Un futuro sostenible

Tras la reforma energética, México está en búsqueda de multiplicadores económicos, sociales y ambientales
Mariana Silva. Especialista en finanzas del Instituto Internacional para el Desarrollo Sustentable (IISD), con base en Ginebra, Suiza
Mariana Silva. Especialista en finanzas del Instituto Internacional para el Desarrollo Sustentable (IISD), con base en Ginebra, Suiza (Foto: Cortesía )

México es uno de los productores de petróleo crudo y de gas natural más grandes del mundo (OECD, 2015) y ahora busca diversificar su abastecimiento energético y aumentar el porcentaje de energía eólica, geotérmica, hidroeléctrica, solar fotovoltaica, bioenergía y nuclear.

Los líderes nacionales se han comprometido a alcanzar fuertes objetivos en energías limpias para 2018, año para el cual han asegurado que 33% de la energía nacional provendrá de fuentes renovables. Para hacer frente a este compromiso se diseñaron reformas en el sector energético, a través de siete leyes secundarias, conocidas como “Paquete verde”, así como la Estrategia Nacional y la Ley General de Cambio Climático.

Para la reducción de costos para los usuarios finales, es necesario acelerar la adopción de tecnologías comerciales que permitan el aprovechamiento de una base energética más diversificada y permitan un impacto a la baja del precio energético. Para ello es necesario que los compromisos de contratación pública sean definidos y comunicados anticipadamente al mercado. De hacerlo así, el sector privado tendrá el horizonte de tiempo necesario para invertir en su capacidad instalada e innovación.

En materia de contrataciones, es importante que los compradores públicos entiendan el valor de las alianzas público-privadas como un instrumento para transmitir riegos al postor más apto en el consorcio, contrario a un modelo para acceder a “dinero fácil”.

Es fundamental que cada obra pública relacionada con la anunciada expansión de energías renovables tenga un análisis informado para determinar el esquema de financiamiento más adecuado, ya sea a través de una alianza público-privada o mediante la contratación pública tradicional, utilizando herramientas de “Valor del Dinero” para hacerlo más transparente.

Para apalancar el capital privado, la rentabilidad ajustada al riesgo de los proyectos de energías renovables tiene que ser atractiva. La mejora de la rentabilidad comienza con la reducción de riesgos para los inversores. En la iniciativa mundial de combustibles fósiles del Instituto Internacional de Desarrollo Sostenible (IIDS) se ha encontrado que la reducción a los combustibles fósiles es más un arte que una ciencia, no existe un esquema único, pero si hay una serie de etapas de planificación que son genéricas, junto con muchos problemas comunes de economías emergentes, desafíos y soluciones.

La guía publicada por el IIDS reúne la experiencia de los mercados internacionales que han iniciado una reforma en sus subsidios a los combustibles fósiles (GSI, 2012). Proporciona orientación sobre el ritmo de la reestructuración para evitar perturbaciones económicas abruptas, así como la identificación de buenas prácticas a través de tres elementos básicos: descubrir el precio justo; manejar los impactos, y fomentar el apoyo.