En Milán fue cocinado el fraude contra Petrobras

De acuerdo con el testimonio de un ex alto ejecutivo de la petrolera, él y tres empresarios relacionados con la paraestatal tramaron el plan en Italia.
La policía confiscó 48 obras de arte, entre ellas cinco grabados de Dalí, en las redadas por el caso de corrupción.
La policía confiscó 48 obras de arte, entre ellas cinco grabados de Dalí, en las redadas por el caso de corrupción. (EFE)

Sao Paulo

Una noche de octubre de 2011 en Milán, Italia, cuatro empresarios brasileños relacionados con Petrobras, la petrolera estatal de Brasil, se sentaron a cenar con el gerente de un banco suizo, el Banque Cramer.

En el menú para los brasileños, supuestamente, se encontraba un plan para crear uno de los esquemas de corrupción más ambiciosos en la historia de su país.

Los hombres tramaron desviar casi 1 por ciento de los contratos, por un valor de 22 mil millones de dólares, en poder de Sete Brasil, una de las compañías de plataformas de perforación más grandes del mundo que estableció Petrobras, a sus propias cuentas y para los contactos políticos, afirma uno de los participantes en la cena, Pedro José Barusco Filho. Se reunieron con el banquero para discutir la apertura de cuentas en el extranjero y depositar el dinero, dijo el ex ejecutivo de Petrobras y Sete Brasil, quien no sugirió que Banque Cramer fuera parte del plan.

“El día posterior a la cena, todos abrieron cuentas a nombre de varias empresas en el extranjero”, dijo Barusco, quien llegó a un acuerdo con la policía federal brasileña para ofrecer testimonio a cambio de indulgencia, en declaraciones que se presentaron ante la corte brasileña en Curitiba, al sur de Brasil, y se publicaron en la página web del sistema federal de justicia.

El presunto plan de corrupción en Sete Brasil es solo una parte de un escándalo de amplio alcance en Petrobras que amenaza con envolver al gobierno de la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, y mandar a la bancarrota a la empresa más importante del país.

Durante el último año la policía divulgó las acusaciones de que los contratistas de Petrobras, incluidos muchos de los grupos de construcción más grandes del país, así como empresas extranjeras, pagaron sobornos a los ejecutivos de la petrolera y a los políticos de la coalición gobernante, dirigida por el Partido de los Trabajadores, de la presidenta Rousseff, a cambio de decenas de miles de millones de dólares en contratos.

Barusco no es el ex ejecutivo de más alto nivel de Petrobras que se involucró en el escándalo, pero ganó notoriedad en los medios brasileños cuando ofreció reembolsar al gobierno casi 100 mdd que robó durante más de una década en actos de corrupción que él mismo confesó, lo que sorprendió a una sociedad acostumbrada a las historias de corrupción.

Su testimonio sobre Sete Brasil y sus experiencias previas en Petrobras se leen casi como un manual de cómo realizar un complejo plan de corrupción, y es una advertencia para las empresas extranjeras que hacen negocios con entidades del gobierno en Brasil.

Barusco, un ejecutivo de carrera en Petrobras, se unió a la compañía en 1979 y salió de ella hace casi cuatro años, cuando ayudó a crear Sete Brasil, una empresa privada parcialmente controlada por bancos, entre los que se encuentran el español Santander y el brasileño BTG Pactual; el accionista más importante de Sete Brasil es Petrobras.

Barusco relató cómo, junto con el ex director ejecutivo de Sete Brasil, Joao Carlos de Medeiros Farraz, organizó una licitación para los contratos de Sete sobre 28 plataformas de perforación para cinco constructoras navales, dos de ellas de Singapur y tres brasileñas con accionistas japoneses.

Los dos establecieron inmediatamente un plan de corrupción correspondiente bajo el cual los a los constructores navales se les requeriría pagar sobornos a través de sus agentes, afirmó Barusco. “Tomó mucho tiempo establecer el sistema de pagos, debido a la gran cantidad de personas involucradas” dijo Barusco en su testimonio.

Afirmó que dos destinatarios claves de los sobornos fueron su ex jefe en Petrobras, Renato Duque, quien en ese tiempo era director de servicios, y Joao Vaccari Neto, tesorero del Partido de los Trabajadores, de Rousseff. Duque y Vaccari se reunían de manera habitual en el hotel Windsor, en la playa de Copacabana, en Río de Janeiro, o en Sao Paulo, para que el tesorero pudiera darle seguimiento a los contratos de Petrobras, dijo Barusco a la policía.

Barusco afirma que los conspiradores acordaron que dos terceras partes de los sobornos de Sete Brasil fueran a parar a las manos de Vaccari, y una tercera parte a los funcionarios de Petrobras y Sete Brasil. Él, Duque, Ferraz y un abogado que supuestamente fue a Italia para hacer los arreglos de las cuentas.

Describió a Duque como desorganizado en relación con la administración de sus sobornos, pues dijo que gran parte de la contabilidad recayó en él. Mantuvo las hojas de cálculo en las que utilizó nombres en código. Duque era “M” o “My Way”, por la canción que popularizó Frank Sinatra; mientras que Barusco se puso a sí mismo Sab o Sabrina, el nombre de una ex novia. A Vaccari lo identificaron como “Moch”, un diminutivo en portugués para “backpack” (mochila), ya que el tesorero siempre cargaba una.

Duque y Vaccari negaron haber recibido pagos y las constructoras navales negaron hacerlos. Duque acusó a Barusco de ser un “criminal confeso” que miente para intentar obtener su libertad. El Partido de los Trabajadores dijo que no había pruebas que sustentaran las acusaciones y se comprometió a demandar a los “denunciantes”. No se pudo localizar a Ferraz para que hiciera comentarios.

Sete Brasil dijo que “su dirección actual” analizaba el testimonio de Barusco y añadió que dejó la compañía en 2013, mientras que Ferraz salió al año siguiente.

Barusco dijo en su declaración que instituir el plan en Sete Brasil fue algo natural porque “el pago de sobornos en Petrobras era algo endémico e institucionalizado”.

Cuando trabajó bajo las órdenes de Duque en Petrobras, el par desvió miles de millones de dólares en sobornos de 90 enormes contratos, entre 2003 y 2013, a cuentas de empresas en el extranjero, con nombres como Backspin y Daydream, afirmó. Los agentes que representan a las constructoras supuestamente también pagaron a Barusco en efectivo, en su casa, durante la “hora feliz” o en cenas en hoteles en Copacabana. Afirmó que el Partido de los Trabajadores recibió hasta 200 mdd en sobornos en los diez años que terminaron en 2013.

Lo nuevo fue el tamaño de la corrupción. Antes de que Petrobras descubriera los grandes yacimientos de crudo mar adentro en 2007, el presupuesto de la división de ingeniería era de 3 mil mdd al año. Para 2011, la época en que salió, la inversión era de 3 mil mdd al mes. Los sobornos aumentaron en la misma proporción. “Solo son matemáticas”, dijo.

100 mdd

Monto que ofreció regresar a las autoridades Pedro Barusco, dinero producto de actos de corrupción

22,000 mdd

Valor de los contratos de Petrobras con Sete Brasil; el plan consistió en desviar 1% de los acuerdos

90

Contratos de Petrobras con Sete Brasil de los que se obtuvieron  ganancias ilegales entre 2003 y 2013