México, plagado de “incredulidad y desconfianza”, dice Peña Nieto

Admite que su gobierno debe enfocarse en mejorar el estado de derecho si quiere que funcionen las reformas económicas.
O El mandatario atestiguó la firma de un convenio entre el King’s College London y la UNAM.
El mandatario atestiguó la firma de un convenio entre el King’s College London y la UNAM. (Notimex)

Ciudad de México

México está plagado de “incredulidad y desconfianza”, admitió el presidente Enrique Peña Nieto, y su gobierno debe enfocarse en mejorar el estado de derecho si quiere que funcione su radical programa de reformas económicas.

Es el reconocimiento más sincero que hace desde que la desaparición y la sospecha de asesinato de 43 estudiantes provocaron terror en el país y en el exterior, y un replanteamiento de gobierno, dijo Peña Nieto a Financial Times, es que su administración debe “reconsiderar hacia dónde nos dirigimos”.

El Presidente, a quien los inversionistas festejaron en sus dos primeros años de gobierno por aprobar casi una docena de reformas económicas, desde entonces enfrenta una creciente ola de inquietud popular y un electorado cada vez más escéptico.

Los escándalos por conflicto de interés en el que se involucró al Presidente y al secretario de Hacienda se sumaron a la sensación de que el gobierno de Peña no está conectado con los votantes, y que su promesa de campaña de “dejar atrás las viejas prácticas” fue superficial.

“Por supuesto que lo entendemos. Puedo decirte que lo entendemos”, dijo el Presidente, quien hoy arranca una visita de Estado en Reino Unido, en su primera entrevista desde que los eventos del año pasado destruyeron la imagen de modernización de su gobierno.

“Hay, sin duda, una sensación de incredulidad y desconfianza... se produce una pérdida de la confianza y esto se muestra con sospechas y dudas.”

Desde su elección, a finales de 2012, Peña Nieto y su partido, el Revolucionario Institucional (PRI), superaron el “enorme escepticismo” e impulsaron una serie de reformas legislativas revolucionarias. La más notable fue la apertura del monopolio de energía estatal de México a la inversión privada por primera vez desde hace casi 80 años.

Los cambios, que también incluyeron cerrar los vacíos legales en impuestos corporativos y romper el monopolio en las telecomunicaciones, se diseñaron para aumentar la productividad de México y lograr un crecimiento económico sostenido. Esas reformas, y el compromiso del país con la estabilidad macroeconómica, ayudan a atraer miles de millones de dólares en inversión cada año, lo que separa a México de muchos de sus pares latinoamericanos que dependen más de las materias primas.

Peña admitió que elogiar los méritos de las reformas cuando los beneficios todavía no se sienten completamente no lo alejará de las críticas públicas para los siguientes cuatro años de su mandato, especialmente si se tiene en cuenta el creciente descontento por la violencia, la impunidad y la corrupción estatal.

Si esos problemas anteriormente no recibieron la mayor prioridad, el Presidente se comprometió a luchar contra la corrupción “de una manera mucho más efectiva” y terminar con el “estigma” de que se considera a los políticos mexicanos como ladrones. Luis Videgaray, secretario de Hacienda, recientemente dio un mensaje similar, y le dijo al FT que el estado de derecho equivale a “10 reformas energéticas”.

Los temores de que la corrupción estatal siga predominando se avivaron por los escándalos sobre las casas que le pertenecen a la familia de Peña y a Videgaray, quien pagó un contratista al que favorece el gobierno.

El Presidente dijo que ese tema se “satanizó” y se refirió a un “innovador” sistema anticorrupción que ahora se encuentra en las últimas etapas para su aprobación en el Congreso y que se diseñó para que los funcionarios públicos rindan cuentas.

Pero la implementación del sistema es “el gran reto”, agregó.

La mención del escándalo de las casas, que avivó cinco meses de descontento público, fue el único momento durante la entrevista de una hora en el que Peña mostró un atisbo de enojo.

Con cuatro asistentes a su lado, y exudando la autoridad ceremonial que se engendró por los elaborados protocolos de Los Pinos, la casa presidencial, el desempeño de Peña fue fresco —los críticos dirán que con un guión—, como se espera del fotogénico presidente de 48 años, cuyo peinado hacia atrás le da una apariencia de ídolo de matiné y que se casó con una estrella de telenovelas.

Peña Nieto recuperó rápido su aplomo habitual —aunque el estrés de ser el presidente menos querido de México en 20 años ya pasó factura, y los asistentes admiten que trabaja hasta altas horas y corre para quemar su nerviosismo.

