El comercio, un aliado contra el cambio climático

El mundo de los negocios suele vincularse a las emisiones de carbono y si bien no se puede dejar de comerciar, esta actividad sí puede convertirse en una más amable con el medio ambiente.
 Roberto Azevêdo. Director General de la Organización Mundial del Comercio (OMC)
Roberto Azevêdo. Director General de la Organización Mundial del Comercio (OMC)

En diciembre de 2015 los dirigentes del mundo tuvie­ron la oportunidad de inaugurar una nueva era de cooperación multilateral en la esfera del cambio cli­mático. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, COP 21, marcó el inicio de una nueva era, pero es solo el principio. Generar impulso para hacer frente al cambio climático es un reto que concierne a todos. La comunidad internacional más amplia, incluida la OMC, debe desempeñar el papel que le corresponde en este empeño.

No será una tarea exenta de dificultades. Al igual que gran parte de las actividades económicas, el co­mercio suele vincularse a las emisiones de carbono, pero el mundo no puede dejar de comerciar, pues el comercio puede contribuir a lograr una mayor efi­ciencia en la producción, mejorar la seguridad ali­mentaria y ser uno de los instrumentos para luchar contra la pobreza. Además, ha desempeñado un papel crucial en la consecución del Objetivo de De­sarrollo del Milenio de reducir la pobreza a la mitad y es un elemento transversal de muchos de los nue­vos Objetivos de Desarrollo Sostenible convenidos en las Naciones Unidas en septiembre, de modo que esta labor va a continuar.

El reto no es dejar de comerciar, sino lograr que el comercio se convierta en un aliado en la lucha contra el cambio climático.

Han transcurrido algo más de 20 años desde que se firmó la Convención Marco de las Naciones Uni­das sobre el Cambio Climático en 1992, y hace exactamente 20 años que se creó la OMC. Desde entonces, se observa cierto grado de convergencia entre el comercio y el medio ambiente.

¿Cómo conseguir que las políticas comerciales cumplan el papel que les corresponde? Para empe­zar el debate puedo señalar dos elementos. En pri­mer lugar, debemos mejorar la difusión y el acceso a tecnologías, bienes y servicios respetuosos del clima que apuntalen la transición hacia una eco­nomía con bajas emisiones de carbono.

En algunos países, los aranceles de importación aplicados a productos como calentadores de agua solares exceden de 20% y, en el caso de las turbinas eólicas, de 15%, valores muy superiores al arancel promedio de 9%. Un grupo de Miembros de la OMC, que representa la mayor parte del comercio mundial de bienes ambientales, está negociando un Acuerdo sobre Bienes Ambientales precisamen­te para. Si la iniciativa da fruto, ayudaría a difundir tecnologías de punta, como las identificadas por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, a un costo mucho más bajo, y al mismo tiempo fomentaría la innovación y fortalecería la economía verde en todo el mundo.

En segundo lugar, podemos aumentar la eficiencia del comercio. El comercio se vincula a las emisiones de carbono, en particular en el contexto del transpor­te internacional; 80% del volumen del comercio se realiza por vía marítima, la modalidad de transporte con menor nivel de emisiones. Pero se puede hacer más. La Organización Marítima Internacional y la Organización de Aviación Civil Internacional traba­jan para encontrar una solución de alcance mundial al problema de las emisiones en los sectores marítimo y de la aviación.

También podemos contribuir positivamente au­mentando la eficiencia de los procesos y procedi­mientos comerciales. Por ejemplo, simplificando los trámites aduaneros para reducir algunas emisiones generadas por el transporte y disminuir las necesi­dades de energía para la conservación de los produc­tos perecederos antes de que crucen la frontera. Esto será posible gracias al Acuerdo sobre Facilitación del Comercio de la OMC. Además este Acuerdo contri­buirá al crecimiento de las empresas, incluidas las empresas verdes, al reducir los costos del comercio más de 14%, sobre todo en los países más pobres. Cada bien ambiental está vinculado a una densa ca­dena de valor en la que participan proveedores de otros bienes y servicios.

El comercio podría contribuir en muchos otros ámbitos, mediante el apoyo de nuevas iniciativas e ideas promovidas en otros foros de la comunidad internacional. El llamado del FMI y el Banco Mun­dial para fijar el precio del carbono es un ejemplo de las cuestiones que son complejas y merecen un examen más detenido.

La comunidad internacional afronta un reto his­tórico. Debemos asegurarnos de que los programas de comercio, desarrollo y medio ambiente se com­plementen entre sí. Confío en que seremos capaces de superar este reto.