Escándalo por préstamo quita brillo a reformas de Bachelet

El caso es un impulso para la alianza opositora de derecha, que ya lo denomina "Nueragate".
Señalan al primogénito de Bachelet de dar 10.4 mdd a la pequeña empresa de su esposa.
Señalan al primogénito de Bachelet de dar 10.4 mdd a la pequeña empresa de su esposa. (Iván Alvarado/Reuters)

Buenos Aires

Michelle Bachelet, la presidenta de Chile, regresó al poder en 2013 gracias a las promesas de luchar contra la desigualdad y poner fin a los arraigados privilegios que disfruta la tradicional élite del país.

Así que la credibilidad de su gobierno recibió un fuerte golpe cuando a principios de este mes acusaron a Sebastián Dávalos, el hijo mayor de esta madre soltera, de usar su influencia para conseguir un préstamo bancario. El alboroto que siguió fue tal que la semana pasada tuvo que renunciar como director de la fundación de caridad que normalmente dirige la primera dama de Chile.

Al lamentarse de ese “momento amargo”, Dávalos admitió que el escándalo puede “dañar” no solo al gobierno, sino a la presidenta, cuya popularidad cae a niveles mínimos en medio de la desaceleración económica como consecuencia de los menores precios del cobre, la principal exportación de Chile.

Está en juego el ambicioso programa de reformas de Bachelet que se enfocan en luchar contra la desigualdad, que se mantiene muy alta a pesar del extraordinario crecimiento económico de las últimas décadas. Los elementos más polémicos de su agenda, especialmente en educación, ya los diluyó la facción moderada de la coalición de centroizquierda, cuyo apoyo es necesario para impulsar las nuevas leyes en el Congreso.

“Con el escándalo los moderados probablemente adquieran más fuerza, por lo que Bachelet no podrá conducir legítimamente la coalición más hacia la izquierda”, dice Patricio Navia, politólogo de la Universidad de Nueva York. “La familia de Bachelet utilizó el mismo tipo de acceso privilegiado contra el que hacía campaña”, explica.

Para muchos chilenos, que Dávalos pudiera asegurar un préstamo del Banco de Chile de 10.4 mdd para la pequeña empresa de su esposa, después de reunirse con su vicepresidente, Andrónico Luksic —quien es uno de los hombres más ricos de Chile y cuya familia controla el banco— es un ejemplo claro del alcance de los privilegios en el país. El préstamo se aprobó un día después de que Bachelet ganó las elecciones presidenciales.

El escándalo es de gran ayuda para la alianza opositora de derecha en Chile, que se abalanzó en lo que denominó el Nueragate. No solo la oposición se tambalea todavía después de que la coalición de Bachelet la aplastó en las elecciones presidenciales de 2013, también lo hace después de un enorme escándalo que la golpeó por el financiamiento de campañas.

Pero Navia añade: “La verdadera oposición para Bachelet no es la alianza de derecha, sino los demócratas cristianos en el Senado”.

Dice que el grupo más moderado de la coalición gobernante pudo asegurar que las reformas de Bachelet sean “mucho menos radicales de lo que prometió”.

De hecho, con su cómoda mayoría en el Congreso, la oposición no es capaz de impedir que la coalición Nueva Mayoría apruebe por mayoría aplastante importantes reformas. El año pasado fue aprobada una reforma fiscal que le permitirá al Estado recolectar 8 mil millones de dólares adicionales, principalmente de las empresas, mientras que las reformas educativas, que se encuentran en el centro de la agenda de Bachelet, están cerca de su aprobación.

Ahora, las empresas en particular tienen sus ojos puestos en las controvertidas reformas laborales, que se deben debatir este año. Los críticos dicen que los cambios propuestos simplemente aumentarán el poder de los sindicatos, que solo representan a alrededor de 15 por ciento de los trabajadores. Lejos de mejorar el empleo y la productividad, las reformas aumentan el riesgo de que haya conflictos laborales, dicen.

“Será muy difícil hacer las reformas que el gobierno intenta sin que se generen problemas y cierta incertidumbre”, dice José de Gregorio, ex gobernador del banco central. Pero aunque el gobierno busca calmar los temores de los inversionistas, en especial por la reforma fiscal, “hoy en día muchas de esas dudas se disiparon”, insiste.

El optimismo de Gregorio lo comparten instituciones de Wall Street como Standard and Poor’s y JPMorgan, que afirmaron recientemente que la economía empieza a cambiar. JPMorgan aumentó el pronóstico de crecimiento para 2015, de 2.3 por ciento a 2.7 por ciento, ya que la caída de los precios del petróleo ayuda a compensar el descenso en los del cobre, después de crecer 1.8 por ciento el año pasado.

Sin embargo, Felipe Larraín, ministro de Hacienda en el gobierno anterior de Sebastián Piñera, señala que la economía sufrió un “fuerte estancamiento” después de tener un promedio de crecimiento de 5.3 por ciento de 2010 a 2013.

“En ese escenario tan complicado, la reforma laboral es solo una cosa más. Con la reforma fiscal todo va en la misma dirección”, dice, y argumenta que el aumento en el costo del empleo y la producción actúa como un desincentivo para la inversión, que cayó en los últimos seis trimestres consecutivos.

“Creo que Chile puede hacerlo mucho mejor”, dice.