Evasión fiscal, la maldición colonial de HSBC

Acusan al banco que entre 2005 y 2007 clientes retiraron “lotes” de dinero en efectivo sin pagar impuestos.
Sucursal de la institución en Londres.
Sucursal de la institución en Londres. (Suzanne Plunkett/Reuters)

Londres

¿Evasión fiscal? ¿En un banco privado suizo? ¡Qué sorpresa! HSBC admitió “fallas en el cumplimiento y control” en una sucursal suiza, después de las acusaciones de que la subsidiaria ayudó a extranjeros a evadir impuestos. Esta es la misión histórica de los bancos privados suizos. Sin embargo, hay un tema más sutil aquí: el del legado colonial, que es tanto una bendición como una maldición en el banco más grande de Reino Unido.

Un banquero privado suizo una vez escribió en un blog sobre su alivio al “cruzar la línea”. Trasladó la riqueza de un cliente británico a la tierra de los relojes cucú y las multiherramientas con la intención explícita de evitar pagar los impuestos en Reino Unido. Ese comportamiento se generalizó en su profesión hasta que las autoridades fiscales suizas empezaron a doblarse ante la presión internacional, a finales de la década pasada. Si los periodistas de investigación de Le Monde, The Guardian y la BBC agarraron a HSBC con las manos en la masa fue porque el banco produjo a un informante, Herve Falciani.

Lo que había de especial en la banca privada de HSBC entre 2005 y 2007, el periodo cuando los clientes supuestamente retiraron “lotes” de dinero en efectivo sin pagar impuestos, fue que pertenecía a una institución altamente federada. Las unidades nacionales eran manejadas por barones cuya ética era local y, por lo tanto, potencialmente flexible. Por ejemplo, en 2012 HSBC acordó pagar una multa de mil 900 mdd por lavar dinero, durante la primera década del presente siglo, de clientes entre los que las autoridades estadunidenses dijeron se encontraban cárteles mexicanos de la droga.

El Imperio Británico ofreció un vector para la expansión de HSBC después de que se estableció en Hong Kong en 1865. La federación fue una consecuencia de lentitud y poca confiabilidad de las comunicaciones. Persistió hasta la era de los correos electrónicos y Twitter porque se veía como una ventaja comercial. Pero un duro entorno de regulaciones después de la crisis hizo que fuera peligroso. Por esta razón, Stuart Gulliver impuso un mayor control central y comenzó a sacar a las sucursales de algunos países de dudosa reputación, tras convertirse en presidente ejecutivo en 2011.

Las franquicias que quedaron son robustas, pero existe la posibilidad de que las sacudan nuevas revelaciones de su historial de malas prácticas. Una rareza en el actual furor de HSBC es que no logró adelantarse a la publicación coordinada de denuncias esta mañana.

Por su parte, Lord Green, director ejecutivo y presidente durante buena parte de la pasada década, tiene preguntas que responder, como señala Margaret Hodge, miembro del Parlamento. Pero también lo deben hacer los miembros del Parlamento laboristas y los ministros de finanzas de esa época. Su actitud ante la evasión fiscal al principio fue permisiva, como la del policía en Casablanca que aparente sorprenderse cuando descubre que se practica el juego en su club nocturno favorito.