México aumentará la producción de energía eólica

La energía eólica es, sin duda, una de las cartas fuertes del gobierno mexicano en el cumplimiento de sus compromisos internacionales para reducir sus emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI).
El “factor de planta” se refiere al porcentaje del día en que el viento sopla con la fuerza necesaria para mover los aerogeneradores y producir energía.
El “factor de planta” se refiere al porcentaje del día en que el viento sopla con la fuerza necesaria para mover los aerogeneradores y producir energía. (Shutterstock)

México

Para 2024, 35% de la energía producida y utilizada en México debe provenir de fuentes limpias. Hasta 15% podría generarse con el viento

La energía eólica es, sin duda, una de las cartas fuertes del gobierno mexicano en el cumplimiento de sus compromisos internacionales para reducir sus emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) vía la transición energética.

De entre todas, la energía eólica ha tenido un crecimiento de 25% entre 2000 y 2011 y, a través de la reforma energética y sus leyes secundarias lo permiten, podría aportar entre 8% y 15% del objetivo de mitigación de emisiones de CO2, según la AMDEE en su informe de 2012.

Y es que, aunque 2013 cerró con menos de 2 mil MW de capacidad instalada de generación eólica, México tiene un potencial de hasta 50 mil MW, y un factor de planta de entre 30% y 40%, el doble del que maneja Europa, señala Héctor Treviño, director ejecutivo de AMDEE.

El “factor de planta” se refiere al porcentaje del día en que el viento sopla con la fuerza necesaria para mover los aerogeneradores y producir energía. “Estamos en una zona muy agraciada, porque de los 50 mil MW que podríamos tener, como 20 mil tienen un factor de planta alto”, explica Treviño.

Sólo como ejemplo, el parque eólico La Venta I, en Oaxaca, que opera desde 1994, de 40% en promedio y con picos de más de 50%. Lo que significa que trabaja al máximo de su capacidad instalada la mitad de las horas del año, y parques como Santa Catarina, en Nuevo León, tienen vientos “pobres”, clase tres, con factores de planta de 26% promedio. Mientras España, que atiende más de 20% de su demanda con energía generada por el viento, tiene un factor de planta promedio de apenas 23%.

Como grupo, la AMDEE tiene el objetivo de llegar a 2020 con 12 mil MW instalados, y señalan que para que México cumpla su compromiso en 2024, la administración del presidente Enrique Peña Nieto deberá cerrar al menos con 7 mil 500 MW instalados y operando. “Es una meta ambiciosa, pero puede lograrse”.

Y es que, si bien la Asociación está comprometida con el desarrollo de parques eólicos, que requieren una inversión promedio de 2 millones de dólares por megawatt instalado, Treviño reconoce que “no podríamos afrontar también la inversión necesaria para distribuir esa energía eléctrica que generamos.

“Hoy la infraestructura para transportarla es un cuello de botella. Desafortunadamente el viento está donde está, no puedo moverlo. Debo aprovecharlo en donde pasa y ahí poner los parques, pero luego hay que moverla y llevarla a donde se necesita… En Tamaulipas y Nuevo León, por ejemplo, puede generarse, pero no hay infraestructura para evacuarla a los centros de consumo”.

En este sentido, la Reforma Energética apunta a la necesidad de que inversionistas particulares financien, a cuenta de la Nación, la instalación, mantenimiento, gestión, operación y ampliación de la infraestructura necesaria para prestar el servicio público de transmisión y distribución de energía eléctrica, apunta la consultora PWC en el estudio Reforma energética de México: Implicaciones y oportunidades en el sistema eléctrico nacional.

Más allá de las perspectivas de abastecimiento de energía limpia y el cumplimiento de los compromisos internacionales para combatir el calentamiento global, llegar a los 12 mil MW en 2020 que plantea la AMDEE significaría un importante crecimiento económico para el país, con un impacto estimado de 167 mil millones de pesos en el PIB (1.1%), y otros 31 mil millones de pesos asociados a la renta de terrenos y desarrollo de infraestructura de transmisión.

Asimismo, permitiría reducir hasta en 17% las importaciones diarias de gas natural hacia 2020, sin afectar los márgenes de reserva del Sistema Eléctrico Nacional y generar hasta 48 mil empleos directos e indirectos en los sectores involucrados, señala la Secretaría de Energía en su Prospectiva de Energías renovable 2012.

Si el viento sopla a favor, la energía procedente de fuentes renovables tiene un futuro promisorio en México, con posibilidades de crecer en los próximos 10 años el equivalente al 25% de la potencia eléctrica instalada hoy en día en todo el país. Este crecimiento vendrá principalmente de la energía eólica y solar.


De viento a electricidad

Los parques eólicos se desarrollan en tierras planas y altas, donde el viento corre a velocidades de entre 10 y 90 km/h. La tierra se renta, ya sea a particulares o a comisiones ejidales que además del alquiler, podrán seguir utilizando esas tierras como pastizales para su ganado e incluso para algunos cultivos.

Las rentas son a muy largo plazo y son de tres tipos: de reserva, mientras se elabora el proyecto; para construcción, que lleva entre 18 y 24 meses, y la de operación, que puede ser hasta por 30 años, pues es el tiempo de vida promedio de un parque eólico. Esto ha impulsado la economía de las regiones en las que se ubican estas plantas.

Una vez que los aerogeneradores convierten la energía eólica en cinética y a su vez en electricidad, está lista para ser transportada y distribuida a los consumidores finales. En México, las líneas de transmisión pertenecen y son operadas por la Comisión Federal de Electricidad, que es la encargada de mover la energía eléctrica que generan los parques eólicos a cambio de una tarifa diferenciada. Hasta hoy, toda la energía eléctrica de fuente eólica es vendida en su totalidad a empresas.

En cuanto al proyecto Energía Sierra Juárez, la mexicana IEnova producirá la energía y la venderá a su empresa hermana San Diego Gas & Electric, y será transportada de la frontera a los consumidores finales por el Southwest Powerlink, que corre de la subestación de Palo Verde/Hassayampa en Arizona hasta la subestación Miguel, en San Diego, California y pertenece a SDG&E, Arizona Públic Service Company y al Imperial Irrigation District.