¿Cancún y la Riviera Maya deberían temblar por la nueva Cuba gringa?

La isla recibirá inversión de Estados Unidos y México necesitará una estrategia para la nueva competencia del Caribe.
Juan Pablo Becerra-Acosta M. Columnista y reportero de Asuntos Especiales para Grupo Milenio.
Juan Pablo Becerra-Acosta M. Columnista y reportero de Asuntos Especiales para Grupo Milenio.

Ocho segundos duró el izamiento de la bandera de EU en el asta de su embajada en La Habana el pa­sado 14 de agosto, 54 años después de que fue arriada. Esos segundos provocaron un calosfrío en México, ya que podrían representar el inicio de una fortísima sacudida para Cancún y la Riviera Maya. A partir de entonces, de ese fugaz instante diplomático junto al Malecón habanero, el sector turístico mexicano de Quin­tana Roo empezó a temblar.

Si no se fue así, si no se inmutó, si el empresaria­do de servicios de esa zona mexicana se mantiene impertérrito ante tal hecho histórico, ante la nor­malización cada vez más creciente de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, quizá debería sentar­se un largo rato para analizar las prospectivas acer­ca de la cascada de inversiones estadounidenses que se prevé llegue a la isla en los próximos meses y años.

Son los turistas de la costa este de Estados Unidos, cuyos padres y abuelos gozaron de La Habana de Fulgencio Batista, quienes podrían abandonar el Cari­be mexicano para volver a las raíces de sus ancestros. Eso sueñan los cubanos. Así me lo expresaron aquellos días en que volvió a ondear la bandera “yanqui”: “Chico, que Cancún se ponga a temblar”, me dijo a la sazón un pequeño empresario turístico cubano.

El sector turístico de su país, cada vez más activo y ansioso por expandirse, anhela la llegada de inver­siones gringas. No se trata nada más del sector tra­dicional de grandes hoteles hoy aprovechado por las cadenas hoteleras españolas. En La Habana hay cientos de personas que rentan atelieres, departa­mentos -con espectaculares vistas al mar junto al hermoso Malecón- y casas para uso de turistas, empresarios o perio­distas extranjeros. Suelen ser bellas o sobrias construcciones -antiguas o recientes-, de diferentes precios, de acuerdo al número de habitacio­nes que tengan y la ubicación. Hay desde 250 Cucs (la moneda con­vertible igualada al dólar) hasta mil ceucé (dólares) por noche. Cuentan con servicios de limpieza, televisión, aire acondicionado y teléfono local. Muchas tienen alberca. Están en los habaneros barrios de Mira­mar, el Vedado, La Lisa o La Coronela.

No pocos de estos inmuebles de cubanos son verdaderas mansio­nes construidas en gigantescos terrenos que pertenecieron a sus an­cestros burgueses (usualmente anticastristas), donde además ofrecen personalizados menús de comida cubana o internacional servida en amplios ranchones, palapas edificadas en grandes jardines rodeados de huertos. Ya han empezado a recibir ofertas para asociarse o vender sus propiedades a estadunidenses.

Otras personas han abierto los llamados paladares en distintas áreas de la ciudad, como sucede en la misma Habana Vieja, Patrimo­nio Mundial por la Unesco. Son pequeños y medianos restaurantes con comida casera -y no tan casera- cubana o internacional. Hay para todos los gustos y toda clase de billeteras, desde las mochileras hasta las ostentosas.

En Cuba hay 181 diferentes actividades privadas autorizadas por el Estado. Son los llamados cuentapropistas, miles de cubanos que han preferido buscar alternativas de desarrollo económico antes que resignarse a los sa­larios de los empleos oficiales: el pago promedio es de 455 pesos cubanos al mes, poco más de 18 dólares, unos 310 pesos mexicanos. Ahí hay una baratísima mano de obra que podrá ser aprovechada en los ho­teles y restaurantes de capital estadounidense que se espera arriben a la isla, o bien, beneficiarse ellos mismos, los cubanos, en sus “changarros” gracias a la derrama colateral que dejarán miles y miles de turistas de Estados Unidos.

Estos pequeños capitalistas de la todavía Cuba comunista representan un ejército laboral de más de medio millón de personas, más de 10% de la gente ocupada en el país, según cifras oficiales de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) de Cuba.

Esta modalidad de trabajo y de emprendedores, que fue legalizada en octubre de 2010, está formada, hasta mayo de este año, por 504,613 personas que han decido ser cuentapropistas, según un informe del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) dado a conocer el 12 de junio pasado por el diario oficial Juventud Rebelde. Los jóvenes, reacios al principio a convertirse en innovadores o en emplea­dos privados, cada vez son más: 156,605. Las muje­res, también, ya son 155,000. Entre ambos sectores representan 31% de los cuentapropistas.

Un prometedor oasis para los inversionistas estadunidenses. Una advertencia para el sector turístico mexicano de Cancún y la Riviera Maya: o se actualizan, modernizan, y capacitan bien a sus trabajado­res, o se las verán duras, muy duras contra el capital estadounidense que llegará a Cuba muy pronto. Piensen los años cuarenta y cincuen­ta que vivieron sus parientes.