"Dinero soberano", apuesta de Islandia a quiebras de bancos

Es el mayor experimento monetario desde que el presidente Richard Nixon abandonó los últimos vestigios del patrón del oro.
La corona es la moneda de Islandia.
La corona es la moneda de Islandia. (Shutterstock)

Money, It’s a gas/Grab that cash with both hands and make a stash (El dinero, es divertidísimo / toma ese dinero con las dos manos y guárdalo).

Roger Waters dio una buena definición del dinero en el álbum clásico de Pink Floyd Dark Side of the Moon (El lado oscuro de la luna). Aún así, vale la pena investigar con más profundidad mientras el debate posterior a la crisis sobre la estructura del sistema financiero se calienta de nuevo, esta vez desde una de las mayores víctimas de la crisis: Islandia.

Un informe que encargó el primer ministro islandés recomendó abandonar el actual sistema bancario y pasar al “dinero soberano”.

Parece improbable que los residentes de Reikiavik se embarquen pronto en el mayor experimento monetario desde que el presidente Richard Nixon abandonó los últimos vestigios del patrón del oro. Pero el reporte es parte del resurgimiento del debate sobre el dinero y la banca después de la quiebra de Lehman en 2008.

La discusión es fascinante, y es vital para el futuro, no solo de la banca, sino también del ahorro y la inversión. Aunque en muchos aspectos, es simplemente volver al debate que se mantuvo en todo el siglo XIX.

En el fondo es una cuestión de la naturaleza del dinero. Los que piensan que el dinero se define por decreto del gobierno como algo que se usa para comprar cosas —“nuevo coche, caviar, una ilusión de cuatro estrellas”, en el caso de Pink Floyd— quieren proteger el sistema de transacción de los estragos de las quiebras bancarias.

La propuesta islandesa puede crear “cuentas de transacción” para pagos, con cuentas totalmente respaldadas por el dinero del banco central. Alternativas como “limitación bancaria” requieren reservas de 100 por ciento en las cuentas corrientes; Gran Bretaña hace pasos a medias a esto a través de la delimitación de la banca minorista. En la década de 1840 los economistas de la escuela de moneda impulsaron fuertemente este enfoque, y lograron que fuera una obligación la emisión de notas bancarias para mantener completas las reservas de oro que las garantizaran.

Otro uso del dinero es como depósito de valor (también es una unidad de contabilidad). Este papel se dividió en la propuesta islandesa, con ahorros fuera de cuentas transacción ya no disponibles para pagos, y bloqueados en vencimientos específicos que llegan hasta los 45 días.

El objetivo de todas las ideas de reforma es eliminar la necesidad de que el gobierno respalde a los bancos en quiebra, proteger los sistemas de pago como un servicio público.

Hay dos grandes problemas con la idea. Los ahorradores quieren una trinidad imposible de seguridad, liquidez y rendimiento, y el sistema siempre encontrará formas para intentar satisfacer ese deseo.

El sistema actual de reservas bancarias fraccionadas satisface el deseo la mayor parte del tiempo. Los bancos prometen a los depositantes que pueden tener acceso a su dinero, una ilusión que funciona siempre y cuando la mayoría no lo intente. Cada préstamo bancario nuevo crea un depósito que concuerda con él, con una diferencia en los vencimientos, un desfase solo se convierte en un problema si hay una retirada masiva. Mientras tanto, los depósitos a corto plazo se transforman en préstamos a largo plazo que pueden, en principio, ser más útiles para la economía.

La naturaleza humana, al ser lo que es, a los ahorradores se les engaña para que crean que los depósitos bancarios son un lugar totalmente seguro para que guarden su dinero. Esta es la razón por la que los gobiernos terminan proporcionando rescates financieros.

Así que el primer problema con cualquier sistema que le deja en claro los riesgos que toman a los depositantes es que pueden optar por no tomarlos. Las reservas bancarias fraccionadas crean grandes dificultades cuando salen mal; se compensa cuando salen bien; ofrece financiamiento a largo plazo más barato del que los depositantes podrían estar dispuestos a ofrecer.

El segundo problema es que las finanzas constantemente encuentran nuevas formas de brincar las reglas del gobierno para satisfacer los deseos de los inversionistas. En el siglo XIX las restricciones de crédito llevaron a letras de cambio que circulaban como si fuera dinero.

En la primera década del 2000, los fondos del mercado del dinero se volvieron muy parecidos a los bancos. En 2007 quedaron atrapados de la misma forma cuando resultó que sus promesas de un día para otro eran, en algunos casos, apoyadas por créditos estructurados subprime de largo plazo. Al igual que con los bancos, el gobierno de Estados Unidos tuvo que intervenir con un rescate.

El crédito desenfrenado siempre crea problemas. Pero son los ahorradores, no los gobiernos, quienes deciden lo que están dispuestos a aceptar como una reserva de valor. La reforma bancaria puede ayudar en el corto plazo, pero la historia sugiere que los inversionistas y ahorradores siempre se dejarán llevar, y los gobiernos y reguladores por lo general no ven las señales de problemas hasta que es demasiado tarde.

Por ahora los inversionistas deben ser cautelosos. Las reformas probablemente no lleguen tan lejos como algunos quieren, pero el apoyo del gobierno se reduce. Los islandeses ya descubrieron que los depósitos en realidad son una forma de crédito, vulnerables a las pérdidas. Si los reformistas se salen con la suya, los ahorradores en todos lados volverán a descubrir el riesgo del crédito también.

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Años de que Richard Nixon, como presidente de EU, terminó con el patrón oro; en agosto de 1971 dio la orden ejecutiva

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Días de plazo límite que propone el proyecto islandés con ahorros fuera de cuentas de transacción