Arquitectos de exportación

El título en arquitectura que se obtiene una universidad mexicana ahora es válido también en Estados Unidos y Canadá, pero con algunos límites.

Las asociaciones de arquitectos de Estados Unidos, Canadá y México, lograron un acuerdo en diciembre para permitir que estos profesionistas puedan trabajar indistintamente en estos países; sin embargo, todavía falta camino por recorrer para que esto sea una realidad.

Tras cerca de 10 años de negociaciones, la Canadian Architectural Licensing Authorities de Canadá, la National Council of Architectural Registration Boards de Estados Unidos y la Federación de Colegios de Arquitectos de la República Mexicana (FCARM) llegaron a un acuerdo trinacional que permite a estos profesionistas trabajar en cualquiera de estos tres países.

Así, el Acuerdo Trinacional de Reconocimiento Mutuo para la Práctica Internacional de la Arquitectura señala que, con la obtención de la respectiva acreditación de su título en su nación de origen y otros requisitos, como el manejo del idioma del país en el que se quiere trabajar, estos profesionales podrían laborar indistintamente en Estados Unidos, Canadá y México.

Hasta ahora, la forma más sencilla en la que los talentos mexicanos han llevado a cabo proyectos en Estados Unidos y Canadá ha sido a través de la colaboración con despachos ya establecidos en estos países, los cuales cuentan ya con las certificaciones necesarias.

“Después de varios años de estar definiendo los criterios sobre los cuales los arquitectos podían trabajar en Estados Unidos y Canadá, llegamos a un programa piloto, y ya hay varios mexicanos que tienen su licencia para laborar en estos países”, explica José Luis Cortés, presidente del Colegio de Arquitectos de la Ciudad de México y catedrático de la Universidad Iberoamericana.

Desde hace dos décadas, a partir de la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), en el que participan México, Estados Unidos y Canadá, este gremio ha trabajado para fortalecer los vínculos de colaboración y llevar a Norteamérica, y al mundo, la arquitectura mexicana.

De acuerdo con información de la FCARM, este acuerdo puede beneficiar a más de 20 mil arquitectos que se encuentran agremiados en alguno de los 73 colegios de arquitectos del país, del cual ha concluido el programa piloto, por lo que actualmente, tanto la Canadian Architectural Licensing Authorities de Canadá y la National Council of Architectural Registration Boards de Estados Unidos, reconocerán los títulos de los arquitectos obtenidos en México, así como la FCARM reconocerá los de estos países.

En México existen varios ejemplos de arquitectos que han tenido la oportunidad de exportar su talento, colaborando o encabezando proyectos en varios países, principalmente en Estados Unidos, donde la calidad de los arquitectos es reconocida. Aquí las voces de algunos de ellos.

La colaboración es la clave

Hasta ahora, para ingresar a los mercados norteamericanos, los arquitectos mexicanos han encontrado como estrategia clave generar alianzas estratégicas con despachos o empresas ya instituidas que les faciliten la gestión ante el gobierno y así conocer las regulaciones vigentes.

“Siempre trabajamos con un arquitecto de esos países: nosotros mandamos nuestro proyecto, el arquitecto local, lo revisa y nos hace sus comentarios porque quizá hay cosas que están fuera del reglamento local”, explica Francisco Hanhausen, director y fundador de Francisco Hanhausen Arquitectura y Diseño.

Él ha trabajado en Estados Unidos en diversos proyectos de diseños de interiores de casas particulares, como el de la familia Michan en Nueva York y Florida, o el de la familia Eskenazi, en Miami.

Es bajo este esquema de colaboración como los arquitectos mexicanos abren las fronteras y logran participar en grandes proyectos en Norteamérica y en otros países.

“Por ejemplo, nosotros vendimos la operación de Estados Unidos y generamos una alianza con Perkins + Will, que es el tercer despacho más grande del mundo, lo que nos simplifica muchísimo el trabajo porque, para cualquier cosa que se necesite, nos apoyamos en este equipo y viceversa”, señala Juan Carlos Baumgartner, socio director de la firma Space México y Latinoamérica, que fundó en Chicago.

A través de estas alianzas, los mexicanos tienen cada vez más espacios para mostrar su trabajo en otros países y aprender diferentes maneras de trabajar.

“La relación es buenísima, aprendemos mutuamente, ellos aprenden de nuestro ingenio y nosotros aprendemos de su orden; nosotros somos muy ingeniosos y ellos son muy ordenados”, destaca Hanhausen.

El proceso de certificación de un arquitecto o un despacho en Estados Unidos y Canadá resulta difícil, por lo que el esquema de colaboración con un despacho que ya cuente con todas las acreditaciones, resulta más conveniente.

