Bancos envían carta contra las reglas de Basilea III

Un grupo protesta ante nuevas regulaciones que podrían encarecer los costos de los servicios en el mercado de valores.
Los bancos también advierten sobre perjudicar el funcionamiento de mercados de conversión de deuda de capital.
Los bancos también advierten sobre perjudicar el funcionamiento de mercados de conversión de deuda de capital. (Fabrice Coffrini/AFP)

Los bancos están en alerta por la propuesta de una regla global que los podría forzar a asegurar más sus reservas de capital, advirtiendo que esto podría afectar "severamente" sus ventas cortas así como otras transacciones relevantes en los mercados de valores.

Cabilderos de la industria le advirtieron al Comité de Basilea de Supervisión Bancaria que las reglas de liquidez propuestas podrían encarecer, hasta por cinco veces, las ventas cortas, siendo que los inversionistas esperan que bajen de precio.

La regla también podría encarecer las operaciones de conversión de deudas por acciones provistas por los bancos, según refiere una carta de la Asociación de Mercados Financieros Globales y del Instituto de Finanzas Internacionales, dos grupos de presión.

Si otras instituciones financieras, llamadas bancos en la sombra (shadow banks), no entran a llenar los huecos, los inversionistas se verán forzados a pagar más para especular con los movimientos del precio de las acciones.

Los bancos están en una campaña de último minuto para modificar el Coeficiente de Fondeo Estable Neto (NSFR), considerado el cimiento final de las reformas bancarias llamadas Basilea III que buscan evitar una crisis financiera como la de 2008.

Con el NSFR el Comité de Basilea pretende asegurar que los bancos mantengan un monto mínimo de reservas de capital de acuerdo con las características de sus activos. Esa medida, que busca evitar crisis de liquidez como el que ocasionó la caída del banco británico Northern Rock, y que podría entrar en efecto en 2018.

Le acompaña un Coeficiente de Cobertura de Liquidez (LCR) que asegura que los bancos tengan activos suficientes, como bonos gubernamentales, que puedan convertirse fácilmente en efectivo. En enero, los reguladores globales liberaron sus propuestas para el NSFR al que calificaron como un componente esencial de las reformas de Basilea III y cuyo objetivo es darle mayor solidez y resistencia a los bancos.

La carta de los bancos, enviada a Suiza al Comité de Basilea el viernes pasado, y que fue consultada por el Financial Times, dice que los bancos tienen "serias preocupaciones" por el trato de las acciones bajo el régimen del NSFR, añadiendo que dicho régimen podría "aumentar significativamente los costos de las transacciones en los diversos mercados de valores".

Y añade: "Al incrementar innecesariamente el costo del fondeo en el gasto de mediación de las instituciones bancarias en el mercado de valores, las nuevas propuestas del NSFR podrían arrastrar estas actividades al muy poco regulado sistema de bancos en la sombra, con lo cual se incrementaría el riesgo sistémico".

En la carta se pide que las llamadas "transacciones de préstamo bursátil" no sean clasificadas como préstamos por parte de los bancos bajo los preceptos de las nuevas reglas de financiamiento.

Los bancos también advierten que las reglas podrían perjudicar el funcionamiento de los mercados de conversión de deuda de capital y detonar el alza de los costos asociados a las inversiones en índices de valores.

"A los bancos les preocupa el estándar del NSFR porque le da el mismo trato a los activos y pasivos de largo plazo", dice Barney Reynolds, un socio de la firma legal Shearman & Sterling. "Esto podría dar como resultado un precio menos favorable para clientes en diferenciales de oferta/demanda o inclusive una actividad reducida en el sector. Derivado de ello, las colocaciones en corto, por ejemplo, podrían realizarse por medio de proveedores no bancarios en el sector de los bancos en la sombra".

Las quejas brotan en medio de una mayor preocupación en la industria respecto de las imposiciones regulatorias, lo cual crea un efecto escalofriante en la actividades financieras, así como en las ganancias de los mismos bancos.