La economía francesa tiene bases sólidas

Este año se publicó el Estudio Económico de Francia, mismo que ayuda a identificar los factores de la recuperación de la confianza a corto plazo y a mejorar el desempeño económico y social
Angel Gurría. Secretario general de la OCDE
Angel Gurría. Secretario general de la OCDE (Foto: Cortesía )

Aunque Francia ha sido golpeada duramente por la crisis económica, también reveló los fuertes cimientos económicos del país. El costo del refinanciamiento de la deuda pública sigue siendo bajo, las pruebas de resistencia del Banco Central Europeo confirmaron la buena salud de su sistema bancario y la oferta de crédito no parece limitar la actividad económica.

Francia tiene fortalezas considerables: el país es líder en una serie de sectores con fuerte intensidad tecnológica, su estructura industrial es diversificada, y el nivel de educación de la población es alta, aunque desigual. Su sistema social, ambicioso por cierto, también ha ayudado a mantener la desigualdad en un nivel moderado en las últimas décadas, comparado con otros países de la OCDE.

El gobierno francés ha puesto en marcha una serie importante de reformas desde 2012 para fortalecer la economía. Tal es el caso del Crédito Tributario para la Competitividad y el Empleo (CICE), en el Pacto de responsabilidad y de solidaridad, en los esfuerzos de simplificación para las empresas, al fortalecimiento de la competencia en algunos sectores, a la reforma de la gestión de las metrópolis, a las medidas referentes a la formación profesional y al aprendizaje. El Proyecto de ley “Para el crecimiento, la actividad y la igualdad de oportunidades económicas” al igual que la reforma en curso del diálogo social, van en la dirección correcta.

Los obstáculos en el camino del crecimiento sostenido siguen siendo importantes.Sin embargo, Francia sigue enfrentándose a un reto fundamental de restablecer un ritmo de crecimiento sostenido.

Las perspectivas de crecimiento se han degradado progresivamente en treinta años. El crecimiento del PIB per cápita en Francia era de 0.9% en promedio desde 1990, significativamente menor a 1.3% en Alemania, 1.6% en Suecia y 1.7% en el Reino Unido. En 2015, el crecimiento económico francés debería alcanzar entre 1.1% y 1.7% en 2016, ligeramente mejor que lo que se esperaba el otoño pasado, gracias a los precios más bajos de energía y la reciente depreciación del euro. La tasa de desempleo es superior a 10% y se espera que pase justo por debajo de 10% en 2016 (9.9%). La tasa de desempleo de la población de 15-24 años alcanza hoy casi 24%. Mientras que 1.7 millones de personas entre 20 y 29 años, más de 21% de este grupo de edad, no están trabajando ni estudian ni están en capacitación (son los llamados NINI), una cifra significativamente mayor que la que hay en Alemania, con 13%, 9% en los Países Bajos, o 12% en Suecia.

Para mejorar esta situación, es necesario reducir aún más la dualidad del mercado laboral que pesa sobre los jóvenes y los más vulnerables. La reforma prevista por la Magistratura del trabajo es un paso importante, pero debe ir más allá mediante la reducción de la regulación del CDI (contrato indefinido) y la reducción de la cuña fiscal y social.

Importantes avances también deben realizarse para mejorar las habilidades de los recién entrantes en el mercado laboral y para los adultos. Los resultados de los franceses en el Programa para la Evaluación Internacional de las Competencias de los Adultos (PIAAC) son motivo de preocupación: 22% de los adultos tienen puntuaciones bajas en competencia lectora, y 28% en competencia matemática, contra 16% y 19% respectivos en promedio de los 24 países de la OCDE estudiados.

Una parte de la dificultad reside en el nivel de la formación inicial, y algunas reformas de la educación nacional ya están en curso para corregir la correlación entre la situación socioeconómica de los estudiantes y su rendimiento académico. La mejora de la eficiencia del sistema de educación continua, del aprendizaje así como el acceso para los más vulnerables, debe ser una prioridad.

Las reformas en curso van en la dirección correcta, pero proponemos también implementar un sistema de aseguramiento de la calidad de los organismos de formación; aclarar las responsabilidades de las partes interesadas y asegurar su capacidad para cumplir sus misiones, incluidas las regiones; y de desarrollar y mejorar el aprendizaje desde el principio de la educación secundaria.

En paralelo con las mejoras del mercado laboral, hay que fortalecer la competencia para aumentar la productividad, el empleo y el poder adquisitivo de los hogares. Destacan los esfuerzos de simplificación del gobierno y el proyecto de ley "Para el crecimiento, la actividad y la igualdad de oportunidades económicas". Pero es necesario ir más allá, analizando detalladamente las regulaciones existentes para reducir las barreras a la competencia, en particular, los negocios minoristas, profesiones reguladas y las industrias de red.

Por otro lado es necesario reducir el gasto público a mediano plazo. El gasto público ha llegado a 57% del PIB en 2014. Como resultado, Francia tiene el segundo nivel más alto de presión fiscal de la OCDE, a pesar de que la deuda pública se acerca a 100% del PIB. Es fundamental que el gasto disminuya, no sólo para garantizar la sostener las finanzas públicas, sino también para aliviar la carga tributaria, y por tanto, fortalecer los incentivos al trabajo, el espíritu empresarial, el ahorro y la inversión. También es esencial contener el gasto en salud, pensiones y seguro de desempleo, ya que una vez que la recuperación económica esté en marcha, una reforma de las prestaciones por desempleo, que aumentaría su reducción gradual en el tiempo, podría ahorrar dinero y aumentar la tasa de empleo. Esta reforma debe ir de la mano con la mejora de la eficacia de las políticas de apoyo hacia el empleo y de las ambiciosas reformas del mercado laboral.

Y es que el desempeño económico de Francia no está a la altura de su potencial. La dinámica de las reformas debe ser acelerada. La aplicación de esas reformas es una vasta propuesta, compleja y un desafío político laborioso. El diálogo social y la evaluación transparente de los resultados obtenidos son esenciales para facilitar su aprobación. Todos los actores deben estar involucrados y deben participar con mayor fuerza en el proyecto para el crecimiento sostenido que le da una oportunidad a todos, incluso a los más vulnerables.

La OCDE espera que Francia recupere su estatus de motor del crecimiento en Europa y en el mundo.También esperamos que la presidencia de este año de Francia en la COP21 también sea la de un gran paso adelante en la transición hacia economías de bajas emisiones de carbono en el mundo, y particularmente en Francia. El proyecto de ley sobre la transición energética para el crecimiento verde ofrece objetivos ambiciosos.

La OCDE se mantiene movilizada y atenta para seguir apoyando a Francia y acompaña al gobierno francés y a sus socios hacia el camino de políticas sobresalientes para una vida mejor.

*Traducción: Milenio. Consulte el texto original en www.oecd.org