La invasión japonesa en la tierra de la cajeta

En Guanajuato hay 345 empresas en la industria automotriz que generan 68,000 empleos directos y exportaciones de 15,200 mdd. Honda, Mazda y Toyota están ahí, y los japoneses entran y salen.

Martha Elizondo sonríe mientras mira el incesante entrar y salir de los trabajadores de la planta de Honda en Celaya, en el mero epicentro del Bajío donde desde hace dos años se gesta una transformación total y que lleva a esta ciudad guanajuatense a enarbolar la mejor definición de cambio de vocación industrial.

“Antes, en todas estas hectáreas, se cultivaban muchas hortalizas”, dice Elizondo, quien tiene un par de primos trabajando en la planta donde se ensambla el compacto Fit para el mercado norteamericano. “Nos ha tocado ver de todo”, comenta. “Desde parientes que se han ido a Estados Unidos de ilegales porque acá ya no había trabajo, a verlos resignados de regreso y medio contentos de tener chamba en las nuevas plantas del municipio. Ahora aquí trabaja mucha gente de aquí y extranjeros, sobre todo japoneses”.

Y por lo que se ve en la ciudad, hay trabajo hasta para “importar” a moradores de municipios cercanos, como Apaseo el Alto. No tanto de Apaseo el Grande, pues allí mismo se monta una planta para Toyota, pero sí de Villagrán o Moroleón, hasta de lugares más lejanos, como Morelia y Aguascalientes.

Según los encargados del foro Sapuraiya 2015, que reunió hace unos días a la industria automotriz que se congrega en esta región, debido al establecimiento de las plantas de Honda (Celaya), Mazda (Salamanca) y Toyota (Apaseo), a esta área que queda en medio de Querétaro y León (de suyo dos polos relevantes en diversas industrias), han llegado por lo menos otras 20 empresas proveedoras de las japonesas.

Son firmas de las llamadas Tier One (T1) o Tier Two (T2); es decir, proveedores de equipo, componentes y servicios de primera y segunda línea que se han integrado a las cadenas de producción, cumpliendo con la misión de crear empleos y de contribuir a la directiva de contenido de origen en cada automóvil ensamblado aquí.

La revolución automotriz es tal que la llegada de proveedores de primera línea ha crecido en 1,000%, dice Fidel Otake Harada, presidente del Clúster Automotriz de Guanajuato. Antes de que a Salamanca se le conociera como SalaMazda, en esta región del Bajío sólo había 10 firmas T1. Ahora, hay por lo menos 100, más 70 que son T2.

Una revisión a los nombres de las firmas que conforman la industria automotriz guanajuatense da rúbrica de su origen y confirma por qué, en localidades como la región Laja-Bajío, la llegada de profesionistas japoneses ha generado en sí una mini industria de servicios dedicados.

Según la firma especializada en bienes raíces industriales Citius Capital, al estado de Guanajuato han llegado empresas como Hino Global, Honda, Hirotec, Mazda, Denso, Akebono Brake, Yorozu, Yachiyo, Tiger Poly, Omron, Nishikawa Cooper, Matsumoto, THK, Toyota, Ashimori, U-Shin y Y-Tec.

Con ello, expertos como Steve Colanttuoni, vicepresidente de Marketing de Tecma, una firma de servicios para empresas de manufactura global y local, no dudan en afirmar que las empresas japonesas han hecho de Guanajuato su centro de operaciones.

Sin embargo, no sólo son japonesas las firmas que se han establecido en la región (hay estadunidenses con proyectos fuertes como Gentherm, que dará trabajo de manera inicial a 1,500 personas y que contratará, en su mayoría, a mujeres.

¿Qué es lo que mueve a estas empresas a esta parte del país? La oficina de promoción económica de Celaya, conocida como Invest in Celaya, lo traza de manera muy clara: el Bajío es el nuevo centro industrial del país y Celaya es el corazón del Bajío. En un radio de no más de tres horas y media se tiene acceso a más de 80% del mercado mexicano y más de 70% de la base instalada industrial.

Además de las firmas ya establecidas aquí, la dirección de Fomento Económico de Celaya dice que hay otras 63 de diversos sectores y de Estados Unidos, Japón, China y España que alistan 750 millones de dólares para abrir plantas y crear hasta 8,000 empleos.

No echan raíz

A pesar de que hay una gran expectativa por la llegada de una ola de ciudadanos japoneses, la presencia de profesionales del país del lejano oriente no ha provocado crear una “pequeña Japón” o un barrio tokiota.

Según datos del Instituto Nacional de Migración, en el estado hay unos 5,000 japoneses residentes. Muchos de ellos son estudiantes, otros tienen doble nacionalidad, muchos son inversionistas y otros tantos profesionistas que han llegado con las empresas niponas.

A Celaya, uno de los epicentros industriales detonados por las armadoras de autos japonesas, se considera que han llegado unos 3,000 ciudadanos japoneses. Sin embargo, la mayoría de ellos viene por algún tiempo y se va. La presencia total en determinado momento, puede sumar entre 900 y 2,500, cuando mucho.

Eso sí, de acuerdo con el INM, en todo el estado de Guanajuato en el periodo que va de enero a junio, 641 personas procedentes de Japón tramitaron su estancia legal en el estado. Es la segunda comunidad extranjera en esta situación, luego de la estadunidense, que en el mismo periodo suma 743 ciudadanos que quieren legalizarse en el estado. Muy detrás, hay 130 cubanos, 123 colombianos, 106 españoles y 101 canadienses, más otra docena de nacionalidades.

Lo cierto es que la ubicuidad de los japoneses en Celaya es notoria. “Llevamos una vida tranquila, casi nada se parece a lo que dejé en Matsue, en la prefectura de Shimane”, dice Mitsuyo Maeda, mientras bebe un café en el Starbucks de la avenida Adolfo López Mateos.

“Me llama la atención que llamemos mucho la atención, pues esta es la tercera vez que un periodista quiere platicar conmigo”.

Maeda no quiso decir en qué empresa labora pues dice que no tiene permiso de sus jefes para platicar. Se limita a decir que él es de los pocos nipones en Celaya que se anima a andar por todas partes sin poner mucha atención a las sugerencias (y a veces órdenes) de seguridad.

Mientras saborea un capuchino venti (“en Japón no lo tomo de este enorme tama- ño”), lee un ejemplar del Bajío Shimbun, un periódico dirigido a la comunidad japonesa, editado por unos emprendedores de León y que trae textos en inglés y japonés.

Más que el impacto de sus 3,000 ejemplares mensuales impresos, el Bajío Shimbun quiere explotar las facilidades de las redes sociales para crear un sentido de comunidad. Su editora en jefe es Verónica Plazola, una mexicana con parientes japoneses que dise- ñó un modelo de negocios basado en la publicidad.

Además del periódico, a ciudades como Celaya han llegado iniciativas que se han visto primero en la Ciudad de México, como el restaurante Mikasa, que atiende a sus comensales, casi siempre solo japoneses, en pequeñas tandas que le permiten sus 34 lugares.

Pero son los flamantes centros comerciales que están surgiendo en la ciudad donde se ven más extranjeros, japoneses, sobre todo. “Nos dicen que muchos estadunidenses y canadienses van a comprar al Costco o al Sam’s pero para nosotros no hay mucho negocio que nos llame la atención por estar dedicado a nuestra comunidad”, dice Nozomi Ikematsu, una experta en recursos humanos para el sector automotriz.

Con información de Tomás Salido.