Nueva clase media en América Latina desafía el statu quo

En Sudamérica parece que los votantes se cansaron de una década de gobiernos en su mayoría de izquierda, la marea rosa, y se mueven hacia el centro.
Protesta frente al Congreso brasileño.
Protesta frente al Congreso brasileño. (Adriano Machado/Reuters)

El superciclo de las materias primas terminó y en América las repercusiones políticas se dieron rápidamente. En casi todas partes, el statu quo se puso de cabeza. Los ciudadanos hacen campaña por un cambio. Sus fines algunas veces son revolucionarios. En Argentina, el candidato presidencial pro empresarial Mauricio Macri puede poner fin a 12 años de gobierno populista. En Brasil, Dilma Rousseff, reelecta el año pasado, es la líder más impopular en la historia nacional.

En Venezuela es probable que derroten al partido socialista, que gobierna desde hace mucho tiempo, en las elecciones intermedias; la única pregunta es por cuánto. En Guatemala eligieron como presidente a un comediante sin experiencia política y su predecesor enfrenta cargos por corrupción.

La lista de reveses políticos sigue y sigue. Este fenómeno no es exclusivamente latino: se extiende a países anglosajones productores de materias primas en el hemisferio. Stephen Harper, primer ministro de Canadá, perdió su puesto el mes pasado. Al igual que sus colegas latinos, Harper aprovechó alegremente el superciclo de las materias primas. Durante su campaña se imaginaba en un cuarto mandato. En vez de eso, los votantes se mostraron contra su divisivo “conservadurismo de pradera” y eligieron a un socialdemócrata de poca experiencia, Justin Trudeau, en su lugar.

¿Qué es lo que pasa? ¿Cuáles son los temas comunes?

En Sudamérica parece que los votantes se cansaron de una década de gobiernos en su mayoría de izquierda, la marea rosa, y se mueven hacia el centro. Pero en Canadá, el péndulo se fue para el otro lado. Esto sugiere razones subyacentes más complejas.

Un tema común es la estabilidad del pasado reciente que se asocia con estancamiento. Otro es el desagrado hacia los políticos que permanecieron mucho tiempo en el poder, y que se volvieron arrogantes, y a menudo corruptos. El escándalo del desvío de 2 mil mdd en la petrolera estatal brasileña Petrobras es un ejemplo notable. Pero está lejos de ser el más corrupto. Para eso se debe voltear a Venezuela.

Lo que sorprende es cómo los ciudadanos ahora se sienten con el poder de desafiar el statu quo. Algunas veces ese es el testimonio para instituciones más fuertes, especialmente en el poder judicial. Pero también puede ser gracias a “la nueva clase media” de AL, que se duplicó a 200 millones de personas desde 2001, según el Banco Mundial. Ésta tiene mayores aspiraciones personales y altas expectativas de lo que debe ser un gobierno: moderno, transparente y abierto a la creación de oportunidades. Son metas razonables pero muchos las quieren con rapidez, especialmente los jóvenes.

Esto puede tener resultados positivos, pero no siempre. Algunas veces solo genera “un corrosivo conflicto social, parálisis gubernamental e inestabilidad política”, señala Moisés Naím de Carnegie Endowment.

Esto es especialmente cierto ahora porque se desaceleró el crecimiento económico, aumenta el descontento y los gobiernos buscan cómo reanimar el crecimiento. Algunas políticas son fáciles de discernir: más inversión en la decaída infraestructura (promesa de Trudeau); y mejora en la productividad (punto central de la agenda de Macri). Menos fácil es mantener las conquistas sociales del pasado reciente y al mismo tiempo equilibrar los libros del gobierno.

En Sudamérica, las expectativas populares permanecen altas. También hay menos medios para lograrlas. Esto hace que sea una mezcla peligrosa. Es seguro que vienen tiempos volátiles.

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2,000 mdd

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johnpaul.rathbone@ft.com