Elogio a las investigaciones más absurdas en economía

Los premios que parodian al más prestigioso del mundo reúnen una colección de trabajos que hacen reír, pero tambíen pensar.
La ceremonia de los Ig Nobel es totalmente lo opuesto al serio protocolo que se vive con el Premio Nobel.
La ceremonia de los Ig Nobel es totalmente lo opuesto al serio protocolo que se vive con el Premio Nobel. (Brian Snyder/Reuters)

Las felicitaciones están a la orden para Oliver Hart y Bengt Holmstrom, ganadores del Premio Nobel de Economía. A pesar de que la economía no es un Premio Nobel en pleno derecho, ya lo ganaron algunos espléndidos científicos sociales a lo largo de los años, incluyendo una serie de personas que no son economistas en lo absoluto, desde Herbert Simon y John Nash hasta Daniel Kahneman y Elinor Ostrom.

Sin embargo, esta semana me gustaría hablar de otro premio. El premio Ig Nobel de economía. Los premios Ig Nobel son un asunto enormemente absurdo: ya se otorgaron al estudio de los pasos de dinosaurio que implicó amarrar palos con peso a las gallinas (premio de biología); para el estudio de los pies olorosos (medicina) o para averiguar por qué las cortinas de baño se doblan hacia el interior cuando te tomas una ducha (física).

Pero uno de los encantos de los Ig Nobel es que una investigación ridícula en realidad puede decirnos algo acerca de nuestro mundo. David Dunning y Justin Kruger recibieron el premio Ig Nobel en psicología por su descubrimiento de que la gente incompetente pocas veces se da cuenta de que es incompetente: el efecto Dunning-Kruger ahora se cita ampliamente.

Dorian Raymer y Douglas Smith ganaron un Ig Nobel de física por su descubrimiento de que el cabello y las cuerdas tienen la tendencia a enredarse, posiblemente una importante línea de investigación para comprender la estructura del ADN.

Más conocido, al Ig Nobel de física de Andre Geim, por hacer levitar una rana viva, le siguió de inmediato un premio Nobel sobre el mismo tema por el descubrimiento del grafeno.

Una curiosidad simpática acerca del mundo es algo que se debe alentar. No debe de extrañar que el credo de los premios Ig Nobel es que deben hacer reír, deben hacer pensar. Fue lo que hizo el comité Ig Nobel en 2001, cuando otorgó el premio de economía a Joel Slemrod y Wojciech Kopczuk, quienes demostraron que la gente tratará de posponer su propia muerte para evitar los impuestos de las herencias. Esto destaca un importante punto acerca del poder de los incentivos, y desde entonces el patrón se descubrió en todas partes.

Por lo tanto, la mayoría de los premios Ig Nobel de economía provocan un poco más que una risa áspera. Se le otorgó a Nick Leeson y Barings Bank, Kaputhing Bank de Islandia, AIG, Lehman Brothes y más. El primer premio de economía se otorgó a Michael Milken, uno de los inventores de los bonos basura. Estaba en prisión en ese momento.

Es justo. Aún así, ¿seguramente hay algo en la economía que es absurdo en la superficie pero que por debajo lleva a la reflexión? (Toda disciplina, dicen... Muy gracioso).

¿Dónde está el premio para Dean Karlan y Chris Udry? Estos dos audaces profesores de Yale que querían averiguar si la falta de acceso a los seguros de las cosechas fue perjudicial para la productividad agrícola de Ghana, así que crearon una compañía de seguros, le vendieron seguros a los agricultores de Ghana, y accidentalmente se metieron en un problema de medio millón de dólares si no llovía en Ghana. (Final feliz: llovió. Además, los seguros para las cosechas son muy útiles).

Los psicólogos Bernhard Borges, Dan Goldstein, Andreas Ortmann y Gerd Gigerenzer encontraron que pueden construir una cartera de acciones que supere al mercado al parar personas en las esquinas de la calle, mostrar una lista de nombres de empresas, y preguntar cuál reconocían. ¿Sin duda un Ig Nobel en finanzas?

Otro psicólogo, Dan Ariely, ya compartió un premio Ig Nobel de medicina en 2008 por demostrar que los placebos caros funcionan mejor que los placebos baratos. En una investigación reciente con Emir Kamenica y Drazen Prelec, que se describe en Payoff, el próximo libro de Ariely, éste le pagó a personas para que construyeran robots de Lego. El objetivo era examinar la naturaleza del lugar de trabajo moderno al desmantelar el Lego frente a los ojos de los sujetos, para ver si eso los puede desalentar. Un Ig Nobel en administración.

Richard Thaler merece un Ig Nobel en economía por Anomalies, su columna de largo tiempo, en donde le plantea a sus colegas economistas una serie de preguntas que parecen sencillas, pero que para la economía son muy difíciles de responder. ¿Por qué los bancos de inversión pagan altos salarios incluso a las recepcionistas? ¿Por qué las personas pagan de más en las subastas? ¿Por qué la gente a menudo es amable con los demás? Si el comité del Ig Nobel quiere repetir el truco de Andre Geim debe darse prisa: Thaler bien puede ganar el Nobel de economía antes de conseguir un Ig Nobel.

Pero mi candidato preferido para un Ig Nobel en economía es Thomas Thwaites. Hace unos años se impuso la aparentemente sencilla tarea de replicar desde cero una tostadora barata Argos (precio de venta: 3.99 libras). Fundió hierro en un microondas, trató de producir plástico con fécula de papa y, en general, hizo un enorme desastre. Su tostadora costó mil 187.54 libras, parecía un pastel de cumpleaños con un desastroso glaseado y se fundió cuando la conectó. Lo consideró “un éxito parcial”.

El proyecto de la tostadora de Thwaites por lo tanto nos dice más acerca de la brillantez y la abrumadora complejidad de la economía global interconectada de lo que puede decir cualquier libro de texto. Es uno de los favoritos para el Ig Nobel de economía. Sin embargo, sorprendentemente, el comité de los premios Ig Nobel le otorgó este año el premio de biología en su lugar después de que trató de vivir vestido como cabra. ¡Qué tonto!

Doblete

Andre Geim ganó el Ig Nobel por hacer levitar una rana viva y un año después ganó el Nobel por el descubrimiento del grafeno.

Muerte

Joel Slemrod y Wojciech Kopczuk demostraron que la gente trata de no morir para evitar impuestos a las herencias.

Agridulce

Michael Milken, uno de los inventores de los bonos basura, obtuvo el Ig Nobel en ausencia, porque se encontraba en prisión