Negocios, la firma de Trump en Casa Blanca

Ningún presidente de EU en la historia se ha involucrado en situaciones que estuviera tan cerca del conflicto de interés.
Ivanka Trump, hija del mandatario y esposa de Jared Kushner, asesor presidencial, tiene su propia línea de ropa.
Ivanka Trump, hija del mandatario y esposa de Jared Kushner, asesor presidencial, tiene su propia línea de ropa. (Chris Helgre/Reuters)

Quien haya dicho que lo personal no es político no tenía en mente a Donald Trump. Solo la semana pasada el presidente de Estados Unidos criticó a una cadena de tiendas por retirar la línea de productos con la marca de su hija: la asesora de la Casa Blanca, Kellyanne Conway, instó a la audiencia en televisión a ir a comprar los productos de Ivanka Trump.

Mientras tanto, la primera dama, Melania Trump, demandó a un periódico porque su difamación le arruinó una “oportunidad única en la vida” de ganar dinero. Ningún presidente estadunidense en la historia provocó algo que estuviera cerca de tantos conflictos de interés, y esto solo es su familia.

Trump Inc se convierte en el cuarto patrimonio más nuevo de EU. La capacidad de Trump para beneficiarse personalmente con la presidencia es inmensa. Cada vez que tuitea algo contra una empresa, las acciones caen en picada por un tiempo breve. Un aviso de último minuto le permitiría a un hábil operador ganar dinero al apostar contra las acciones.

El cumplimiento federal de las leyes de operación con información privilegiada se maneja a través de la Comisión de Bolsa y Valores de EU, cuyo jefe Trump espera que sea el abogado de Wall Street, Jay Clayton.

En una lectura estricta, Trump ya violó la cláusula de retribución de la Constitución de EU, que le prohíbe a la gente en el cargo aceptar regalos de gobiernos extranjeros. Cada vez que una embajada alquila el salón de baile de Trump International Hotel, el dinero termina en el bolsillo del presidente.

Los conflictos los evalúa la Administración de Servicios Generales, cuyo jefe nombrará Trump. Sin embargo, hay poca probabilidad de que los tribunales estadunidenses se acerquen a las demandas contra Trump. El demandante debe demostrar que sufrió algún perjuicio. Es difícil ver cómo alguien puede demostrar que los altos niveles de ocupación del Trump Hotel o que el auge que hay en sus campos de golf perjudicaron a alguien.

Muchos de los posibles conflictos de Trump se ocultan, ya que se niega a publicar sus declaraciones de impuestos, lo que significa que puede embolsarse cualquier beneficio con total impunidad.

A menos de que Trump acepte un soborno del extranjero, no esperen que el poder judicial actúe como un supervisor. Mucho menos esperen alguna acción del Congreso. Los colegas republicanos de Trump serán los últimos en salir a buscar los intereses de sus negocios, mucho menos esperen que hagan un juicio político. El campo está totalmente abierto.

Los que esperan que el sistema lo derribe son víctimas de los buenos deseos. Pero el daño para la democracia estadunidense y su posición mundial es incalculable. Los que quieren influenciar al cuadragésimo quinto presidente de EU saben que el mejor camino es a través de su familia, sobre todo Ivanka Trump y Jared Kushner.

China ya invirtió capital diplomático cortejando a la primera hija y a su esposo, quien al parecer es el asesor al que más confianza le tiene. La asistencia de Ivanka a las celebraciones del año nuevo chino en la embajada de China tal vez desempeña un papel en el respaldo que le dio Trump a la política de “una China”, de Pekín, unos días después.

El hecho de que ella asistió a la primera reunión de su padre con Shinzo Abe, el primer ministro japonés, dice mucho. La compañía de Ivanka Trump planea lanzar una línea japonesa de accesorios en una empresa conjunta con un banco japonés de propiedad estatal. Aunque Ivanka cedió el control de su empresa, no vendió su participación. Ella solo sigue el ejemplo de su padre. El presidente conservó la propiedad de la Organización Trump, pero entregó la dirección a sus dos hijos: Eric y Don Junior. Eso es lo contrario a un fideicomiso ciego.

Muchos presidentes de EU reciben a los líderes extranjeros en sus lugares de descanso. George Bush padre lo hacía en Kennebunkport, Maine, y Bush hijo en su rancho de Crawford, Texas. Pero eran casas privadas. Este fin de semana, Trump recibió a Abe en su club Mar-A-Lago, en Palm Beach. El club duplicó la cuota de membresía de 100 mil dólares, por lo que se conoce como la “Casa Blanca de invierno”, poco después de su investidura. Del mismo modo, el cada vez más caro Trump International Hotel de Washington se convierte en el lugar informal donde se alojan los invitados de la Casa Blanca.

Todo el mundo sabe que Trump recompensa a la gente que lo trata bien. Poco después de que ganó, Trump Hotels anunció sus planes de quintuplicar el número de recintos en EU. Pero, ¿qué precio tendrá que pagar EU? Incluso sin violar la ley abiertamente, el daño a la reputación ya es bastante.

La insistencia de Trump de que las leyes de conflicto de interés no se aplican a él le quita a EU la posición de acusar a otros países de doblar el estado de derecho. Incluso donde Trump tiene los mayores motivos, no logrará pasar la prueba de que sus asociados tienen conflictos de interés.

Los críticos de la “prohibición a musulmanes” de Trump señalan que no incluye a Arabia Saudita, donde Trump Inc tiene intereses de negocios. ¿Qué tanto se va a beneficiar Trump Inc con el enorme plan de infraestructura de la Casa Blanca? ¿Qué impulso recibirán los magnates inmobiliarios de Manhattan por los recortes fiscales de Trump? ¿Cuántas líneas de productos lanzará el negocio de Ivanka Trump en China? Será imposible frenar las sospechas de que hay negocios de autobeneficio.

La corrosión de la fe en las instituciones estadunidenses ya es profunda. El mes pasado, la Unidad de Inteligencia del The Economist degradó la democracia estadunidense de ser “plena” a “fallida”, y la ubicó en la misma categoría que la de Italia e India.

edward.luce@ft.com