Matthieu Pigasse “Le quito a los banqueros para darle a los países”

El director del banco Lazard en Francia y dueño del periódico Le Monde es un anti-materialista al que le gusta el rock punk y los reality shows.  
“El día que ya no estés enfadado, será porque estás envejeciendo y morirás”
“El día que ya no estés enfadado, será porque estás envejeciendo y morirás” (Cortesía Flickr Philippe Moreau Chevrolet)

Francia

Es un día frío y húmedo en París y espero a Matthieu Pigasse en el restaurante japonés Kinugawa. Pigasse es el director general de la subsidiaria francesa del banco de inversiones Lazard. También es negociador del gobierno francés, es un aficionado antimaterialista del punk y como co-propietario del periódico Le Monde y de otras publicaciones, un magnate de medios.

Le pregunto por qué escogió este lugar en lugar de uno de los sitios clásicos de París de “manteles blancos”, que es lo que uno esperaría para un encuentro con el jefe de un banco de inversiones con 160 años de antigüedad y socio de uno de los periódicos más prestigiosos de Francia.

“Soy ultra antiburgués”, me dice. “Y lo que tú describes es muy burgués, muy chapado a la antigua, de estilo viejo”.

“Y me gusta la comida japonesa porque es muy ligera. Me gusta porque luego de almorzar sigues con hambre y si tienes hambre sigues bajo presión. Y eso me gusta. ¿Conoces a Cioran?

“(Emil) Cioran fue un gran escritor francés (nacido en Rumania), quien dijo: ‘Sabes, me gusta Francia. Pero aquí siempre hablan de la comida y eso es una señal de un país en declive’. Él decía: ‘Estómago lleno… mente vacía’. Y yo eso es lo que creo”.

¿Francia es un país en declive? “No nos está yendo bien, es obvio. Es un país deprimido”, me dice, profiriendo la lista de problemas, desde la falta de crecimiento a la diluida competitividad y la “crisis en el liderazgo político” tanto en la derecha como en la izquierda.

Para Pigasse, una racha de problemas recientes en su periódico Le Monde, que él y dos inversionistas compraron en 2010, son síntoma del mayor problema del país. La editora Natalie Nougayrède renunció en mayo en medio de una revuelta de los editores más veteranos por los planes para inyectar recursos a su versión digital.  “No puedo evitar comparar lo que pasa en Le Monde con lo que pasa, a nivel más general, en Francia. Es difícil de administrar, de liderar, de que se adopte el cambio. Es una debilidad francesa. Tenemos que aceptar que el mundo está cambiando. Tenemos que cambiar”.

Luego me da por retar a Pigasse por su aseveración de que es un antiburgués, de que cómo puede ser de izquierda y antimaterialista y, al mismo tiempo, manejar un banco de inversiones y un periódico nacional, así como la revista musical Les Inrockuptibles. La más reciente adición a su portafolio es la casi ya negociada propiedad mayoritaria del semanario Le Nouvel Observateur.

Su carrera ha seguido el clásico camino del establishment francés. Estudió en la Ecole Nationale d’Administration, donde va la elite del país, y luego irrumpió en la política, al servicio de dos ministros de finanzas: primero como asesor del gabinete de Dominique Strauss-Kahn (1998-99) y luego como jefe de personal de Laurent Fabius (2000-2002).

Cuando el gobierno socialista perdió en las elecciones de 2002, llegó a los negocios y a los 32 se convirtió en el socio más joven en la historia de Lazard, ganando fama como asesor en la reestructuración de las deudas soberanas de Irak, Ecuador, Argentina, Chipre y Grecia, así como la fusión (de 40 mil millones de dólares) de Suez y Gaz de France (que ahora es GDF Suez).

La frase despectiva en Francia a alguien como Pigasse es gauche caviar, izquierdista de caviar, equivalente al “socialista de champaña”. Así que, le digo, eres un banquero, no Robin Hood, ¿verdad?

“Le quito a los banqueros para darle a los países”, responde. ¿De verdad?, le digo. “Claro”, refunfuña, muy serio ahora.

“Una parte importante de mi trabajo es aconsejar a gobiernos de todo el mundo en contra del establishment financiero. Cuando reestructuramos la deuda argentina entre 2004 y 2005, en Lazard le hicimos todo un recorte (casi como de barberos) a la deuda bancaria. De cierta forma, hablando en términos financieros, le estamos regresando algo a los países.

“Hasta para la empresas, como banquero, mi pelea es ayudar a que las firmas francesas sean más fuertes. Cuando aconsejamos a L’Oréal a recomprar acciones de Nestlé, creo que reforzamos la independencia de nuestro cliente”.

En 2010, Pigasse hizo equipo para salvar Le Monde con otros dos muy conocidos empresarios franceses: Xavier Niel, ex dueño de una sex-shop que ahora es un magnate de las telecomunicaciones; y Pierre Begnè. socio de negocios del fallecido Yves Saint Laurent. Esto enfureció al entonces presidente Nicolas Sarkozy. “Cuando compramos al grupo Le Monde, lo hicimos en contra del establishment. Tienes que recordar que entonces el presidente de la República estaba en nuestra contra”.

La conversación cambia hacia los temas pop: música, TV, videojuegos. Pasa unos 15 minutos hablando del reality estadounidense Keeping Up with the Kardashians. Le pregunto que cómo tiene tiempo para ser banquero, atender su emporio mediático y gratificarse con hobbies como los conciertos de rock y escribir libros (en el más reciente, Eloge de l’anormalité, o Elogio de la anormalidad, publicado en marzo, pide acciones para combatir el desempleo y la desigualdad).

Es aficionado a los videojuegos de Assasin’s Creed y cada uno toma unas 30 horas para completarse, o sea mucha dedicación. “Exactamente… No hay que dormir porque sino te mueres pronto. Yo duermo unas tres o cuatro horas cada noche. Trabajo hasta la 1 a.m. y luego hago algo diferente”.

Mucha gente en el mundo de la banca de inversión de París dice que Pigasse es rudo y arrogante. Le leo una de las citas que un rival me dijo off the record: “Los bancos no deben contratar a gente que se ama a sí misma más que al dinero”.

Responde indignado: “Creo que ese tipo se conoce muy bien, pues ama el dinero más que a nada, pero no me conoce a mí para nada”.

Pigasse no posee autos ni propiedades porque cree que eso es burgués. Y aunque pagó más de 100 mil dólares por una pieza de arte original del álbum London Calling, de The Clash, no es un coleccionista, por la misma razón.

“No creo en el materialismo. Nada dura. Y esa es la razón por la que uno no debería de dormir pues nada dura. Uno debería dormir tan poco como se pueda, y después salir a cambiar el mundo”.

Michael Stothard es corresponsal del FT en París.