Klosters: blancura discreta

Este pueblo suizo ha albergado a famosos durante décadas al ofrecer un discreto retiro invernal cerca de Davos.

Suiza

De todos los complejos turísticos de esquí del mundo ninguno tiene una reputación tan opuesta a la realidad como Klosters. Como marca, exuda poder y privilegios, no sólo es famoso por ser un destino de la realeza y de las estrellas de Hollywood además, junto con su vecino Davos, dio hospedaje a la élite empresarial y política internacional en el Foro Económico Mundial.

Todos conocen Klosters, incluso aquellos a los que no les interesa la nieve. Durante años fue el escenario de los reportajes televisivos que mostraban a los príncipes William y Harry aprendiendo a esquiar, y para los periódicos británicos obsesionados con las clases sociales, este sitio se ha convertido en uno de esos lugares representativos de donde vive "la otra mitad". Los columnistas se lanzaron en contra del canciller George Osborne cuando pasó aquí sus vacaciones en 2011 (con todo y las medidas de austeridad en su país) y se escandalizaron cuando Lord Mandelson, el antiguo secretario de negocios de los laboristas, fue visto paseando por el pueblo en un antiguo Ferrari de colección propiedad del financiero Nat Rothschild.

Así es que resulta impactante llegar a la ciudad y encontrar un lugar que es tranquilo y sin pretensiones, modesto, incluso. Mientras que las calles de Gstaad y St Moritz están plagadas de boutiques de Cartier, Louis Vuitton y Prada, en mi caminata desde las afueras hasta el centro de Klosters, sólo me topé con tiendas de jardinería, gabinetes de cocina y relojes cucú. En la calle principal, un supermercado domina la calle y sus ventanas están llenas de palas y escobas para limpiar la nieve.

Al parecer, Klosters se enorgullece de fomentar el consumo razonado. El sitio del pueblo no deja ninguna duda respecto al comportamiento que se espera. "Sí al lujo discreto, no a la pomposidad exhibicionista", advierte. Aquí se "escribe discreción con letras mayúsculas".

La mayoría de los visitantes se hospedan en pequeños hoteles tradicionales o en las casas de amigos o familiares. Aunque este invierno, la gran noticia de la ciudad es que se abrirá un chalet de lujo que podrá rentarse (uno de los pocos del lugar) y cuyos dueños son una pareja de glamorosos empresarios y las rentas semanales alcanzarán precios de 55 mil francos suizos.

Tomando en cuenta que esto es Klosters, esta novedad no podía ser más discreta: Haus Alpina (Casa Alpina) está escondida en los dos pisos superiores de un grupo de departamentos anónimos en las orillas de la ciudad. Hay que subir el elevador del estacionamiento subterráneo y abrir la puerta de enfrente y entonces se encuentra uno en uno de los chalets más impresionantes de los Alpes.

En lugar del acostumbrado olor a botas de esquí secándose, llega un aroma de pino y lavanda blanca que resulta familiar para cualquiera que haya comprado en The White Company, la cadena de blancos y artículos para el hogar que tiene tiendas en el Reino Unido y el Medio Oriente y vende via catálogo en EU. Chrissie Rucker, su fundadora, compró el chalet en 2011 para las vacaciones con sus cuatro hijos y su esposo Nick Wheeler (fundador de la tienda de camisas Charles Tydrwhitt). "No teníamos planeado rentarlo, pero no lo usábamos tanto como esperábamos y no nos parecía bien que estuviera allí abandonado", dice.

La sensación de hospedarse en el chalet, que alberga hasta 12 personas, no es la de estar en la casa de Rucker, sino la de entrar a uno de sus catálogos. Cada habitación está aromatizada con diferentes velas de White Company, y también hay productos de la compañía en todas partes (edredones de pluma de ganso húngaro, batas y toallas acolchonadas, cobijas de cashmere, marcos para fotografía plateados, etc. ). Las repisas de los baños están totalmente llenas. Me bañé con lavanda de White Company, gel de neroli y limón, me lavé el cabello con champú de jazmín y rosas y a la tina le puse aceite de geranio, junípero y pachuli. Toda una inmersión en la marca.

¿Por qué Klosters es tan diferente de Verbier o St Moritz? Algunos piensan que es por la falta de un gran hotel, un lugar para ver y ser visto. "Pero yo creo que es porque la gente viene aquí a esquiar y no a exhibirse", dice James Palmer-Tomkinson, un operador de tours locales.

Esquiar aquí es una experiencia única. Las pistas no están amontonadas como en un campo de golf. Los 320 km de pistas se distribuyen entre las seis montañas entre Klosters y Davos. También hay un enorme potencial fuera de las pistas ya sea entre ellas o lejos de ellas, a través de los campos de los pueblos vecinos. Un itinerario lleva a los esquiadores a cruzar la frontera hasta Gargellen en Austria, otro a Arosa en donde hay teleféricos a Lenzerheide. Estas aventuras no son nada nuevo: en diciembre de 1894, Sir Arthur Conan Doyle (supuestamente el primer periodista del esquí) escribió en la revista Strand sobre su viaje fuera de la pista hasta Arosa. "En ese campo vacío, sin pisar, los copos de nieve nublaban nuestra visión hacia todos lados y no había señales de vida, únicamente las huellas de gamuzas y zorros, era glorioso deslizarse de esta manera tan simple", escribió. Al parecer pocas cosas han cambiado ya que durante mi visita una noche anterior vimos más gamuzas que esquiadores fuera de las pistas.

De regreso al pueblo, me detuve por una bebida para después de esquiar en el hotel Chesa Grischuna, el principal centro de reunión del pueblo desde que abrió en 1938. La dueña, Barbara Guler, cuyo padre construyó el hotel, me mostró el libro de huéspedes que tiene una cubierta de piel blanca que el tiempo ha vuelto un tanto amarilla. Dentro se encuentran firmas, mensajes y garabatos de Winston Churchill, Audrey Hepburn, Greta Garbo, Deborah Kerr, David Niven, de la reina de Holanda, del príncipe Carlos y otros más. Y sin embargo, el hotel es de tan sólo tres estrellas, hasta el momento no hay ningún hotel de cinco estrellas en el pueblo. "No se por qué, pero Klosters siempre ha sido así", dice Guler. "Aquí no hay abrigos de piel pero se puede ver al rey de Suecia empujando un carrito en el supermercado".

El dato

Esquiar en Klosters es una experiencia única, pues las pistas están bien distribuidas a lo largo de montañas.