Crece temor ante primeros ataques de Trump a la OMC

“Beneficia a todos, menos a nosotros; perdemos casi la totalidad de demandas”, se queja el presidente de EU.
El presidente de EU busca en el árbitro comercial global su mayor trofeo.
El presidente de EU busca en el árbitro comercial global su mayor trofeo. (Ruben Sprich/ Reuters)

Las fiestas de cumpleaños para los tratados internacionales nunca son asuntos ruidosos. Pero cuando los antiguos negociantes de comercio se reunieron en el pabellón del edificio Ronald Reagan de Washington en una tarde reciente para celebrar el 70 aniversario del Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés) —el documento de 1947 que todavía es la guía del comercio internacional— el estado de ánimo era definitivamente sentimental.

“Esto se siente más como un velorio que como una fiesta de cumpleaños”, se quejó un veterano negociador de comercio después de escuchar a una procesión de oradores exaltar las virtudes del GATT y advertir sobre una inminente ola proteccionista. La razón, no tuvo que agregar, se encontraba a unas cuadras de la Casa Blanca.

Un año después de la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, el populista magnate inmobiliario cumplía con su promesa de sacudir el sistema internacional.

Visto desde Washington, el futuro del comercio global ahora parece ser predominantemente acerca de hacer pedazos su glorioso pasado. Poco después de asumir la presidencia en enero, Trump sacó a EU de la Asociación Transpacífico, un ambicioso pacto con Japón y otras 10 economías en el que su predecesor, Barack Obama, trabajó mucho para negociar como una respuesta estratégica al ascenso de China.

Demandó una renegociación tanto del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC) de 23 años de antigüedad, y de un acuerdo de 2012 con Corea del Sur con el que se busca ayudar a consolidar una de las relaciones estratégicas más delicadas e importantes de Washington en Asia.

Dejó en claro que cualquier socio de comercio con el que EU tiene un déficit comercial, comenzando con China, debe esperar una dura discusión sobre cómo lograr un comercio más equilibrado.

Pero Trump también señaló que va a buscar un trofeo aún más grande: la Organización Mundial del Comercio (OMC), que como sucesor del GATT desde la década de 1990, actúa como el árbitro comercial global. “La OMC se creó para beneficiar a todos menos a nosotros... se aprovecharon de este país como no podrían creerlo”, dijo Trump a Fox Business en una entrevista reciente. “Perdemos las demandas, casi todas las demandas en la OMC”.

El punto de vista de Trump no se basa en los datos, señalan los expertos. Estados Unidos ganó más de 90 por ciento de las disputas que llevó a Ginebra, aunque perdió casi el mismo número de las que presentaron en su contra. Si bien lo frustra el proceso de consenso en la toma de decisiones de la institución, que requiere que todos los 164 miembros lleguen a un acuerdo para que ocurra cualquier cosa, también tiene una capacidad poco común para darle forma al debate en la OMC como un miembro dominante.

Pero esos hechos le importan poco a una administración que toma como excusa la elección de Trump —con el respaldo de una campaña contra la inmigración y en contra del comercio que le dio los suficientes votos del Rust Belt (el Cinturón del Óxido, la franja industrial de EU) para llevarlo a la presidencia— para presentar las quejas de Estados Unidos.