Inversionistas ven creciente riesgo político en México

Gestores de fondos, antes entusiastas partidarios del presidente Peña Nieto, ahora lo critican y se deshacen de sus activos mexicanos.
En la primera subasta de la Ronda Uno de licitaciones de Pemex, en 2015, solo se colocaron dos de 14 bloques petroleros.
En la primera subasta de la Ronda Uno de licitaciones de Pemex, en 2015, solo se colocaron dos de 14 bloques petroleros. (Octavio Hoyos)

De gran envergadura, radical, audaz. Todas ellas son buenas palabras para describir las reformas estructurales que el gobierno mexicano implementó en los últimos tres años. Desafortunadamente, fracaso es una más.

El crecimiento económico, en lugar de acelerar de nuevo a un nivel de 4 por ciento o más anualmente, tuvo un tropezón y se encuentra ligeramente por encima de 2 por ciento. El mercado de valores se mantiene sin cambios, mientras que el peso pierde constantemente terreno, y no solo en su paridad con el dólar.

Todo eso hizo que los inversionistas internacionales cambiaran de ser entusiastas partidarios del presidente Enrique Peña Nieto y su programa de reformas de energía, telecomunicaciones, medios y fiscales, a críticos que ahora se deshacen de sus activos mexicanos.

Sin embargo, los gestores de fondos no son tan negativos como los propios compatriotas del presidente.

La mitad de sus compatriotas cree que las reformas del gobierno perjudican al país y 60 por ciento dice que la depreciación del peso es por culpa del gobierno, de acuerdo con una encuesta de opinión reciente. Si a eso se le suma el fracaso para hacer frente de manera efectiva a la delincuencia y la corrupción, no sorprende mucho que nueve de cada 10 mexicanos confía poco o nada en los partidos políticos, mientras que seis de cada 10 dice que no viven en una democracia.

En otras palabras, México se ve listo para que surja un candidato contra el sistema al estilo de Donald Trump. Y este es el riesgo político en aumento que identificó Medley Global Advisors (MGA), un servicio de investigación macro propiedad de FT, después de una visita reciente al país.

Se centra en las elecciones presidenciales de 2018 y si bien todavía están a dos años de distancia, MGA ve que a partir de este año empiezan a aumentar importantes riesgos políticos —y la volatilidad de mercado que se asocia a ellos— y van a crecer constantemente a lo largo de 2017.

El hecho es que México ya tiene su versión de Donald: Andrés Manuel López Obrador. AMLO, como se le conoce, proviene de la izquierda y no de la derecha del espectro político, pero muestra una falta de consideración similar hacia las instituciones y las convenciones, y la misma capacidad para aprovechar las frustraciones de la gente común que parece se les escapa a los partidos establecidos, el PRI, el partido gobernante de centro; el partido de derecha, PAN, y el (sacudido) PRD, de centroizquierda.

A diferencia de Trump al norte de la frontera, AMLO es un político con experiencia que quedó en segundo lugar en las elecciones de 2012, que ganó Peña Nieto, con 31 por ciento de los votos. Es probable que la próxima vez necesite mucho menos.

Una razón por la que México no tiene una segunda vuelta (a diferencia de muchos países de América Latina) es que es posible ganar la presidencia con un porcentaje de votación relativamente bajo en la primera ronda. Este caso se puede dar en especial en 2018, con al menos cuatro posibles candidatos creíbles y una buena probabilidad de que el voto de derecha se divida entre el candidato oficial del PAN y uno no oficial (la esposa del ex presidente Felipe Calderón, para mantenerlo interesante).

Por supuesto, en este momento se deben tomar con cautela las encuestas de opinión. Pero MGA señala que Morena, el partido político de AMLO, tiene cerca de 20 por ciento de la intención de voto y, por lo tanto, está en un empate estadístico con el partido gobernante, PRI, por lo que su elección ya no es un riesgo imprevisto.

Para ser justos, no está claro qué tanto puede o va a cambiar AMLO —digamos, la política económica— si llega al poder. Para empezar, operará sin una mayoría en el Congreso, así que es poco probable que pueda revertir las reformas estructurales que ya se aprobaron, aunque puede detener nuevos avances, como la privatización parcial de Pemex, la compañía petrolera nacional.

Aun así, el gobierno va a querer impedir su elección si es posible. En términos de política esto significa que es poco probable que se mantenga en el camino actual de endurecimiento fiscal, ya que tratará de aumentar el crecimiento en el periodo previo a las elecciones presidenciales. También se volverá mucho más sensible respecto a la continua depreciación de la moneda, ya que querrá aumentar o estabilizar el peso como señal de la fortaleza económica.

Las implicaciones para los inversores son mixtas. Sin duda, la incertidumbre política y la volatilidad son aspectos negativos. Mejorar el crecimiento y una moneda más fuerte van hacia la otra dirección. Con un poco de suerte —y un precio más alto del petróleo— el efecto que se retrasó de las reformas finamente se sentirá el próximo año y el aumento del crecimiento impulsará al candidato del gobierno (quienquiera que resulte ser) a la victoria. Pero si los resultados de las reformas se retrasan más, los inversionistas tendrán que analizar su situación política.

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