Licitaciones petroleras: diez puntos a mejorar

Las opiniones sobre los resultados de la Ronda Uno han resultado extremos. Sin embargo, es una buena oportunidad para que México perfeccione los procesos de licitación
Jesús Reyes Heroles G.G. Presidente Ejecutivo de EnergeA
Jesús Reyes Heroles G.G. Presidente Ejecutivo de EnergeA (Foto: Cortesía)

Los resultados de la primera licitación de la Ronda Uno merecieron comentarios extremos. Para unos, el resultado fue un “desastre”. Para otros, se trató de un evento histórico con resultados mixtos, pues se asignaron pocos bloques pero se inició la apertura. Todos identifican enseñanzas de este proceso. Es tiempo de reflexionar sobre ellas.

Primera, no hay duda de las difíciles condiciones del mercado petrolero, pero no es cierto que estas hayan sido el factor determinante de la licitación, incluyendo el impacto de una creciente reincorporación de Irán al mercado. Por su naturaleza, las actividades petroleras son de “plazos largos” y las empresas están acostumbradas a decisiones con impacto en el mediano plazo y con incertidumbre.

Segunda, las áreas definidas por las autoridades fueron cuestionadas por su fragmentación, por extensiones relativamente chicas, y por su escasa materialidad, esto es, estructuras geológicas particulares, que prometen poco volumen de reservas explotables comercialmente, y con alto riesgo de fracaso.

Tercera, riesgos corporativos muy altos o ilimitados, pues el gobierno exigió responsabilidad solidaria de los socios al 100%, independientemente de su participación en el capital del consorcio. También planteó una garantía corporativa ilimitada. Esto inhibió la participación de empresas.

Cuarta, la rescisión administrativa y contractual sin indemnización. Hay argumentos razonables para que, en ciertos casos, de darse una rescisión, ésta fuera compensada con indemnización. Lo que no permiten los contratos actuales.

Quinta, la manera como se comunicó la participación mí- nima del Estado. Presentar una oferta en una licitación como esta implica una inversión cuantiosa, que acaba en un proceso sujeto al azar, pues la SHCP anuncia en el último minuto los parámetros fiscales mínimos. La alternativa es que la SHCP los anuncie antes, reduciendo incertidumbre y gastos a los participantes potenciales.

Sexta, flexibilidad limitada para asociaciones. Si bien las reglas se modificaron durante el proceso, perduraron restricciones, como que empresas grandes no se puedan asociar, y que licitantes individuales no puedan fusionarse para participar en un consorcio. Hubo modificaciones tardías, como permitir que las empresas pudieran presentar ofertas para todas las áreas. Séptima, perduró la restricción de que una empresa no puede asociarse con otras para participar en bloques distintos, producto del temor a que una gran empresa, como Pemex o Exxon, pudiera “quedarse” con todos los bloques, preocupación válida, pero mal resuelta.

Octava, anuncio tardío de que Pemex no participaría en la primera licitación por razones financieras y estratégicas, lo que pudo haber dicho desde el inicio del proceso.

Novena, el requisito de que el capital estuviera aportado y acreditado en el balance del participante, una gran dificultad para consorcios en los que parte del capital proviene de fondos de inversión.

Décima, un contexto internacional de aguda competencia por recursos, pues existen diversas opciones de inversión a nivel global.

Estos representan sólo algunos de los temas que autoridades, especialistas y participantes deben analizar y encontrarles solución para que las próximas licitaciones resulten más “exitosas”. Lo bueno es que se ha iniciado el proceso, que todo eso tiene solución, y que México está a tiempo para perfeccionarlo.