Países emergentes, a prueba por crisis turca

Salir de esa nación puede parecer una decisión de inversión lógica, pero no es fácil encontrar opciones en otras economías, asegura gestor.
La reacción del pueblo en la plaza Taksim de Estambul.
La reacción del pueblo en la plaza Taksim de Estambul. (Shutterstock)

Inversionistas experimentados en Turquía están acostumbrados a aceptar las duras y las maduras. Contra los beneficios de su robusta economía, la fuerza laboral joven y competitiva es de vital importancia para la puerta de Europa a Asia, se encuentran los peligros de sus políticas de combustible, que se ilustraron en el fallido golpe de Estado del fin de semana pasado.

El impacto de las consecuencias en los mercados financieros de Turquía del fallido golpe, que dejó 290 muertos y llevó a una purga generalizada de jueces, así como la detención de 6 mil integrantes del ejército, incluye una caída de 8 por ciento en las acciones, el aumento de los rendimientos de los bonos y la turbulencia en la moneda.

Después de caer 6 por ciento el viernes, cuando el intento de golpe de Estado, la lira turca se recuperó 3 por ciento a principios de esta semana solo para volver a caer hacia la paridad de 3.05 liras turcas por dólar el martes, un nivel que se vio por última vez a principios de año. Al parecer, Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía, restauró totalmente su poder, pero pocos ven demasiada fuerza en un repunte.

“No he sido optimista con Turquía y no lo soy ahora. Vendería en un periodo alcista”, dice Jan Dehn, de Ashmore Group.

Los inversores deben vivir un periodo incómodo de cambios políticos. Como dice Brad Bechtel, de Jefferies International, el presidente “limpia la casa en todos los ámbitos dentro del gobierno y el ejército, y el beneficio que se deriva del intento de golpe de Estado es sustancial”.

Todo esto significa que las instituciones de Turquía se debilitan, dice Dehn, mientras que su política económica es demasiado miope. “Turquía posiblemente ahora es menos vulnerable a los riesgos políticos que antes, pero esto solo se afianza en el marco político actual, que no creo es fuerte”, dice.

De forma aislada, Turquía se puede encontrar con una cantidad conocida de desinversiones. En el contexto más amplio, hay razones para que los inversores mantengan el rumbo. Muchos ya pasaron por varias crisis en la política turca, la intensa presión del gobierno el año pasado sobre el ex gobernador del banco central Erdem Basci, la salida en mayo del primer ministro Ahmet Davutoglu y el ataque terrorista en junio en el aeropuerto de Ataturk.

Las perspectivas inmediatas pueden parecer preocupantes, pero Peter Kinsella, estratega de tipo de cambio de mercados emergentes en Commerzbank, toma una visión a largo plazo. Turquía tiene un promedio de 4.3 por ciento de PIB desde 2000, y los cambios en el gobierno no son tan frecuentes como en periodos anteriores. Por toda la incomodidad que se siente en Europa y EU sobre el presidente de Turquía, Erdogan, y el partido gobernante AKP conserva el apoyo popular.

“Al estar en los mercados emergentes tienes que evitar muchas cosas y tolerar más la volatilidad”, dice Kinsella.

La tolerancia es escasa en algunos sectores. Holanda es uno de los principales proveedores de inversión extranjera directa en Turquía —es vital para poder hacer frente al actual déficit de cuenta corriente de Turquía— y el país representa una quinta parte del fondo emergente de Europa de NN Investment Partners con sede en los Países Bajos.

Esa inversión disminuyó después de episodios sucesivos en Turquía, dice el alto gestor de dinero de NN, Nathan Griffiths, y el intento de golpe de Estado es el último y más serio detonante para reducir la inversión allí.

“De por sí, esto tiene una mayor magnitud que algunas de las cosas que vimos anteriormente. Cuando hay un ejército y participa en un intento de golpe de Estado, eso es importante”, dice Griffiths.

“Pero el resultado es más importante. Sabemos que Erdogan tomará represalias implacables contra cualquier disenso en el país, y utilizará la oportunidad para lograr la consolidación total en el poder”.

Salir de Turquía puede parecer una decisión de inversión lógica, pero resulta que no es fácil encontrar una alternativa en los mercados emergentes, sobre todo en Europa central y oriental. ¿Polonia? ¿Hungría? ¿Rusia?

Todos ellos tienen riesgos políticos propios, si bien más allá de la región hay otros importantes países de mercados emergentes con sus propias debilidades, como los cinco compañeros de Turquía a los que denominan los “cinco frágiles”: Brasil, India, Sudáfrica e Indonesia.

El intento de golpe de Estado es “otro recordatorio de que el riesgo político está en aumento”, dice Ousmene Mandeng, del grupo de inversiones de mercados emergentes New Sparta Asset Management.

“La clave es, ¿el cambio político o el riesgo traerán cambios significativos a los regímenes y condiciones de inversión, como con el brexit, o se van a mitigar con una fuerte continuidad de política económica, como en Tailandia? Naturalmente, al final esto va a determinar el sentimiento del inversor y su comportamiento”.

Salir de Turquía tal vez sea una opción de corto tiempo para algunos inversores. UBS dice que si bien la prima de riesgo en los activos turcos probablemente aumente y la industria del turismo vuelva a sufrir, los activos se deben recuperar, “dado el contexto fundamental de apoyo”. HSBC cree que hay “claros riesgos de una baja” para la lira, pero abandonar totalmente la moneda es demasiado.

Eso mismo es cierto para los mercados emergentes en general. “En un mundo de tasas de interés bajas y negativas, los inversores todavía necesitan poner a trabajar el capital”, dice Murat Toprak de HSBC. “Y para muchos, las monedas de los mercados emergentes en el contexto macro parecen mejorar, las entradas subyacentes en las cuentas corrientes son grandes en algunos casos, y los rendimientos todavía son atractivos para muchos”.

A medida que el presidente fortalezca su posición, los inversores probablemente tengan su mira en el panorama general, un mundo de bajo crecimiento y la Reserva Federal de EU que lo más probable es que no eleve las tasas. Como reconoce Griffiths “una política monetaria flexible es muy positiva para Turquía”.

Kinsella señala cómo los rendimientos de los bonos turcos tienen una tendencia cercana a los de Rusia, por razones claras. “Los dos sufren de riesgo político, y eso no va a cambiar”, dice.

Cuando se trata de Turquía, “siempre hay picos y valles”.

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Caída de la lira turca el viernes, durante el intento de golpe de Estado; ayer se recuperó a niveles de inicios de año, en 3.05 por dólar

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