Peligra pacto empresarial entre Israel y Palestina

Los palestinos amenazan con abandonar una iniciativa con compañías israelíes creada para promover la paz entre ambos países.
Protestante palestino arroja piedras a la seguridad israelí.
Protestante palestino arroja piedras a la seguridad israelí. (Jaafar Ashtiyeh/AFP)

En medio de la escalada de los conflictos que afectan a todo el Medio Oriente, llega la deprimente noticia de que está en peligro una iniciativa comercial entre Israel Palestina.

Los líderes empresariales palestinos le han dado la espalda a Breaking the Impasse (Salir del punto muerto), un grupo fundado con sus contrapartes israelíes el año pasado.

Yossi Vardi, pionero tecnológico israelí y líder de la iniciativa, dijo que esperaba que el acuerdo empresarial continuara. Pero el lado palestino dijo que las emociones exacerbadas por la guerra de Gaza, así como las diferencias para lograr un compromiso conjunto de los dos lados para una solución de dos países, significa que abandonarán la iniciativa.

Algunos veían que Breaking the Impasse podría desempeñar un papel similar al de los industriales sudafricanos que ayudaron a terminar con el apartheid.

La iniciativa sudafricana empezó en 1985, cuando un pequeño grupo de líderes empresariales blancos se reunieron con funcionarios del Congreso Nacional Africano en Zambia, un encuentro al que el gobierno del apartheid se opuso ferozmente. Tony Bloom, uno de los líderes empresariales, dijo que recibió tantos correos de odio que tuvo que utilizar un guardaespaldas.

Oliver Tambo, el líder del CNA en el exilio, estaba tan preocupado por ser acusado, que solo asistió por la solicitud urgente del presidente de Zambia, Kenneth Kaunda.

Sin embargo, la reunión solo fue el comienzo. Como Patti Waldmeir informó en su libro Anatomía de un milagro, esos contactos empresariales continuaron, con Nelson Mandela convocando a Clem Sunter, director de Anglo American, a ir a su celda para discutir sobre los posibles escenarios.

Y ellos concluyeron con Thabo Mbeki, quien después sucedió a Mandela en la presidencia, brindando por la noticia de la liberación de su líder en prisión en compañía de los principales empresarios afrikáneres.

Los decepcionados miembros de Breaking the Impasse pueden consolarse con la cantidad de obstáculos que se encontraron esos hombres de negocios sudafricanos. Había constantes interrupciones en las negociaciones para terminar con el apartheid.

Pero a pesar de los frecuentes intentos de establecer analogías entre los conflictos de Sudáfrica y los israelí-palestinos, hay diferencias fundamentales.

Si bien a mediados de la década de los 80 las perspectivas de paz en Sudáfrica se veían sombrías, los desarrollos económicos y políticos subyacentes presionaron a las dos partes a llegar a un acuerdo.

Como Waldmeir sostiene, el apartheid se había convertido en un freno para el desarrollo. Esto no se debía totalmente a las sanciones antiapartheid. La prohibición de los préstamos y la percepción de que era demasiado riesgoso prestarle a Sudáfrica tuvieron su efecto. Las sanciones deportivas desmoralizaron a los blancos. Pero muchas sanciones tuvieron poco efecto. De hecho, las exportaciones sudafricanas crecieron durante los años de sanciones.

Las empresas extranjeras que retiraron sus inversiones vendieron sus activos a un precio bajo a los empresarios blancos sudafricanos, y después trazaron acuerdos de licencia y franquicia con ellos.

El verdadero impulso del cambio provino del desarrollo de la economía de Sudáfrica, que requería de mano de obra calificada. No había suficientes blancos que pudieran proporcionarla. A la población negra se le permitió tomar formalmente los empleos que eran exclusivos para los blancos.

Las empresas encontraron inquietud entre sus trabajadores negros con la que era difícil lidiar. Convencieron al gobierno de legalizar los sindicatos negros, lo que llevó a las negociaciones y a que ambas partes llegaran a conocerse.

Con el colapso de la Unión Soviética, el CNA perdió a su principal patrocinador. También perdió la confianza en la eficacia de una economía socialista controlada por el Estado y se volvió más abierto para escuchar a los empresarios sobre algo mejor.

A esos contactos empresariales le siguieron encuentros entre políticos del gobierno con líderes del CNA en el exilio y con Mandela en prisión. Mandela y el CNA estaban determinados a cautivar a sus antiguos enemigos, convenciéndolos de que tenían poco que temer y de que tendrían un lugar en el nuevo orden político.

Sobre todo, el CNA pudo hablar por la inmensa mayoría negra.

Nada de esto se aplica en Israel y Palestina. La economía de alta tecnología de Israel no depende de la mano de obra palestina. El liderazgo palestino está dividido. Hamás no reconoce a Israel y los contactos intermitentes de los israelíes con la Autoridad Palestina no tienen la calidez de las reuniones sudafricanas.

Los que crearon Breaking the Impasse sabían que serían los políticos, y no ellos, los que podrían llevar la paz. Lo único que querían hacer era ayudar. Pero las empresas solamente pueden hacer la diferencia cuando los líderes políticos creen en un futuro mejor que el presente.