“Soy el más interesado en que todo eso se aclare (cuando habla sobre el tema de las casas), más allá de la defensa que mi secretario de Hacienda y yo ya hicimos”, dijo Peña Nieto mientras colocaba su mano en su corazón y su fe en el sistema anticorrupción, que aumentará los poderes de auditoría estatal y creará un fiscal anticorrupción.

Aparentemente, la iniciativa es una idea de último momento del Poder Legislativo después de que, hasta el momento, las reformas económicas recibieron la mayor prioridad por parte del gobierno; de hecho fue la primera medida que Peña presentó para realizar cuando elaboró sus planes como presidente electo.

Sus asesores eran conscientes de que el PRI, que gobernó al país durante la mayor parte del siglo XX, era conocido por la corrupción y regresaría al poder con un déficit de credibilidad; en 1979 el intelectual mexicano Gabriel Zaid describió así la corrupción: “No es una característica desagradable del sistema; es el sistema”.

Cerca de 100 mil personas han muerto desde que México puso en marcha su guerra contra el crimen organizado hace ocho años, mientras que las estimaciones son que más de 95 por ciento de los delitos no se denuncia a las fuerzas policiacas, en las que pocos confían. Muchos mexicanos siguen escépticos sobre la lucha anticorrupción y contra la impunidad del gobierno.

Cuando le pregunto si se les debe exigir a los funcionarios hacer públicas sus declaraciones de impuestos, como lo hizo a raíz del escándalo, Peña Nieto puso reparos. “Es una decisión que cada funcionario debe tomar de acuerdo con la ley”, dijo.

Por un momento el Presidente se quedó sin palabras cuando le pregunté por qué nunca visitó la ciudad de Iguala, Guerrero, para mostrar su solidaridad con los 43 estudiantes que se sospecha fueron asesinados por las bandas locales del narcotráfico, que supuestamente trabajaban en connivencia con el presidente municipal y la policía local.

Aunque se reunió con los familiares de las víctimas en la casa presidencial, no fue a la ciudad, ya que existía la posibilidad de encender las tensiones y provocar enfrentamientos, Peña razonó: “Pero eso no significa que no hacemos lo que se tiene que hacer”, y agregó: “El Presidente no tiene que ir (allí) en persona, tenemos gente del gobierno allí”.

Hay poca probabilidad de que ese tipo de respuestas convenzan a los críticos, que ven al Presidente como fuera de contacto con el estado de ánimo público, que incluyen llamados para su renuncia.

Peña disfrutó del toque mágico, como ilustra la aprobación de su paquete de reformas económicas que requirió de todas sus habilidades en el acuerdo político secreto y la negociación entre partidos.

Deseoso de pasar a otros temas diferentes a sus problemas, el Presidente regresa al guión y detalla las nuevas prioridades del gobierno en un plan de cinco puntos: los primeros tres objetivos son “reforzar la aplicación de la ley, mantener la estabilidad macroeconómica e implementar las reformas, ya que éstas beneficiarán a la gente”.

Las últimas dos implican “ajustar el gasto público” para que se enfoque más en inversión, ya sea en infraestructura o en educación, y desarrollar “zonas económicas especiales” en partes de los estados más pobres y con más conflictos de México, como Guerrero.

El problema para Peña Nieto es que esas medidas ya las anunció antes y que no detalla las políticas concretas sobre cómo las va a lograr. Sin embargo, promete que “sin duda” habrá cambios en el gabinete, aunque no dice quién ni cuándo.

Un día después de la entrevista, Jesús Murillo Karam, el procurador general de la República, quien recibió críticas por su investigación sobre el incidente de Iguala, dejó el cargo. Las autoridades anunciaron la captura de Servando Gómez, La Tuta, jefe de Los caballeros templarios y el criminal más buscado del país.

México, insistió el Presidente, está cambiando, de igual manera que el mundo cambia. Señaló que en todos lados hay un aumento en los “movimientos sociales, las crecientes exigencias para los gobiernos, hay un proceso constante de cambio, lo cual es bueno”.

Pero Peña también sabe que las elecciones de medio término en junio serán una prueba para la confianza que hay en él y en su gobierno, y que enfrenta una batalla cuesta arriba para ganar el apoyo hasta que lleguen los resultados de las reformas y crezca la lenta economía mexicana.

La crisis de confianza es “una oportunidad, insistió. “Creo que (todavía) estamos a tiempo para mostrar resultados, para beneficiar a los mexicanos. Soy optimista”.