Petróleo barato y un euro débil impulsan a España

El ajetreo en las seis líneas de producción en los tres turnos de Grupo Antolín, uno de los fabricantes de autopartes más grandes, condensa la pujante recuperación.
El logotipo de la firma del sector automotriz.
El logotipo de la firma del sector automotriz. (Especial)

Burgos

Las seis líneas de producción de la matriz de Grupo Antolín, en Burgos, trabajan los tres turnos, las 24 horas del día, rebanan, prensan y cortan, hasta que otro panel para el techo sale de las máquinas. Hay poco ruido, además del ligero silbido cada que pasan algunos segundos. Sin embargo, si lo haces con atención, puedes escuchar el sonido de la aceleración de la recuperación económica española.

En la sala de juntas de la compañía, dominada por un enorme mapa del mundo, el estado de ánimo es de confianza y la conversación es sobre la expansión. “Las sonrisas regresaron”, dice Ernesto Antolín, presidente del grupo, cuando se le pregunta cómo cambió el sentimiento entre los líderes empresariales españoles.

Grupo Antolín, uno de los fabricantes de autopartes más grandes del país, con ventas anuales de 2 mil 200 millones de euros, funciona como una versión a escala de la historia económica general de España: una brutal caída de los ingresos al inicio de la crisis, una dura ronda de recortes de costos y despidos, un cambio decisivo hacia los mercados extranjeros, a lo que siguió una recuperación gradual. Las ganancias y los ingresos aumentaron de manera constante desde 2009, y el nivel de personal crece de nuevo.

En el caso de España, la recesión duró mucho más. La economía empezó a crecer de nuevo apenas en septiembre de 2013. Incluso ahora el desempleo es de alrededor de 24 por ciento, un nivel sorprendentemente alto. Pero la renovada sensación de confianza que ejemplifica Antolín ahora resuena en la economía general. Cada tercer día, los pronósticos de crecimiento para España se revisan al alza. El gobierno en Madrid ahora espera que el producto interno bruto crezca 2.4 por ciento este año. Algunos economistas del sector privado proyectan un crecimiento de 3 por ciento, el doble de rápido que Alemania y superior al de otras grandes economías de la zona euro.

En un marcado contraste con la etapa inicial de la recuperación, cuando los exportadores, como Grupo Antolín, eran el único sector que iba en aumento, la economía española ahora impulsa la mayor parte de sus cilindros críticos: la demanda y el consumo van al alza; la inversión interna y extranjera aumentan; los precios de las viviendas ya salieron del apuro e incluso el golpeado sector de la construcción se prepara para crecer este año, aunque de forma modesta.

“Pasamos de una recuperación incipiente a una recuperación consolidada”, dice Matías Lamas, economista de Analistas Financieros Internacionales con sede en Madrid. “Lo que vemos es que la recuperación ahora afecta a sectores que anteriormente quedaron fuera”.

Llenos de confianza, y con las elecciones generales que se avecinan a finales de año, el primer ministro, Mariano Rajoy, prometió crear 3 millones de empleos en los próximos cinco años. Luis de Guindos, el ministro de Economía, predice que el país tendrá tasas de crecimiento anual de entre 2.5 y 3 por ciento durante el mismo periodo. Después de aguantar años de sermones económicos de Bruselas y Berlín, los dos hombres parecen disfrutar de su bien ganado estatus de los mejores alumnos de la eurozona.

Al igual que el resto del bloque de la moneda, España disfruta de dos impulsos económicos cruciales: uno es la reciente caída del valor de la moneda única, que facilita la venta de productos al extranjero a los grupos como Antolín. El segundo es la fuerte caída de los precios del petróleo, que da un impulso financiero a los grandes importadores de energía, como España. Solo con la caída del precio del petróleo se espera que España sume 0.5 por ciento a su PIB este año, principalmente por el aumento en el gasto de los hogares.

Pero —como Madrid nunca se cansa de señalar— la recuperación económica del país no solo se debe a factores externos. Desde que asumió el poder, el gobierno de Rajoy impulsó una serie de reformas ambiciosas, sobre todo la revisión del mercado laboral de 2012. La histórica ley, que algunos vieron como el modelo para otros países de la zona euro, facilitó la contratación y el despido de trabajadores, lo que le permite a las empresas realizar más acuerdos salariales a nivel de fábricas.

En Burgos, José Manuel Temiño, el veterano director ejecutivo de Antolín, señala que la reforma laboral en particular ayudó a que la compañía sea más competitiva. Los trabajadores recién contratados le cuestan a la empresa únicamente entre 16 y 17 euros la hora, en comparación con entre 22 y 23 euros de los empleados que se contrataron bajo el antiguo régimen. “En los últimos años, España hizo mucho más que otras regiones, incluida Europa del Este”, dice Temiño. “Las empresas españolas ahora son muy competitivas”.

Sin embargo, los economistas se apresuran a señalar los problemas residuales. El mayor por mucho es la continua crisis de desempleo en España, con más de una quinta parte de los trabajadores todavía sin empleo. Las deudas pública y privada aún son altas, y el déficit público de España sigue en niveles muy por encima del objetivo que estableció la Comisión Europea.

Otra preocupación es que ejemplos como Grupo Antolín —con su fuerte inversión en investigación y desarrollo, y una gran exposición a los mercados extranjeros— todavía son contados. Cuando el gobierno se embarcó en su proceso de reformas, la meta fue el cambio del modelo de crecimiento de España, para que pasara de la vivienda y la construcción y acercarlo a un régimen de exportación más parecido al alemán.

Cuatro años después, en el mejor de los casos, el proyecto sigue incompleto. Las exportaciones, de hecho, representan una participación mayor de la producción nacional en comparación con el tiempo del auge de la construcción antes de la crisis, y la industria automotriz en particular ya floreció. Sin embargo, el verdadero motor de la recuperación ya no es el sector externo: “Ahora se basa en gran medida en el consumo privado”, dice Lamas, quien señala que las importaciones volvieron a crecer nuevamente más rápido que las exportaciones. “No está claro si España cambió realmente su modelo de crecimiento”, advierte.

Probablemente esas advertencias batallen para ser escuchadas, mientras España se prepara para una de las elecciones más competidas de los últimos tiempos. El mensaje de los ministros y de los líderes empresariales, al menos, es claro: la zona euro pasó de la crisis a la recuperación, y España, por mucho tiempo la rezagada del continente, ahora dirige el camino.