tiendas semivacías que caracterizaron a Muranów, y a casi todo Varsovia, durante el tiempo que Polonia vivió bajo el comunismo impuesto por los soviéticos.

Con la llegada de la democracia en 1989, la prosperidad y la pintura fresca iluminaron esta parte de la capital polaca que había estado tan abandonada y que había sido testigo de tantas escenas de horror y degradación a mediados del siglo XX. El último y mayor logro fue la apertura formal, el pasado 28 de octubre, del Museo de la Historia de los Judíos Polacos, un proyecto de 120 millones de dólares y audaz tanto en su concepción intelectual como en su diseño arquitectónico.

Sus creadores ubicaron de manera deliberada el museo enfrente del Monumento a los Héroes del Ghetto y es un edificio de vidrio y cobre con un interior muy espacioso lleno de una luz radiante y una pared giratoria. La idea es poner un sello de vida y renovación en lo que alguna vez fue un paisaje devastador.”El museo es un mensaje de esperanza en el lugar del genocidio”, dice Barbara Kirshenblatt-Gimblett, profesora de la Universidad de Nueva York, nacida en Canadá, y que es la directora de la exposición permanente del museo. “Para mí, este proyecto representa a la nueva Polonia”:

Los arquitectos finlandeses Lahdelma & Mahlamäki diseñaron este museo que está haciendo su gran debut en medio de un gran entusiasmo en Polonia para sacar de las sombras la herencia judía de la nación y para fomentar el renacimiento con mayor fuerza de la vida judía en Varsovia y en las ciudades más pequeñas de la provincia. 

A diferencia del Museo del Holocausto en Washington o el Yad Vashem en Jerusalem, el nuevo museo de Varsovia no trata específicamente sobre la masacre de judíos durante la Segunda Guerra Mundial. De hecho, sólo una de las ocho galerías de la exposición permanente  del museo que ocupan una superficie combinada de más de 4 mil metros cuadrados trata del Holocausto.

Los historiadores internacionales y los expertos del museo que desarrollaron la exposición permanente no tienen la menor intención de saltarse el Holocausto. Pero su propósito principal es narrar y celebrar la historia de la civilización judía en Polonia, que empieza con la llegada de los judíos askenazi desde Europa occidental y central durante la Edad Media y llega hasta el renacimiento de las comunidades judías en la Polonia contemporánea. En este recorrido histórico, el Holocausto es sin lugar a dudas el hecho central y más terrible pero se presenta como un elemento más.

En todo momento se entretejen los hilos de la historia judía de Polonia con la del país de tal modo que no es posible imaginar a los judíos sin sus vecinos cristianos y viceversa. “Tratamos de mostrar que la historia de los judíos en Polonia es una parte integral de la historia del país” dice Kirshenblatt-Gimblett.

Un ejemplo es la exposición sobre Michal Landy, un estudiante judío de Varsovia que muríó durante las protestas en contra del zar en 1861 mientras retiraba la cruz que llevaba uno de los manifestantes heridos. La muerte de un muchacho judío mientras sostenía un objeto sagrado para los católicos es un símbolo de la hermandad entre religiones.

Hasta la fecha ninguno otro de los museos de los grandes países europeos o de Estados Unidos ha presentado la historia de los judíos con tanto énfasis en el tema de la integración.  “En otras partes del mundo los museos tienden a enfocarse en el Holocausto, no en los mil años de historia de los judíos en Polonia, como si la vida fuera menos importante que la muerte”, observa Dariusz Stola, profesor de historia y director del museo.

Llama la atención que este enfoque se dé en Polonia,que es el corazón histórico de los judíos. Desde el surgimiento del antisemitismo europeo moderno a finales del siglo XIX, y especialmente a partir del Holocausto, que resultó en la muerte del 90% de la población judía polaca que era de 3.3 millones antes de la guerra.

El gobierno polaco, la ciudad de Varsovia y el Instituto de la HIstoria Judía en Polonia forman una sociedad público-privada, y el museo es parte de un esfuerzo, de más de 20 años, por parte del nuevo estado democrático y de grupos profesionales y sociales para reconstruir la confianza entre la mayoría polaca no judía y los judíos, tanto dentro como fuera de Polonia. La exposición permanente presenta con mucho cuidado los episodios históricos del antisemitismo polaco y la violencia absoluta en contra de los judíos.