Felizmente en vías de desarrollo

La política económica debe considerar la satisfacción personal de los habitantes y no sólo el crecimiento económico. 
Mariano Rojas
Mariano Rojas (Desarrollo Económico)

La utilidad de indicadores como el crecimiento económico y el ingreso per cápita no son buenos indicadores para medir el bienestar de las personas. En 1968, el político Robert F. Kennedy se refirió a las limitaciones que el Producto Interno Bruto tiene como indicador del progreso social. “El Producto Nacional Bruto no permite medir la salud de nuestros hijos, la calidad de su educación o la alegría de su juego (...) Tampoco mide ni nuestra inteligencia ni nuestro valor, ni nuestra sabiduría ni nuestro aprendizaje, ni nuestra compasión ni nuestra devoción a nuestro país; en definitiva, mide todo, salvo aquello por lo que vale la pena vivir”.

Recientemente, los funcionarios públicos se han dado cuenta de que su tablero de indicadores no necesariamente significa que las personas estén conformes con la forma en que marcha el país ni que se beneficien de las políticas y las reformas aplicadas en el nombre del bienestar. En resumen, un país no puede considerarse como desarrollado si sus habitantes son infelices.

Durante las últimas décadas, economistas, sociólogos y psicólogos sociales han propuesto un enfoque alternativo para identificar el bienestar subjetivo, el cual consiste preguntar directamente al sujeto qué tan satisfecho está con su vida, cuál es su situación afectiva y cómo evalúa su situación de vida. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ahora recomienda medir el bienestar subjetivo a las oficinas de estadística de los países miembro. En julio de 2011, la Asamblea General de la ONU adoptó por unanimidad la resolución titulada “La felicidad: hacia un enfoque holístico del desarrollo” en la cual invita a los Estados miembro a implementar políticas públicas tomando en cuenta la felicidad. En México, el INEGI ya mide la felicidad de los mexicanos. En 2012 se aplicó, de manera experimental, la encuesta de bienestar auto-reportado y la Fundación Imagina México A.C., realizó estudios sobre la felicidad de los mexicanos.

Hoy sabemos que, en general, la mayoría de los mexicanos son felices. Más de la mitad está altamente satisfecho con su vida, aproximadamente un 30% está algo satisfecho, y menos de un 10% está insatisfechos. Sin embargo, hay gran dispersión dentro del país; por ejemplo, más de 75% de las personas que viven en los municipios de Apodaca, Lerdo, Guadalupe, León, Guanajuato y La Paz están altamente satisfechas con su vida. Por su parte, más de 75% de los habitantes de Cuautla, Jiutepec y Chilpancingo están insatisfechos. Sabemos también que las relaciones familiares son muy importantes para el bienestar de los mexicanos así como la buena salud. Hay problemas serios en la disponibilidad de tiempo libre y en su uso gratificante, así como una alta insatisfacción económica.

Cambiar de paradigma en la concepción del desarrollo permite diseñar mejores políticas públicas y estrategias de desarrollo, de forma que, con los mismos recursos, se logre un mayor impacto en el bienestar individual. Así, una estrategia de crecimiento económico que genere deterioros en la disponibilidad de tiempo libre o en la disponibilidad de tiempo para las relaciones de pareja y de familia en general no contribuye al desarrollo; de igual forma, una estrategia que genere crecimiento económico pero que cause deterioro a la salud física y mental de las personas y de su satisfacción laboral tampoco es una estrategia de desarrollo.

Mariano Rojas es profesor de economía en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, sede México, y en la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla. Es doctor en economía por la Ohio State University y miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel III. Actualmente coordina la iniciativa "Midiendo el progreso de las sociedades: Una perspectiva desde México”.