“Es un proceso largo y hay que tener muchísima constancia y agallas para hacer más fácil el camino, toca hacer una sociedad”, afirma Francisco Elías, director general de Elías Arquitectura.

“Es una relación ganar-ganar, hacer asociaciones para ganar fuerzas, es mi modelo de negocio”, asegura.

Regulación y certificaciones

Aunque el tratado de colaboración hace que el título de Arquitectura emitido por cualquier universidad de los tres países que integran el TLCAN sea suficiente para firmar un proyecto, los arquitectos deben someterse a una certificación que otorgan las asociaciones locales.

Por esta razón, este modelo de asociación y alianzas estratégicas se vuelve más atractivo, principalmente en Estados Unidos, donde las regulaciones y el cumplimiento que exige el gobierno para la realización de proyectos es más estricta.

“Como Estados Unidos es un país muy grande, cada estado tiene sus propias consideraciones; por ejemplo, en Nueva York, los reglamentos y normas son muy estrictos”, indica Cortés.

Las oficinas de arquitectos en Estados Unidos suelen tener representaciones por estado, de manera que cada unidad tiene el conocimiento de la regulación local y están certificados en su localidad, lo que, a su vez, facilita el ingreso de los mexicanos.

“En Estados Unidos, para poder firmar los proyectos, tienes que pasar un examen por cada estado, porque las normativas son diferentes, esa es la complejidad: no es lo mismo hacerlos en Illinois que hacerlos en California”, explica Baumgartner.

Para los mexicanos, la regulación que tiene que cumplirse en Estados Unidos representa ventajas y desventajas; por un lado, considera buenas prácticas de esta actividad y es totalmente preventiva, aunque por el otro, consideran que se vuelve poco eficiente o es limitante.

“A mi parecer, hay un exceso de regulación, es la suma de experiencias que les han pasado, pero nosotros también tenemos fallas por no tener regulación”, reconoce Elías.

Colores y texturas

Así como Estados Unidos y Canadá se caracterizan por el orden y la claridad de sus reglamentos, los mexicanos aportan a esos países su toque creativo en la arquitectura.

“Nuestra arquitectura es más rica que en otros países por los materiales de construcción que utilizamos, por la mano de obra que es de gran calidad, por los espacios que se crean y por el manejo de interiores”, destaca Cortés.

Si bien hoy en día es difícil marcar un estilo que defina a la arquitectura mexicana, es precisamente el manejo del color y la textura lo que naturalmente distingue a los profesionistas nacionales.

“(En Norteamérica) tienen muy metido lo que es el color, les llama mucho la atención las múltiples variedades de texturas que manejamos en México, cosas más artesanales y no es que nuestro estilo sea muy mexicano; sin embargo, al hacer proyectos allá, también quieren que se respete esa parte del color y esa parte divertida”, destaca Hanhausen.

Juan Carlos Baumgartner afirma que la tendencia de la arquitectura es crear espacios cada vez más cosmopolitas, sin dejar de lado las características distintivas de lo mexicano, como el manejo de la luz y el color, frente a una arquitectura norteamericana que es más tímida y tradicional.

“Donde tenemos el reto es en no volvernos una caricatura de esta percepción de la arquitectura mexicana, sino lograr entender la versión contemporánea, actual y moderna de estos conceptos estéticos”, señala.

Un aspecto que sobresale en la creación mexicana es la atención al detalle, que se reconoce en Norteamérica y es el trabajo de las manos mexicanas, siendo los inmigrantes indocumentados los “responsables” de ello.

“De pronto te encuentras el otro México, los ‘mojados’; los que mejor hacen las cosas son la gente de Puebla y es la mano de obra más cara. Las obras más finas en Estados Unidos están hechas por manos mexicanas”, apunta Elías.

En busca del posicionamiento

A pesar de todo el trabajo que realizan los representantes mexicanos en Estados Unidos y Canadá, aún no se ha logrado posicionar en la mente de los norteamericanos la arquitectura nacional como un referente o en un alto nivel de preferencia.

“Es un mercado que tiene herramientas de branding y de marketing que no necesariamente estamos acostumbrados a saber cómo jugar”, reconoce Baumgartner.

Países como Francia o Italia han definido sus características arquitectónicas claramente, lo que ha permitido que se reconozca el estilo de estos países, lo que no ha sucedido en México.

“Estar en Estados Unidos es como estar en la capital del mundo, y todo el mundo quiere hacerla en Estados Unidos y van a ganar los que tienen más marketing, como los americanos o los italianos”, señala Elías.

Así, hasta hoy, el mercado norteamericano está abierto para los arquitectos mexicanos; sin embargo, la presencia se diluye y se reduce a casos aislados y personales.