Escocia: el bello estilo de la costa oeste

Era temprano en la mañana cuando nuestro ferry se aproximó a Outer Hebrides, el sol todavía no desbarataba los últimos suspiros de la niebla marina y más de cien delfines jugueteaban por todos lados.

Escocia

Atracamos en Stornoway, donde compramos provisiones y tomamos camino hacia el sur, a Harris. Atravesamos páramos desolados, y los caminos que tomamos en las laderas de las montañas nos dejaban ver destellos de mar hacia abajo y águilas doradas hacia arriba. Lo único que rompía el hechizo de todo este esplendor natural eran las casas que pasábamos de vez en cuando y que no eran unas bonitas cabañas de piedra antiguas sino bungalows del siglo XX.

Aunque este escenario es muy parecido al de Devon, Cornwall, del Lake District, y de otros hermosos lugares del Reino Unido, este lugar tiene la ventaja de ofrecer una gran cantidad de casas en renta: cabañas con techo de paja, granjas, graneros remodelados, casas solariegas, faros y mucho más. En Hebrides las opciones se quedan cortas, debido al legado de las Highland Clearances (la expulsión de los gaélicos de las Tierras Altas en el siglo 18) que hicieron que esta región fuera una de las menos habitadas de Europa. Los que se quedaron siguieron viviendo como lo habían hecho durante siglos en "casas negras": edificios largos y angostos con techos de paja y paredes de grandes piedras, y en las que los animales vivían de un lado y las personas del otro. A fines del siglo XIX, dejaron las casa negras y se mudaron a "casas blancas", sencillas y funcionales, de un piso y con paredes blancas, chimeneas y ventanas pequeñas. Los techos eran de pizarra o de lámina corrugada.

Finalmente descendimos de las alturas rocosas a las arenas blancas y puras de la playa desértica de Luskentyre que se extendía frente a nosotros. Allí, sobre una loma y dominando el paisaje, estaba el que sería nuestro hogar por una semana, una casa diferente a las del resto de la isla. Fir Chlis, cerca del pueblo de Seilebost, es súper moderna. Es el resultado del ADN local, que cambió poco después de siglos de aislamiento, y que de repente se mezcla con influencias nuevas de lugares muy lejanos.

"Queríamos ver si podíamos construir una casa de playa estilo australiano en una playa escocesa", dice Rob McKinnon, el dueño. Su familia vivió en Sydney y admiraba su cultura de este tipo de casas. "Buscábamos lograr una sensación de informalidad y hacer algo más contemporáneo pero al mismo tiempo respetar la herencia del lugar".

El resultado es una estructura con ventanas panorámicas que permiten sacarle jugo a las vistas desde la playa hasta la isla de Taransay. Las dos ventanas están en el piso de abajo, junto a cuarto de almacenaje para secar los trajes de baño y almacenar los juguetes de playa.

Tanto la vida dentro de la casa, como el observar las puestas de sol en una silla colgante de la terraza, se parece muy poco a lo que sucede en las pequeñas casas blancas. Pero por fuera, el edificio mantiene una forma tradicional, algo parecida a la de algunas granjas cercanas, y el techo es de algún tipo de metal corrugado. Las persianas de madera oscura cubren la terraza y el porche y ayudan a mantener la línea sencilla y limpia del edificio. El arquitecto, Euan Millar, dice que el proyecto se "mueve hacia un apropiado moderno vernáculo". Su trabajo, y los proyectos de la arquitecta Mary Arnold-Foster, ayudaron a definir la nueva estética Hebridean. Algunos edificios, como Blue Reef Cottage y Borve Lodge en Harris se parecen a las casas negras, y están hechas con techos de hierba y paredes de piedra. Otros son adaptaciones de las casas blancas, largas y angostas con techos inclinados y el característico aspecto "recortado", sin bordes, drenaje expuesto o detalles innecesarios. Un tercer grupo está inspirado en las granjas, y utilizan revestimientos de madera o metal y tienen techos sencillos.

Los estilos pueden variar pero todos utilizan vidrio moderno a prueba del clima en sus grandes ventanas, o tienen paredes de cristal. En "La Cabaña", una casa para vacacionar que se construyó en 2012 en Duisdealmor en el sur de Skye, una ventana entera está hecha de páneles deslizables de cristal, y el resto del edificio es casi invisible ya que lo construyeron dentro de la ladera de una montaña y está escondido bajo un techo de hierba. Sus ocupantes pueden ver hacia arriba en Sound of Sleat, y mirar a los que juegan en la estructura del techo.

Al parecer este movimiento sigue creciendo. Ya hay tantos arquitectos en Hebrides y en las Highlands, que su ceremonia bienal de entrega de premios es seguida muy de cerca por las ceilidh (fiesta tradicional irlandesa y escocesa de danza y música), y además muchos de los que han vacacionado en las nuevas casa sueñan con tener la suya. Las casas blancas son tan populares que ya tienen subsidiarias que ofrecen planes de inversión en la región, en otras partes del Reino Unido y en lugares tan lejanos como Sudáfrica. Más que ser un área rural que importa ideas del extranjero, las islas Hebrides exportan inspiración, cada vez en mayor medida.