Fin de la deflación en China se sentirá en todo el mundo

Si las expectativas de los analistas se cumplen, la carga real de la deuda será más ligera, lo que aliviará a empresas con alto débito.
Instalaciones de la empresa china Qihoo.
Instalaciones de la empresa china Qihoo. (Fan Jiashan/Imaginechina)

A finales del año pasado un grupo de inversionistas decidió hacer privada a Qihoo 360, la compañía con sede en China que cotizaba en el Nasdaq. Su mayor preocupación era si podría lograr un precio lo suficientemente alto. Y lo logró, con 9 mil 300 millones de dólares (mdd), incluida la deuda de mil 600 mdd. Pero la estrecha vigilancia de las autoridades contra las salidas de capital significó que el proceso tomara mucho más tiempo de lo que se esperaba originalmente. Eso se debe a que, de acuerdo con las leyes chinas, estos inversores, liderados por Sequoia Capital China, tuvieron que crear una empresa nacional en China continental para comprar las acciones de Qihoo a los inversionistas extranjeros. La posterior transferencia de dinero para los titulares en el extranjero requirió la autorización de Pekín, algo que se llevó mucho más tiempo del esperado.

Apenas hace poco más de un año que se dio la sorpresiva depreciación de 1.9 por ciento del yuan y la caída adicional de 4.3 por ciento en su paridad frente al dólar. En la actualidad se mantiene un delicado acto de equilibrio de permitir que la moneda caiga lentamente, para evitar que aumenten enormes fugas de capital. En julio se dio una vez más una aceleración de las salidas netas de capital, aunque no tan graves como las de enero o las de hace un año.

Mientras tanto, más allá de la intervención de las autoridades para moderar las salidas, cambiaron las bases para determinar el valor de la moneda china.

En particular, China está a punto de pasar de ser una economía donde los precios siguen cayendo, a una donde se espera que disminuya la deflación a casi nada. Eso es un cambio drástico a lo que ocurría los últimos 50 meses, cuando la deflación no solo arrastró los precios en China, sino en casi todo el mundo, gracias a las exportaciones de productos manufacturados cada vez más baratos, así como a la caída de los precios de las materias primas.

El fin de la deflación es “el acontecimiento más positivo para China”, dice Haibin Zhu, jefe economista para China de JP Morgan.

Las consecuencias se sentirán tanto en China como en todo el mundo. La deflación fue particularmente severa en los precios al productor, un reflejo del perpetuo exceso de oferta en muchos sectores de la economía, sobre todo en los que dominan las empresas de propiedad estatal. Por lo tanto, en el último mes, los precios a los productores cayeron 1.7 por ciento año con año en comparación con 2.6 por ciento en junio. Pero sobre una base mensual, en realidad subieron 0.2 por ciento, liderados por los precios de los metales, gracias a la continua inversión en infraestructura y en bienes raíces. Para finales de julio, el país ya estaba en camino de cumplir con sus objetivos de reducir la producción de acero y carbón, según una investigación de ANZ. Una menor producción industrial y una menor inversión es exactamente lo que requiere China continental.

Si las expectativas de los analistas de que la deflación está a punto de terminar son ciertas, la carga real de la deuda será más ligera, lo que ofrecerá un poco de alivio a las empresas con demasiada deuda, y eliminará la nube más grande que cubre al país, la preocupación de que el crecimiento de deuda es insostenible y es inevitable una crisis financiera. También le quita presión al Banco Popular de China para recortar las tasas de interés y las relaciones de reservas bancarias en un momento en que muchos temen que la política monetaria es demasiado estricta; sin embargo, el banco central teme que la disminución de las tasas provoque más salidas.

“El costo real de los préstamos se redujo de manera significativa para las empresas chinas”, agrega Zhu. “El año pasado fue de entre 7 y 8 por ciento, pero podría caer por debajo de 2 por ciento en términos reales”. Por otra parte, después de una tendencia para una falta de utilidades el año pasado, Zhu espera que el panorama de las utilidades sea mucho más brillante para 2016.

Otras fuerzas también ayudan a las empresas chinas a lidiar con sus deudas. Incluso si el banco central no reduce las tasas, los bancos están bajo la presión de la competencia del mercado interno de bonos que representa una alternativa cada vez más atractiva para los préstamos.

“Los bonos chinos superaron el desempeño de los bonos de Estados Unidos en términos de dólares desde 2014, y China es el único país en la canasta de los derechos especiales de giro (SDR, por su sigla en inglés) cuyos bonos pagan rendimientos nominales y reales positivos”, señala Jan Dehn, director de investigación de Ashmore Group en Londres.

Para estar seguros, la inflación siempre es una espada de doble filo. Si se eleva demasiado, los inversionistas pueden exigir mayores rendimientos sobre los valores para compensar, y el yuan puede caer, lo que llevará a otra ronda más severa de salidas de capital. Pero Japón, un país inmerso en la deflación, muestra los peligros de la situación. En este momento los hogares chinos, a diferencia de sus contrapartes en Japón, generalmente pueden obtener rendimientos positivos sobre sus inversiones en el mercado de bonos de gobierno, lo que le da un apoyo al consumo.

Esa no es una forma artificial para elevar el crecimiento como en 2009, que llevó a que las materias primas llegaran a niveles insostenibles a escala mundial. Y sin duda es probable que China esté a muchos años de ser un refugio seguro global. Pero al menos ya no parece un sumidero inminente.

1.9%

Caída que tuvo el yuan hace un año.

4.3%

Pérdida que presentó la moneda china en su paridad frente al dólar hace un año.

1.7%

Disminución de los precios de los productores en el último mes con respecto al mismo periodo del año pasado.

2.6%

Incremento de los productos en julio con respecto al mes anterior.