Gestores de fondos humanos no deben temer a la máquina

Operadores que utilizan programas informáticos para dar seguimiento a las tendencias obtienen rendimientos de dos dígitos al arranque de año.
El piso de remates de la Bolsa de Nueva York.
El piso de remates de la Bolsa de Nueva York. (Brenda Mcdermid/ Reuters)

Cuando Garry Kaspárov jugó contra la computadora Deep Blue de IBM, el gran maestro ruso del ajedrez creyó que había descubierto una estrategia para convertir en debilidad la mayor fortaleza de la máquina.

Deep Blue dependía de poder computar una enorme base de datos que contenía cientos de miles de jugadas de ajedrez que realizaron los grandes maestros del pasado, lo que significaba que Kaspárov no nada más jugaba con una supercomputadora, sino que en realidad, lo hacía contra el conocimiento acumulado de muchos de los más grandes jugadores de la historia al mismo tiempo.

Pero para poder usar una gran parte de la base de datos, Deep Blue necesitaba que su oponente hiciera jugadas típicas de un gran maestro. Si Kaspárov abría intencionalmente con una jugada extraña pocas veces vista en los juegos de alto nivel, gran parte de la base de datos de la computadora sería inservible, ya que tendría menos partidas como referencia, y el ser humano podría volver a recuperar la ventaja.

La lucha de Kaspárov del “hombre contra la máquina” con Deep Blue y su eventual derrota es una frase utilizada con frecuencia en las discusiones sobre el futuro de las operaciones financieras, y la probabilidad de que la tecnología en avance constante vuelva obsoleto al gestor de fondos humano.

Muchos inversionistas humanos aguantan un inicio miserable en 2016, ya que los mercados bursátiles y los precios de las materias primas se desplomaron. Al mismo tiempo, algunos fondos de cobertura que utilizan programas informáticos para darle seguimiento a las tendencias obtienen rendimientos de dos dígitos durante las ventas masivas. ¿De nuevo la máquina está a punto de derrotar al hombre, como sucedió con el gran maestro ruso? La respuesta es no. A continuación presentamos tres razones por las que los mejores inversionistas humanos probablemente sean capaces de derrotar a los “bots” todavía por mucho tiempo más.

En primer lugar, los inversionistas humanos pueden seguir la estrategia de Kaspárov y tratar de utilizar en su contra las fortalezas de los programas algorítmicos. Para parafrasear a Oscar Wilde, las computadoras de fondos de cobertura que siguen las tendencias conocen el precio de todo, pero no saben el valor de nada. Esto significa que los inversionistas humanos que se enfocan en el valor a largo plazo, en lugar de en las tendencias de precios, siempre deben lograr una utilidad.

Las computadoras de fondos de cobertura se basan en el análisis de millones de puntos de datos de los movimientos del mercado anteriores para utilizarlos y poder predecir cómo se van a comportar los mercados en el futuro. En términos generales, cuando los mercados grandes se mueven en una dirección por un periodo, la tendencia que sigue la computadora podrá obtener utilidades de eso, como muchos hicieron este mes.

Sin embargo, estas computadoras no son inversionistas en el verdadero sentido de la palabra, más bien son robots de operación semiautomatizados que buscan señales dentro del ruido del mercado. Sus modelos analizan los datos de los precios, y no hacen una evaluación creativa, por ejemplo, la precisión con la que una acción representa una propiedad fraccional de un negocio real refleja el valor presente y futuro de esa empresa.

La capacidad de procesar millones de números más rápido de lo que cualquier gestor humano de fondos se puede amarrar las agujetas es una ventaja, pero hace que estos modelos sean inherentemente propensos a seguir el consenso. Episodios del año pasado, como el colapso del grupo de energía solar Hanergy, de Hong Kong, que era aparentemente rentable, o el debate sobre el modelo de negocio de Valeant, muestran los límites de los métodos superficiales de evaluación con base en datos.

Hasta que los operadores que utilizan programas informáticos puedan desarrollar una verdadera inteligencia artificial, no podrán obtener una ventaja sobre los mejores inversionistas humanos en la detección de una amenaza catastrófica y disruptiva para una industria, o una tecnología emergente revolucionaria.

En segundo lugar, los fondos de cobertura que utilizan programas informáticos los manejan y diseñan los seres humanos, lo que significa que la tecnología fría y calculadora debe lidiar con las reacciones emocionales de inversionistas que son humanos. Cuando muchos de los llamados fondos de cobertura commodity trading advisor —los que colocan sus apuestas en mercados de futuros y materias primas— sufrieron grandes pérdidas en 2013, los inversionistas empezaron a retirar su dinero.

Eso presionó mucho a los humanos que los diseñaron. Sin importar si un modelo matemático muestra que es estadísticamente posible una gran pérdida, la tentación de seguir jugando todavía es muy grande. Incluso si durante el largo plazo, o tal vez incluso en un periodo infinito, tu modelo será estadísticamente rentable, grandes pérdidas repetidas significan que tu fondo de cobertura se verá obligado a cerrar por medio de la debilidad humana.

En tercer lugar, los avances y la adopción generalizada de los sistemas de operación con programas informático tal vez puedan sembrar las semillas de su futura obsolescencia. Si, en el futuro, alguna vez se vuelven lo suficientemente avanzados para llegar a estar cerca de “resolver” el seguimiento de las tendencias de los mercados financieros, entonces las máquinas gradualmente van a erosionar la capacidad de las demás de ganar dinero. Cuando todo el mundo utilice la misma estrategia para las operaciones, no quedará nadie con una ventaja, las supercomputadoras van a anular la ventaja de los otros.

La potencia para procesar tal vez tiene sus usos en los mercados financieros, pero hasta que los científicos desarrollen un sistema de inversión verdaderamente inteligente, en lugar de uno que solo siga las tendencias, un gestor de fondos realmente hábil no tiene ninguna razón para temer.