Cuidado con las caídas de los mercados emergentes

Es variado el número de horrores que acechan y puede significar para los inversionistas noches de insomnio.
La desaceleración en China, una de las preocupaciones.
La desaceleración en China, una de las preocupaciones. (Sheng Li/Reuters)

La expansión económica mundial está tan avanzada que al inicio de 2016 la comunidad de inversiones se muestra comprensiblemente nerviosa acerca de la gran variedad de riesgos que existen. Geopolíticos, ataques cibernéticos, inflación, deuda excesiva, deflación… en este momento no hay una escasez en el número de horrores que hay al acecho y que le pueden dar a los inversionistas profesionales noches de insomnio. Sin lugar a dudas, las cosas van a pasar, como pudo haber dicho Donald Rumsfeld, ex secretario de Defensa de Estados Unidos. Sin embargo, me interesaba ver en la última revisión anual los posibles resbalones de la banca que el Centro de Estudios de Innovación Financiera considera que podrían tener los banqueros y otros. En el estudio de 52 países lo que encuentran más preocupante es relativamente trivial: la posibilidad de que no se logre la recuperación económica.

Una de las cosas interesantes sobre la preocupación es el tamaño que tiene en los mercados emergentes. A pesar de sufrir de una desaceleración prolongada, los mercados emergentes todavía llegaron a representar 60 por ciento del crecimiento global entre 2010 y 2014 y su participación en el producto interno bruto mundial el año pasado fue de más de 57 por ciento, con una medición de la paridad del poder de compra internacional. En 2015 y 2016 el Fondo Monetario Internacional espera que los mercados emergentes crezcan al doble de velocidad que los países avanzados, a pesar de las dificultades que muchos de ellos enfrentan.

Para hacer una proyección convincente del crecimiento global es necesario estar por encima de los mercados emergentes, y para hacer una proyección verosímil de la expansión de éstos debes de estar por encima de China, porque representa una gran parte de la economía mundial. Allí se encuentran las mayores interrogantes, no solo para el crecimiento, sino para la estabilidad financiera del mundo desarrollado. Como los eventos de la semana pasada nos recordaron, los desarrollos de mercado en China llegan al resto de nosotros. Un suave reequilibrio y una desaceleración de la economía china es un requisito previo para una expansión estable continua en todas partes.

Si bien la capacidad de China para poner en una situación desfavorable a los mercados mundiales no se debe desestimar, no estoy convencido de que vaya a provocar que vacile en grande la expansión global. Cuando los responsables de las políticas en Pekín enfrentaron una desaceleración más grande de la esperada el año pasado frenaron su entusiasmo por darle un nuevo equilibrio a la economía alejada de la inversión excesiva hacia el consumo interno y regresaron a sus viejas costumbres. La inversión del gobierno local en infraestructura y propiedades aumentó de nuevo, al igual que inversiones en industrias básicas no rentables. La política monetaria también se flexibilizó, con buenos resultados en el corto plazo, pero a su debido tiempo, habrá un aumento en el costo de mayores malas asignaciones de recursos. Y ahora hay un costo para las economías avanzadas porque la inversión en las industrias globales ya sufre de un exceso de capacidad, lo que va a deprimir los ingresos y, por lo tanto, va a desalentar la inversión.

En cuanto al resto del mundo en desarrollo, no solamente sufre por la desaceleración de China. El Instituto de Finanzas Internacionales, un club de bancos globales, señala que hay un cambio secular hacia los servicios (en el que China participa) con un costo para la manufactura. La participación de los servicios en las economías de los mercados emergentes aumentó de 45 por ciento a finales de la década de 1990 a 53 por ciento en la actualidad, lo que va a contribuir a la desaceleración en el crecimiento potencial, especialmente entre los exportadores de materias primas.

Para los inversionistas, por supuesto habrá un tiempo de regresar a los mercados emergentes que sufrieron una salida de capitales con valor de un billón de dólares durante el último año. La baja popularidad sugiere oportunidad. Sin embargo, como se señaló antes, los mercados emergentes no son un grupo homogéneo. Mucho menos los llamados BRICS. Brasil está inmerso en una agitación política y una profunda recesión; se crucificó a Rusia con el desplome de los precios del petróleo; China intenta hacer una transición económica extremadamente difícil; la India está en crecimiento. Nunca habían tenido tan poco en común.

Dentro del universo de los mercados emergentes, a países como la India y México les va bien. Sin embargo, el mercado lo sabe. Otra verdad incómoda es que gran parte de la evidencia académica muestra que no hay una correlación entre las tasas de crecimiento de los países y los rendimientos de los mercados de valores. La forma de beneficiarse con los mercados emergentes es elegir donde las valoraciones son bajas. Sin duda algunas personas ganarán dinero por Sudáfrica, Turquía y Rusia en su debido momento. Pero otros pueden perder primero una fortuna. El arte de llegar en un momento oportuno a esos mercados lo tienen pocos.

Para regresar al punto de partida, mi preocupación por los mercados este año se relaciona más con el riesgo geopolítico que con los obstáculos puramente económicos, Pero después de una inestable primera semana del año es probable que se exagere el pesimismo.