Llega el 40 aniversario de la revolución del punk

En Gran Bretaña se realiza la conmemoración de un movimiento escabroso con un programa formal de eventos de mercadotecnia.
En 1976 inició el movimiento en calles británicas.
En 1976 inició el movimiento en calles británicas. (Jean-Pierre Couderc/AFP)

Para los punks británicos, 1976 fue el “año cero”, el comienzo de la revolución. Ahora nos encontramos en el Anno Domini número 40, o como los punks tal vez preferirían marcar su calendario, Anno Vomiti.

En un desarrollo que puede desconcertar, si no es que causar repulsión a los creadores del punk, el 40 aniversario del movimiento no solo es un movimiento cultural, sino también una lucrativa oportunidad de mercadotecnia.

Se lanzó un programa oficial de eventos en el 100 Club, uno de los últimos antros en el centro de Londres. El evento Punk London incluye exposiciones en la Librería Británica y en el Museo de Londres, y una serie de películas en el British Film Institute (BFI).

Tiene patrocinios de diferentes entidades que no tienen nada que ver con el punk, el alcalde de Londres y la Lotería Nacional ofrecieron una beca de 90 mil libras. Stuart Hobley, director del Heritage Lottery Fund, dijo que los eventos ayudarán a impulsar el turismo. “El punk es tan icónico para Gran Bretaña como Stonehenge o Tower Bridge (el Puente de la Torre)”, dijo.

La asimilación por parte del sistema es una situación complicada para el punk, al mismo tiempo es una señal de éxito como de fracaso. En 1976 representó la conmoción de lo nuevo, cuando los Sex Pistols lanzaron Anarchy in the UK en la disquera EMI e incitaron una explosión de nuevas bandas en todo Reino Unido.

Como informó Financial Times en 1976, John Read, entonces presidente de EMI, predijo que con el tiempo los Sex Pistols pasarían a formar parte de la corriente principal. “La industria de la música ya firmó muchos grupos, inicialmente polémicos, quienes con el paso del tiempo se convirtieron en algo totalmente aceptable y que contribuyeron en gran medida al desarrollo de la música moderna”, dijo.

Pero EMI no pudo mantener la visión a futuro de Read. Tres meses más tarde, después de que la banda dio una entrevista plagada de groserías en la televisión, la disquera puso fin a su contrato de 40 mil libras con los Sex Pistols, y dijo que” la “publicidad negativa” que existía en torno al grupo hacía que no fuera “viable” para EMI continuar con la promoción de sus discos.

Inspirados por grupos neoyorquinos, como The Ramones, pero con un áspero toque británico, el punk era rápido y sin educación: un acelerado relanzamiento del rock & roll calzando Dr Martens. Se apreciaba más la actitud que la técnica, desde los imponentes gemidos de Siouxsie Sioux hasta la lucha de The Clash acompañada de vocales y guitarras desafinadas.

Los efectos fueron de largo alcance. La vestimenta punk con alfileres de seguridad, ropa rasgada, y fetiches de plástico entraron al lenguaje de la moda, y su principal diseñadora, Vivienne Westwood, novia de Malcolm McLaren, agente de los Sex Pistols, se convirtió en una de las diseñadoras más conocidas del mundo. El año pasado su compañía de modas tuvo ingresos de 32 millones de libras.

La publicidad y las revistas adoptaron la imagen que copiaron de los fanzines y las portadas de los discos de los Sex Pistols que creó Jaime Reid. Influyentes diseñadores gráficos como Neville Brody ganaron experiencia con el punk.

Los analistas perspicaces vieron más allá de la furia. En 1977, Antony Thorncroft, crítico de FT, le dio la bienvenida a esta “música callejera impetuosa y estridente” como “la salvación de un año muy aburrido para el pop”.

Ya nos acostumbramos tanto al aspecto y sonido del punk que es difícil recapturar su impacto. “Hay que recordar que todo esto surgió a finales de la década de 1970”, dice el cineasta y punk empedernido Don Letts. “Había desempleo masivo, semanas laborales de tres días, huelgas y todo lo demás. Era muy sombrío”.

Al contrario del despreciado igualitarismo de “paz y amor” que predicaban los hippies, a los punks los alimentaba el enojo. Algo que simbolizó el pogo (un baile parecido al slam), la moda de baile más sencilla de la historia: brincar arriba y abajo, chocar con tus vecinos, y repetir los movimientos hasta que se terminaran las anfetaminas.

La violencia era común. En 1976 se prohibieron las bandas punk en el 100 Club, después de que Sid Vicious, el bajista de los Sex Pistols, rompió un vaso de cerveza y casi deja ciega a una joven.

“Entramos en el caos”, dijo un miembro de la banda a los periodistas después de su concierto debut en Londres en febrero de 1976. Las energías anárquicas del punk desafiaban cualquier interpretación. Era un movimiento contradictorio, capaz de acomodar insignias nazis y campañas contra el racismo, el nihilismo y el empoderamiento.

“Era un conjunto ecléctico”, dice el poeta punk John Cooper Clarke. “Había individualistas, libertarios de derecha, y también estaban los socialistas que buscan cambiar el mundo”.

El reinado del punk fue breve, se desvaneció de las listas después de su apogeo en 1977, el año del Jubileo de Plata de Isabel II y la escabrosa canción “God Save the Queen” de los Sex Pistols. Para la década de 1980, el corte de pelo al estilo mohicano de los punk se unió al sombrero de bombín de las personas de la City y el bearskin (el sombrero de piel) de la guardia real inglesa como arquetípicos de Londres que se conmemoran en los paños de cocina y en las postales turísticas.

Punk London consolida la marca con un programa de eventos que se realizan en organizaciones culturales de primer nivel. Lo único que falta es una fiesta de té en el Palacio de Buckingham para los punks veteranos. ¿Los veteranos deberían morir del asco?

“Espero que no sea solo un truco de mercadotecnia y podamos enfocarnos en los aspectos que me convirtieron en lo que soy actualmente”, dice Letts, quien presentará las películas en el BFI. “El punk fue una herramienta para un cambio social, y me cambió”.

Inculcar la cultura hazlo tú mismo fue el logro más importante del punk. Todo el mundo podía tocar un instrumento o escribir en un fanzine: los medios de producción estaban allí para aprovecharlos. “Antes de eso no había muchas mujeres jóvenes que tomaran una guitarra” dice Gina Birch, de The Raincoats. “El punto era que tenías una idea, la energía y el entusiasmo”.