El modelo económico mexicano en hidrocarburos

La industria de hidrocarburos en México se encuentra dividida en dos mercados, que abarcan la exploración y producción, y los permisos que se otorguen de tratamiento y procesamiento de petróleo y gas
Ramsés Pech. Experto en industria de hidrocarburos, geotermia, energía y economía, actualmente se desempeña como asesor en proyectos de energía y economía tanto para la industria privada como gobiernos, socio del Grupo Caraiva y Asociados.
Ramsés Pech. Experto en industria de hidrocarburos, geotermia, energía y economía, actualmente se desempeña como asesor en proyectos de energía y economía tanto para la industria privada como gobiernos, socio del Grupo Caraiva y Asociados. (Foto: Cortesía )

La política energética en México fue basada por más de 75 años en las expectativas que Petróleos Mexicanos (PEMEX) otorgaba a la nación, ligando el dinero de las ventas a la Ley de Ingresos para su posterior distribución en el Presupuesto de Egresos. Dentro de esa visión, se privilegió la explotación de petróleo para la exportación, al presentarse ahí el mejor retorno de la inversión, y se dio menor prioridad a la exploración, infraestructura de superficie y transformación de la materia prima.

La reforma energética es un modelo económico para el crecimiento del país, basado en la reducción de la exposición del capital de la nación proveniente del Presupuesto de Egresos y asegurando la inversión directa nacional o extranjera. A su vez, las leyes secundarias y los reglamentos de dicha reforma son las bases de la planeación estratégica del mercado energético nacional.

Actualmente la industria de hidrocarburos en México está dividida en dos grandes mercados: el mercado de exploración y producción que solo está ubicado para la perforación, terminación, reparación y gerenciamiento de un área. Estos contratos solo serán firmados entre las empresas productivas del estado o privados (nacionales o internacionales) con la Comisión Nacional de Hidrocarburos.

El otro mercado es el de permisos en el que podrán realizarse las actividades de tratamiento refinación de petróleo, procesamiento de gas natural, exportación e importación de hidrocarburos y hetrolíferos, transporte almacenamiento, distribución, compresión, descompresión, licuefacción, regasificación, comercialización y expendio al público de hidrocarburos, petrolíferos o petroquímicos y la gestión de sistemas integrados.

Estos mercados no surgen por la política energética sino de la necesidad de poder contar con fuentes de flujo de efectivo, infraestructura y una relación continúa de rentabilidad basadas en necesidades no cubiertas; es decir no creamos oportunidades si no cubrimos insuficiencias.

La reforma energética no es un modelo político, es económico con un retraso de más de una década en su implementación, creado en momentos de relativa estabilidad en la geopolítica y en el precio del petróleo. Sin embargo, la reforma ahora es aplicada en un momento de cambios radicales en el mercado de hidrocarburos, con precios más bajos que se mantendrán por más de un lustro por debajo de los 70 dólares.

En México nos aislamos del mundo de hidrocarburos en un modelo cerrado y controlando, basado en extracción – exportación dando origen engastar, con base en ingresos que provienen de mercado especulativos como el del petróleo, sin invertir en transformar. Hoy el mundo cambia segundo a segundo con economías que sobreviven dependiendo de la adaptación rápida que tengan.

Es hora que en México crezcamos sin ataduras, que pasemos de una pubertad prolongada para convertirnos en un país que genere valor mundial, a donde la riqueza no la reparta, si no la transforme para desarrollarse basado en planificar planeando.