Costa Rica selvática

El país centroamericano tiene fama de ser muy cordial pero cerca de la frontera sur, el entorno se vuelve completamente salvaje.

Costa Rica

Suele decirse que Costa Rica es un país domesticado, el favorito de los expatriados, la versión centroamericana de Suiza. Así es que, llevé a mi familia hacia las zonas con menor desarrollo, hacia el sureste de la costa del Pacífico, con la idea de encontrar bosques tropicales vírgenes y playas desiertas.

Cerca del 5% del total de la biodiversidad de la tierra está en Costa Rica. A diferencia de los que sucede en los bosques de otros lugares que limpian los terrenos con la tala, la minería y la ganadería, Costa Rica se ha enfocado en la protección y en los refugios ecológicos.

La naturaleza es el gancho publicitario y el propósito de los hoteles ecológicos es, por supuesto, llevar a la gente a la naturaleza. Visitamos tres para descubrir qué tan salvaje puede ser este rincón de América Latina.

Tiskita Jungle Lodge es uno de los refugios más viejos ya que hace 40 años Peter y Lisbeth Aspinall lo convirtieron en su hogar. Peter planeaba tener un huerto de frutas exóticas pero al no usar fertilizantes no podía comercializar. Así es que la propiedad se convirtió en un “hostal selvático”. Puede alojar hasta 25 personas, en cabañas rústicas con muelles que permiten admirar la selva y el trepidante mar también.

Costa Rica tiene una enorme diversidad animal. Pero no soy un buen observador. Cuando miré la lista enmicada de especies en el hostal asumí que no vería a todos. Pero sí los vi. Y en el primer día.

Hay cuatro especies de monos locales y a los dos días ya los habíamos visto todos. Hay tucanes, macacos escarlata, muchos halcones, búhos, mariposas Morpho gigantes, arañas tejedoras, arañas saltarinas, arañas lobo… de cualquier tipo, aquí uno puede ver todas.

Trepamos a la catarata de más de 15 metros que se encuentra en la propiedad, nadamos en la piscina que forma su caída, montamos caballos y vimos un perezoso. Surfeamos ecerca del adormilado pueblo de Pavones y nos mecimos en las hamacas rodeados por la selva.

En otro extremo se encuentra la península de Osa, que posee la mayor porción de bosques tropicales de América Central, en gran parte protegidos dentro del Parque Nacional Corcovado. El Lapa Rios Ecolodge se encuentra cerca de la costa, en territorio elevado. Fundado por una pareja de Minnesota, le da trabajo a gente local, tiene su propia escuela y 16 bungalows con palapas en una cresta. Tiene todo lo que uno quiere: las habitaciones son grandes y espaciosas; están a mitad de la selva y ofrecen vistas al mar gracias a los huecos entre los árboles.

La comida es buena y uno se siente como en la versión de lujo de la “familia Robinson suiza”, con mallas y redes ofreciendo protección contra los mosquitos. Aquí uno se siente apartado de la selva a pesar de estar en medio de ella. Sus senderos están bien cuidados, sus miradores bien barridos… Los miembros del staff andan por todos lados con sus walkie-talkies ofreciendo paseos guiados.

Sin embargo, hay que cuidar donde se pisa. Durante nuestro primer paseo nocturno, vimos dos serpientes terciopelo, enroscadas, con sus cabezas amartilladas, sin moverse debajo de un arbusto y a la luz de una antorcha. Hay un animal que casi nunca se ve. Hay jaguares por aquí pero sus números son raquíticos porque los depredadores cazan su alimento principal, el jabalí salvaje. Esto provoca que los jaguares ataquen el ganado, por lo que los granjeros les disparan.

Nos movemos hacia el oeste a lo largo de la costa del Pacífico a las Kura Design Villas. Llegar aquí ya es surrealista: el camino es tan increíblemente empinado que cada metro se siente. Nos tardamos casi media hora en subir.

Con su música ambiental y diseño minimalista, Kura es una especie de terraza lounge de moda, con la diferencia de que se encuentra suspendido sobre la selva. Su diseño es para parejas: sillones lounge uno junto a otro; suites con camas gigantes y ventanas enormes; un comedor muy chic en donde el chef Julio Mora ofrece platillos de clase mundial. La piscina es una instalación de arte, con los colores del cielo que se reflejan en la claridad de la superficie. Este lugar no es para observadores de aves, aunque hay binoculares en todas las recámaras, tampoco lo es para una familia escandalosa que viene llegando de la selva. Pero para los lunamieleros que buscan una especie de Olimpo en la selva, este lugar es el mejor.  

Detalles

Henry Shukman fue invitado de Swiss Travel Costa Rica (swisstravelcr.com) que ofrece paquetes en todo el país. Estuvo en Tiskita Jungle Lodge (tiskita.com; 570 dólares por persona, con comida y paseos guiados incluídos), Lapa Rios Ecologe (laparios.com; desde 280 dólares por persona por noche incluidos alimentos y guías), Kura Design Vifllas (kuracostarica.com, villas para dos desde 420 dólares) y Xandari (xandari.com, dobles desde 195 dólares), a 7km del aeropuerto de San José.