Remedio contra accionistas oportunistas

Si la empresa sólo busca rentabilidad, los accionistas ganan pero trabajadores y sociedad pueden perder. Aquí algunas soluciones al actual modelo de gobierno corporativo.
Martín Wolf
Martín Wolf (Cortesía)

México

Casi nada en economía es más importante que reflexionar cómo deberían administrarse las empresas y con qué fines. Desafortunadamente, hemos hecho un desastre de esto.

Este desastre tiene un nombre: Y es “la maximización del valor para los accionistas”. Operar a las empresas de acuerdo con esta creencia no solamente lleva a una conducta indebida, también puede incidir en contra de su verdadero objetivo social, que debería de ser generar una mayor prosperidad.

No soy el primero en preocuparse por las sociedades anónimas. Adam Smith, el fundador de la economía moderna, centraba su preocupación en lo que llamamos el “problema del agente” - la dificultad de supervisar a la administración. Otros se quejan de que las empresas se comportan como psicópatas: cuando el objetivo de una empresa es maximizar el valor para los accionistas podria concluir que sería rentable - y quizás incluso su deber- contaminar el aire y el agua. También podría utilizar sus recursos para obstruir una apropiada regulación en respuesta para esta conducta (indebida).

El argumento económico para la maximización del valor para los accionistas es que, mientras todos los demás participantes están protegidos por contrato, los accionistas no lo están. Por lo tanto, ellos asumen el riesgo residual. Así que ellos necesitan controlar la compañía con el fin de alinear los intereses de la gerencia con los suyos. Solamente entonces ellos estarán preparados para hacer inversiones riesgosas.

Sin embargo, otras personas también están expuestas a los riesgos: los trabajadores; los proveedores; y, no menos, las jurisdicciones en donde operan las empresas. Por otra parte, los accionistas, a diferencia de los demás, pueden cubrir sus riesgos al diversificar sus portafolios pues un trabajador normalmente no puede trabajar para diferentes empresas al mismo tiempo.

Las empresas, dice el profesor Colin Mayer de la Escuela de Negocios Saïd, en Oxford, son un mecanismo para sostener los compromisos a largo plazo. Pero tales compromisos solamente funcionarán si es costoso actuar de manera oportunista, según afirma en su libro Firm Commitment.

Con un mercado activo bajo control corporativo, esos compromisos no pueden hacerse. Esto se debe a que, como dice el profesor Mayer: “La corporación es un vehículo para la extracción de dividendos para los accionistas de menor plazo”. Alinear las recompensas de administración con la rentabilidad de los accionistas refuerza el oportunismo.

En la práctica, muchas economías capitalistas mitigan los riesgos de la maximización del valor para los accionistas y el mercado con control corporativo. El profesor Mayer sostiene que “El defecto de los modelos económicos actuales de corporación es no reconocer su característica distintiva, el hecho de que es una entidad legalmente separada. La importancia de esto radica en que por lo tanto es capaz de sostener acuerdos diferentes a los que sus dueños, sus accionistas, pueden lograr”. Es, en otras palabras, en el interés de los accionistas no controlar completamente a las compañías. Necesitan poder atar sus manos.

La solución que sugiere el profesor Mayer es lo que él llama “una compañía de confianza”, una con valores explícitos y un consejo diseñado para supervisarlo. Justifica este cambio tan radical con su escepticismo por la viabilidad y efectividad de las regulaciones. Algo menos radical sería alentar a las empresas a considerar estructuras divergentes de control. Por ejemplo otorgar derecho de voto a los poseedores de acciones que solamente se puedan transferir después de varios años y no de horas. De esa manera, el control estaría casado con el compromiso. Uno podría también otorgar un control limitado de derechos a algunos trabajadores. Aunque esto no es admitir que siempre es preferible la propiedad comprometida a largo plazo. Por ejemplo, el control familiar, tiene tanto debilidades como fortalezas.

La forma correcta de abordar la gerencia corporativa es reconocer los enormes concesiones que hay que realizar cuando se administran estas instituciones complejas, vitales y longevas. Debemos permitir que florezcan muchos modelos distintos de gerencia corporativa. Pero el modelo académico canónico de las últimas décadas rara vez será el mejor.